Por: Felipe Zuleta Lleras
En buena hora la comunidad internacional y las ONG se han dado cuenta de que el país atraviesa por una situación crítica, con un gobierno altamente popular, pero al mismo tiempo sumido en un berenjenal ocasionado por las conductas del Presidente de la República y sus colaboradores, quienes, como gatos patas arriba, se defienden de innumerables acusaciones por conductas ilícitas; situación que en estas proporciones nunca antes se había visto en gobierno alguno de nuestra historia republicana.
La mayoría de los medios —no todos afortunadamente— han jugado durante los gobiernos de Uribe un papel bastante distante de su función de informar veraz, imparcial y objetivamente, como lo preceptúan las normas de la deontología periodística; normas que por miedo, sumisión, abyección o intereses económicos, han sido pisoteadas en desmedro del elemental derecho que tienen los ciudadanos de acceder a una información presentada, al menos, con decencia.
Desde un canal de televisión entregado totalmente al régimen sin ni siquiera guardar las apariencias, aun cuando fuera por simular algo de dignidad, como es el caso de RCN Televisión, hasta la reiterada entrega de los micrófonos por parte de las cadenas radiales al primer mandatario, a quien escasamente en un par de oportunidades le han formulado una pregunta incómoda que, como es típico en él, respondió con agresiones después de dos horas de rodeos.
Pero mucho más triste resulta la decadencia en la que, ojalá no irremediablemente, cayó el diario que pertenecía a los Santos y que hoy en manos de sus nuevos propietarios, bajo la mirada vergonzante de sus ex dueños, ha entregado al gobierno de turno el bien más preciado que los colombianos habíamos heredado de don Eduardo Santos y qué por años mantuvieron sus legatarios: la credibilidad.
Intuyo que dentro de un par de meses a los interesados les tocará visitar al sr. Lara —nuevo dueño del diario— a su sede en Barcelona, porque ya en la Avenida El Dorado no tendrán interlocutores válidos, o peor aún, tendrán que llamar al Dr. José Obdulio Gaviria para que corrija cualquier información errada.
Temo, y lo digo con aprensión y en todo caso con deseos de estar equivocado, que el Gobierno tratará por cualquier medio de someter, callar, doblegar, silenciar o eliminar a como dé lugar al diario El Nuevo Siglo y a unos pocos, pero no por eso menos importantes colegas valerosos que, aún a costa de su propia seguridad, denuncian toda conducta del Presidente y los funcionarios que resulte en transgresiones del ordenamiento legal o ético.
Les corresponde pues a los periodistas independientes del país rescatar la pérdida de dignidad y profesionalismo en la que cayeron los medios de comunicación, precisamente en el momento en que la democracia, hoy seriamente agrietada y amenazada, más los necesitaba. Y es menester que lo hagamos ya, antes de que sea demasiado tarde.
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Notícula: Una vez se ha conocido que la Corte Suprema dio plena credibilidad a Yidis Medina, la opinión pública espera que renuncien a sus cargos Sabas Pretelt y Diego Palacios y, conjuntamente con el Dr. Alberto Velásquez, ex secretario de la Presidencia, se sometan a la justicia.
Se le cierra el círculo al presidente Uribe. ¿Si de verdad piensa en la patria como lo dice a diario, no será mejor que se haga a un lado y se someta también a la justicia?
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