Por: Mario Morales
No es necesario infiltrar a Mauricio Puerta ni chuzar la comunicación con el más allá del profesor Salomón para saber que la tormenta tropical, como la ven los colombianos, de la debacle de Wall Street afectará con los ímpetus de un huracán nuestros bolsillos y nuestras emociones. (Publica El Espectador)
Aún son imprevisibles sus efectos en exportaciones, créditos, devaluación y, por supuesto, en la elección presidencial. Por eso no es beneficioso ese clima de actitud mental positiva de que pese al desmoronamiento en la confianza inversionista norteamericana aquí no va a suceder nada. Allá pasaron 14 meses desde los primeros síntomas de malestar en su cultura económica. Y acá, sabemos, todo nos llega tarde, hasta las crisis.
Sumados a la actual desaceleración, los coletazos del desbarajuste de la economía estadounidense, global por definición, nos llegarán cuando entre, literalmente, en furor la campaña electoral. La economía será definitiva en el debate y en las propuestas, a diferencia de los últimos doce años en los que los temas vendedores del conflicto armado han puesto presidente.
Con la guerrilla al borde de la derrota, si le creemos a Juan Manuel Santos, y con los asuntos económicos en la cresta de la agenda, los augurios no son buenos al mirar con detenimiento el perfil de los aspirantes a ocupar la Casa de Nariño. Y todo porque los uribistas, como sus padres putativos, se mantienen aferrados con terquedad a la simplificación de la problemática nacional al enemigo único. Mientras, la oposición sigue empecinada en hacer el control político desde la opción personalizada y personalista del Presidente. No hay intentos de ‘desuribizar’ el debate para pensar en el país.
Por eso es clave saber si hay en el partidor candidatos idóneos para afrontar el tema económico. Si seguiremos supeditados a la experimentación de yupis imberbes como en estos seis años en los que, como en el fútbol, los aciertos son propios y los errores de los mercados internacionales. Y si privilegiarán temas nimios como ese del busto a Tirofijo en un lugar distante de Venezuela, o si se ocuparán de temas fundamentales para no darle la razón al sintético escritor Augusto Monterroso cuando dijo que en América Latina no había economía sino bajas pasiones.
El camino está expedito para que al solio de Bolívar llegue por fin un estadista. Bueno, si el ‘falsopositivismo’ o el terrorismo no deciden otra cosa.
