El investigador se refiere a la situación de los comunicadores en Colombia y Venezuela. Obtuvo el Premio Planeta de Periodismo por su libro Nuestro hombre en la DEA. Visión. Publica El Colombiano/La Patria. Artìculo de Ricardo Gutiérrez

Gerardo Reyes. Así, a secas, se presenta y firma sus artículos uno de los periodistas colombianos más premiados por su labor. Lo suyo es la investigación y lo dejó claro desde finales de los 70 con El Tiempo, y en los últimos 19 años con The Miami Herald y El Nuevo Herald.

Su trabajo le mereció obtener el Pulitzer en 1999, por una investigación en equipo que realizó para el diario miamense. En 2004 se le entregó el premio individual de periodismo internacional Maria Moors Cabot, concedido por la Universidad de Columbia, y este año se ganó el Premio Planeta de Periodismo por su libro Nuestro hombre en la DEA (v er recuadro).

Junto a periodistas como Daniel Samper Pizano y Alberto Donadío marcó una época en la Unidad Investigativa de El Tiempo, ahora se desempeña como reportero para América Latina de El Nuevo Herald. Es el autor de libros como Don Julio Mario, biografía no autorizada; Made in Miami, y Periodismo de Investigación.

En la presente semana se desató una crisis en el país debido a un artículo suyo en El Nuevo Herald donde la hermana del asesinado Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, reiteró unas declaraciones en las que aseguraba que la familia del presidente Álvaro Uribe Vélez estuvo vinculada con uno de los helicópteros que se encontró en el complejo cocainero de Tranquilandia.

Antes de este hecho, LA PATRIA dialogó con Gerardo Reyes en un foro sobre la independencia de los medios, que organizaron la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) y el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), sobre el cubrimiento del proceso de sometimiento a la justicia de los grupos paramilitares y el manejo de la información sobre Colombia y Venezuela.

El oficio periodístico

– ¿Ante la situación de un país como Venezuela cuál debe ser el papel del periodista?

Es una tarea muy difícil, el periodista está confrontando una cantidad de obstáculos para poder cubrir normalmente la información. En Venezuela, hay una Ley Mordaza, pero al mismo tiempo hay empresarios vinculados con el Gobierno que están adquiriendo acciones en los medios de comunicación y han empezado a manejar también la agenda temática.

– ¿Y en el caso colombiano?

En Colombia por supuesto que el primer obstáculo es el peligro de informar, y creo que el segundo, que se menciona poco o en los corrillos, es la autocensura. Estamos en un país en el que básicamente hay dos cadenas de televisión de gente que simpatiza con el Gobierno y lo refleja en sus juicios periodísticos, donde tenemos una familia como la de los Santos vinculada con el poder que no se divorció completamente del periódico, lo que genera presiones. El radio de acción del periodista se está cerrando cada vez más.

– Con situaciones como el cierre de RCTV o la actitud de Correa en Ecuador, ¿cómo deben actuar los periodistas?

La experiencia no ha sido muy buena. Cuando los periodistas nos sentimos acorralados tendemos al activismo político, si van a Perú en tiempo de Fujimori, o se estaba en contra o a favor del Presidente, no había matices y eso es lo que está pasando en Venezuela, hay periodistas chavistas y antichavistas y yo lo entiendo perfectamente porque es muy fácil juzgar desde Miami todo esto. Cuando un Gobierno se mete tanto en la vida de los medios y los acosa tanto se termina tomando una actitud de activismo político y qué hacer ante eso, intentar mantener la mayor independencia posible para publicar cosas que no solo afecten al presidente o a sus propios críticos.

– ¿Era más fácil o más complicado hacer periodismo en Colombia en su época de la Unidad de El Tiempo?

En este momento hay más presiones desde el punto de vista de amenazas contra la vida de la gente, en esa época era por el derecho de acceso a la información. En ese momento, la Unidad Investigativa de El Tiempo fue una de las que ganó esa batalla del acceso. Ahora hay una realidad, el periodismo en Colombia está concentrado en el proceso con los paramilitares y los nexos de los políticos con ellos, pero en los escándalos de corrupción se perdió la mira, y no quiere decir que no están pasando. Lo que sucede es que son tan graves las cosas que están pasando en ese mundo de complicidad entre la clase política y el paramilitares que nos olvidamos de los otros casos.

Su país

– ¿Le han ofrecido trabajar en Colombia?

Me invitaron a ser director de Semana hace como cinco años, pero algunos asuntos personales me lo impidieron

– En Estados Unidos se llegó a decir que Colombia era un Estado fallido. ¿Ha cambiado esa percepción?

No creo que están comprando la idea de que Uribe fue el salvador de Colombia o eso que ha dicho que él llegó cuando el país estaba a punto de caer en las manos de la guerrilla. De todos modos, el país ha ganado gran importancia en la agenda de Washington, sobre todo porque hay dinero de por medio por el Plan Colombia.

– ¿Y eso qué implica?

Cuando esto sucede, el Congreso se interesa en saber en qué se está gastando. No creo que en este momento ese Congreso demócrata esté muy contento con Uribe, no están dispuestos a entregar más dinero mientras no se resuelva un problema al que aquí no se la ha prestado mucha atención, como es la muerte de los sindicalistas.

Usted no sabe lo importante que es en Estados Unidos una noticia sobre la muerte de un sindicalista en Colombia, porque las grandes confederaciones sindicales de allá son muy poderosas y tienen un gran poder de votación.

Si ellos llegan a Washington a indicar que se están matando sindicalistas de Drummond, allá les prestarán atención, aquí seguramente no. Eso es un problema crítico en este momento, si en este país siguen matando sindicalistas, que ningún Gobierno, ni el de Uribe ni el de nadie, espere un buen tratamiento del Congreso de Estados Unidos.

Nuestro hombre en la DEA

La inquietud de cómo se hace un narcotraficante llevó al periodista cucuteño Gerardo Reyes a escudriñar en este mundo de la mafia. Es un libro testimonial donde el fotógrafo de modelos Baruch Vega, intermediario de la DEA y comisionista de penas, se encuentra con dos narcotraficantes la sociedad denominada Los Cíclopes, quienes enviaban

droga a Estados Unidos y a Europa. Reyes dice en la presentación del libro que este es una de las pocas oportunidades cuando los periodistas colombianos pueden contar la historia subterránea de Colombia a partir de personajes reales afectados por la guerra contra un vicio.

REYES, Gerardo. Nuestro hombre en la DEA. Premio de Periodismo Editorial Planeta. Bogotá. 2007. Pp. 359.

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