Por: Mario Morales
No le va el carácter irascible al presidente Santos. En su afán por seducir a la población condicionada por el estilo furibista que tanto gusta viene minando una de las cualidades de su estilo de gobierno que marcó diferencias en estos 36 meses. (Publica Esl Espectador)
En su desespero por la encuestitis, no quiere comprender que Uribe es Uribe y que las buenas maneras no riñen con nada si hay resultados. Cayó en la trampa chantajista de creerse elegido y comprometido con los votos del ruido y la furia. Y busca darles gusto.
Error mayúsculo. No ser de una sola pieza y dilapidar la confianza de quienes vieron en él un talante contemporizador acorde con la dignidad presidencial.
Y la segunda equivocación, no reconocer que no sirve para el tiempo real, la repentización ni la declaracionitis. ¿De qué sirve fruncir el ceño y levantar el tono si días después echa para atrás?
Ya pasó con la crisis del Catatumbo y va a suceder con la mediación de Piedad Córdoba en la liberación del exsoldado estadounidense en poder de las Farc. ¿Para qué extender el desgaste? A menos que esté cerca un operativo de rescate, a esta altura de los diálogos y de su mandato entre menos ruido haya…
También pasó con la rabieta de decretar un plazo de estancia en nuestro país de la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, luego de reparos de ésta al fuero militar y con el pretexto de que ya no necesitaba veeduría. En apenas seis meses ya han sido asesinados 37 defensores. Una vergüenza.
Para no hablar de la diatriba contra el senador Robledo, del Polo, por críticas documentadas al Gobierno. Razón no le falta a Clara López cuando vincula estigmatizaciones y señalamientos apresurados a amenazas a ese partido por parte de los Rastrojos.
Que Santos se calme. Que no confunda firmeza con tropel. Que deje los adjetivos al Mindefensa y que si sólo piensa en encuestas y reelección, no olvide que los mansos somos más.
