Por Omar Rincón
La televisión es espectáculo y entretenimiento. Requiere imagen y poder para producir espectáculo. Así, para la pantalla los secuestrados importan cuando son gente conocida, mientras los desplazados, que son millones, poco interesan a la tele porque son gente pobre, desconocida, victimas de los amigos de los políticos llamados paramilitares.

Las Farc son unos criminales, bárbaros, inhumanos, anacrónicos… Así, las Farc son un buen enemigo mediático, que se odia fácil, da rating y provee brinquitos eróticos a las presentadoras de RCN. Pero, la realidad del espectáculo dice que los secuestrados son importantes para la televisión si son como Íngrid, famosa, parte del poder y una gran imagen.

Ingrid era famosa desde siempre, tanto que es hasta francesa. Ahora, se convirtió en icono: la imagen de la barbarie de la Farc. Imagen casi mística; la mirada perdida, el cuerpo desvalido, el símbolo casi de un cristo de hoy. Tiene poder real (Francia, su familia y es política) y tiene símbolo para seducirnos (su sufrimiento). La tele encuentra el perfecto ejemplo para ejercer su compasión de pantalla y su espectáculo de compasión.

Los secuestrados pobres en poder y billete como Moncayo y los militares y la gente del común poco importan (para la tele, el gobierno, los buenos de este país). Una vez liberada Ingrid, la cámara se irá para otro show, las Farc serán menos criminales.

Más aberrante aún es el asunto de los desplazados: No existen para la pantalla televisiva. Son pobres, luego, feos, sucios, no interesan: campesinos, luego atrasados y sin poder. La moral urbana de quienes manejan la tele y quienes tienen billete hasta justifica la acción de los paras, porque es que esos pobres algo tienen que deber. Así, no tienen una imagen, ni rostro, ni poder. Son millones, pero no sirven para el espectáculo y el entretenimiento; molestan nuestra comodidad moral.

No interesan ni a la tele ni al gobierno ni a la academia ni a nadie. Son millones y no los vemos. Han tenido que buscar sus modos urbanos de hacerse visibles: un semáforo rojo, en colectivo y con niños, con letreros en mala ortografía, porque deben ser desplazados hasta del español. No los queremos ver. Los desplazados lo son hasta de las imágenes de televisión.

OMAR RINCÓN

CRÍTICO DE TELEVISIÓN

orincon61@hotmail.com

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