Lo tienen aturdido. Desde que las encuestas anunciaron la tendencia a la baja del candidato Enrique Peñalosa todos quieren darle consejo. No lo dejan pensar. Por eso se le nota constreñido, dudoso, nervioso e impreciso. Así estaba las dos primeras veces que quiso ser alcalde y perdió, cuando quiso ser presidente y perdió, cuando soñaba con ser senador y perdió, cuando quería triunfar en la Maratón de Nueva York y… en fin. Como sea, se pasan de atrevidos los que osan compararlo con Serpa, María Emma y Francisco Maturana.
Claro, defectos tiene, como lo reconocen sus condiscípulas del Gimnasio Campestre y sus compañeros de fútbol en el Raefus: Es pésimo bailarín, no tiene movimiento de cintura, confunde el dribbling con el swing y es hincha de Santafé. Ah, y a pesar de los numerosos tratamientos de enunciación, articulación y pronunciación, conserva ese acento ambiguo de los selectos egresados de las universidades de Duke y de París, que le sirvió para conseguir puesto en empresas consultoras, pero que representa más de un obstáculo cuando quiere hablar (por teléfono) con los habitantes de Sierra Morena, en el sur de la ciudad.
Son sus talones de Aquiles, que en política se pagan muy caros a la hora de los debates y del fragor del directo televisivo. Y eso que la contienda bizarra aún no ha comenzado.
¿Cómo eludirá, por ejemplo, a los rivales que quieran enrostrarle ese cuento ya explicado de los 7138 millones de pesos que, en su momento, dijo la Contraloría que se perdieron por ahí en medio de las contrataciones durante su administración? Como si no supiéramos que andaba ocupado atendiendo entrevistas y tomándose fotos, y sin tiempo para esas minucias. Claro, no va a ser sino recordarlo para que se alebresten los que siempre que se habla de cifras millonarias, las comparan con las escuelitas que se hubieran podido construir, (como si él fuera Alfonso Lizarazo), o los hospitales que se hubieran salvado de intervención (como él si tuviera algo que ver con el Ministro de protección Social).
Y no faltará quien traiga a colación esa cifra, en el cierre de su mandato, del 61 por ciento de la malla vial destrozada, en una época en que los huecos eran peste y en la que quizás no faltó quien en las noches se dedicara a abrir otros sólo por el prurito de hacerlo quedar mal.
Y aparecerá el que quiera recordar las 56 escuelas públicas cerradas. Como si no hubiese sido un acierto, que le reconocerá la historia cuando se entienda eso de la centralización de la educación, la masificación de la enseñanza y el hacinamiento de conocimientos.
Y habrá quien evoque lo de la fusión de hospitales, ignorando que a Einstein le pasó lo mismo cuando se puso a hablar de fusión y fisión y relatividad y ya sabemos lo que le pasó.
E irrumpirá el que quiera hacer resaltar sus milagros, como ese de El Cartucho, argumentando que recibió uno y entregó cinco. Fue fiel también en lo poco.
El ex alcalde tiene que estar preparado para cuando algún oportunista le hable de metros, precisamente a él que tiene casi dos. Deberá estar listo a negar por todos los medios haber tenido acciones en esos medios que tanto lo quieren, lo mismo que en fábricas de bicicletas, en taladoras de árboles, en sembradoras de árboles, en constructoras de bolardos, en removedoras de bolardos, pero sobre todo a negar cualquier participación en la confección y diseño de moños navideños, en caso de que alguien los recuerde; en tal instancia, los reconocerá como muestra de su afecto por lo kitsch, por el rococó o por lo que sea que haya sido ese estilo.
Si le preguntan por seguridad dirá que el problema no es de policías sino de estar entre las cobijas antes de que comience esa serie que tanto le gusta, Hombre Rico, Hombre pobre. Además intentará dejar el tartamudeo incipiente, la sudoración y la tembladera para demostrar que la seguridad comienza por casa.
Señalará, como está de moda, que su meta principal será la reelección porque en sólo tres años lo único que cambia es el genio de las recién casadas.
Cambiará las propuestas para iniciados, esas de niños felices en parques maravillosos y de matrimonios bien habidos con hijos después de los 25 años, por proyectos más consistentes como la erradicación, a punta de peajes, de carros particulares y luego de motos y después de las mismas bicicletas para celebrar la Caminata de la Solidaridad todos los días del año.
Negará que los parques son buen negocio, confirmará que a Guillermo, su hermano, lo recogieron cuando chiquito y que no tuvo nada que ver con él.
Rechazará fobia alguna a los árboles y lo probará diciendo que toma un curso de reforestación por correspondencia mientras sigue soñando con el Parque entre Nubes.
Y finalmente enfatizará en que se rodeará de rutilantes técnicos y fulgurantes administradores como él, para que por fin Bogotá pueda estar un poco más cerca de las estrellas.
***
MORALEJA: Después del descache de la ciberencuesta de CM&, a raíz del debate entre Peñalosa y Moreno, ¿seguirán la radio y la Tv jugando a las urnas virtuales?

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