Yo creo que el problema es de casting, como dicen los jovencitos de hoy para hablar del impacto que les causa la imagen de las personas que conocen. Todo parece indicar que a la trinidad santísima (don Alvaro, doña Lina y doña Alicita Arango) que escoge los perfiles de los funcionarios de alto nivel en nuestro país, requiere más de una asesoría que luego puede hacerse extensiva a los mismos elegidos.
Lo primero que le hace falta a los tres es paciencia, pero no como la del Mininterior y de los sueños, el doctor Holguín, de flema alemana y reacción entre inglesa y celio-huilense. A menos que quiera entrar (la trinidad, porque el Min-Holguín no llegaría a tiempo) en el libro de los Guiness Records con decisiones cuya velocidad envidiaría Juan Pablo Montoya en la Fórmula Náscar. Como esa tan mentada, del Canciller Araujo que sólo requirió de unos minutitos para la bendición de Lina y Alicita, según cuentan las inquietas lenguas de Palacio, y que ni tiempo le dio a Florence Thomas para protestar por la sensible caída en la cuota de mujeres al poder, como pregonaban antaño María Eugenia Rojas y Consuelo de Montejo.
Lo segundo que necesitan es un cursito de polígono para mejorar el tino a la hora de encomendar misiones. Después de Sábados Felices nada había producido tanta risa en la televisión como la “embejucada

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