Por: Mario Morales
Polarizar, en todos los sentidos de la palabra, parece ser la misión de José Obdulio Gaviria, cada vez que sale a los medios, que es una de las pocas funciones conocidas del asesor, aparte de hablarle al oído al Presidente (propenso, como sabemos, a la laberintitis), de leer por él la prensa, e interpretarla, de redactarle y conceptualizarle la “doctrina”,
y de construir los insultos contra sus críticos, con adjetivos que han pasado por la bellaquería y la ignorancia, como lo dijo en este diario el domingo pasado, o señalar que están sumidos en un estercolero. (Publica El Espectador)
Pero su contribución va más allá del glosario de agravios. Es autor de la desaparición forzada, en el debate político, de términos como conflicto armado, guerrilla, paramilitarismo, águilas negras, genocidio de la UP, homicidios a sindicalistas y yidispolítica, entre otros. Su retórica grecoantioqueña supone que al eliminar la denominación, desaparece el fenómeno, pero sobre todo sus implicaciones políticas y jurídicas.
En torno a él las opiniones están divididas. Hay quienes creen que es un iluminado, comenzando por él mismo, que cree en la perfección de sus actos, la irrefutabilidad de sus apreciaciones y el fin del debate en el unanimismo, porque no hay nadie capaz de discutir sus ideas.
Otros dicen que está fuera de sus cabales. Aducen que puede ser a causa del mucho leer y poco dormir, como le pasó a Don Quijote, que se creía un ser superior en cumplimiento de una misión suprema. O que es por su excesiva fe en la estadística (la de las encuestas) confundida con la democracia, como lo pronosticó Borges, su autor preferido. O que está contagiado de hybris, el peor de los males en el mundo griego, asociado a la desmesura o confianza exagerada en sí mismo, acompañada de desprecio por los demás y marcada por la irracionalidad y el desequilibrio.
Pero también hay quienes lo ven como un simple speaker de lo políticamente incorrecto, de lo que no puede decir el Presidente sin pagar un costo político. Con razón dice el mismo JOG que su mentor y guía espiritual es Benjamin Franklin, precisamente el inventor del pararrayos. Esa quizás es su verdadera misión: atraer y conducir las descargas hacia tierra sin que causen daño a un objetivo específico. El resto es invento de los medios. El único agravio que sé no se atreve a lanzar el asesor, a riesgo de ser desenmascarado.
