Por: Mario Morales
No es suficiente. Las explicaciones, mea culpas y muy escasas renuncias de los mandatarios locales, profesionales, asesores, empresas y negocios involucrados en el escándalo de DMG forman parte de la primera fase del proceso de exculpación y desinfección de la sociedad colombiana, pero no debe ser la única. (Publica El Espectador)
Era necesario conocer sus versiones, no sólo por el derecho que les asiste, sino para establecer su responsabilidad política, económica y penal, si fuere el caso.
Pero mientras el debate se da, y unos y otros se declaran “víctimas”, aduciendo ingenuidad o ineptitud, (¡y uno no sabe qué es peor!) sería bueno que dejaran su discurso doble moralista y entendieran que sus actuaciones y las ganancias que derivaron de ellas no sólo están en entredicho legal y moral, sino que rayan en lo inhumano.
Esos gobernadores, alcaldes, abogados, periodistas, empresarios y modelitos ignoran, o quieren hacerlo, que esos dineros, así estén camuflados en contratos, prestación de servicios, o a través de intermediarios, tienen, como lo sabe hoy el país, un origen oscuro que la justicia presume entre el lavado de activos y la captación ilegal.
Pero, y eso es más grave, deben saber que la abundancia en sus mesas y el boato en sus celebraciones navideñas está construido sobre la desgracia y la miseria de por lo menos uno de cada cuatro de sus compatriotas. Es dinero contaminado.
Caben en esa lista los “avispados” que “invirtieron” y una vez ganaron se retiraron o los que ganaron varias veces y perdieron una parte cuando fueron intervenidas las pirámides y ahora “comen callados”. Parte de “su” capital le pertenece a otros, así lo hubieran entregado a las buenas.
La devolución de dineros por parte de empresas radiales y del CPB, debe ser el comienzo de la otra pirámide, la de la restitución de esas sumas, incluidas las recaudadas por impuestos, no sólo para paliar la situación de esos cuatro o cinco millones de compatriotas, sino para demostrarle al mundo que como seres humanos, en medio de tantas debilidades y tantas desgracias, merecemos una segunda oportunidad sobre la tierra.
