Por: Mario Morales
No sorprende que un falso siquiatra haya engañado a Medicina legal durante 10 años. Ni siquiera por la habilidad del impostor o por la enfermedad mental que pueda padecer: Trastorno delirante, que era precisamente el dictamen que utilizaba contra algunos de sus pacientes-víctima. (publica el Espectador)
No hay asombro, bien porque nos acostumbramos a ver los síntomas de esa enfermedad en el entorno cercano: Uno de cada cuatro colombianos sufre de algún trastorno mental; o porque presentimos que hay quienes la utilizan para escudar sus intenciones y métodos. Vaya uno a saber.
Ese diagnóstico de ideas delirantes sin conexión con la realidad, cabría, sin necesidad de muchos exámenes para entender, por ejemplo, el mutis por el foro de otro siquiatra, que entró en los terrenos de la ficción, mientras se miraba con ternura al espejo, y pasó de “constructor de paz” a ser paria nacional.
O para entender la dislcoada defensa de sus antaiguos pacientes, con el sirirí de la “venganza criminal”; antes que abogados reclaman a gritos tratamiento especial frente a la evidente escasez de sicólogos, profesionales especializados y gotitas de valeriana.
Y es que no dan abasto. Con turnos de 7 por 24, como si fueran cargaladrillos, son solicitados con urgencia en casa-cárceles, juzgados y exilios para escuchar la misma retahíla de siempre, que “salvando la democracia maestro”, que “salvando el campo y el empleo, doctor”, que “todas las reelecciones son malas menos la mía”, “que una procuraduría no es un trabajo sino un elevado estado espiritual”, que “hay que refundar la patria”…
A sabiendas de su dolencia o cañando con ella, no de otra forma se explica que se hayan querido robar toda Bogotá, la salud, las pensiones, la educación, las regalías, hasta la parte de los cómplices…. Todo.
O que los perdedores de todas las elecciones las nacionales, las de la capital, sigan creyendo el cuento de que aún son candidatos y que están en campaña…
O que precisamente los encargados de hacer y ejecutar las políticas se vistan de pueblo para marchar y exigir que se cumplan las leyes.
No pinta bien esto. Ahí están el invierno, los trancones, la inseguridad y este marasmo nacional y local donde todo parece suspendido. Hasta algunos siquiatras son impostados y otros se van a “tratamiento” en el exterior.
No debe ser casualidad que los colombianos nos sintamos los más talentosos y los más felices, y al mismo tiempo seamos el tercer país en el continente con más enfermos mentales, o que quieren parecerlo.
