Por: Mario Morales
El 2008 Pasará a la historia como el año del quiebre institucional. Sin importar antecedentes o referentes la administración Uribe terminó de llevarse por delante una larga lista de acuerdos sociales que eran el fundamento de esa institucionalidad.(Publica El Espectador)
La tapa fue, sin duda, la decisión agónica y desesperada de montarse en el referendo que busca un tercer período, así se trate de un procedimiento de emergencia, y no de una calculada estrategia política para mantener la gobernabilidad en estos 19 meses restantes. (Sería osado ir a la urnas si, como dice la reciente encuesta Gallup, uno de cada dos colombianos no quiere ver repitiendo a Uribe).
Con esa decisión Uribe rompió las reglas del juego político al negarle a toda una generación de dirigentes la opción de ser elegidos, especialmente a sus amigos y colaboradores que le fueron leales estos seis años.
Rompió, de paso, los lazos de confianza de un sector de la población que le creyó cuando repitió que no estaba interesado en quedarse, y riñe con el sentido de las proporciones si espera gobernar 16 años.
La lista de rupturas se hace extensiva a lo jurídico y a lo ético con la desproporción en las penas, premios y bonificaciones extrajuicio a parapolíticos, paramilitares y guerrilleros arrepentidos.
También se rompieron las reglas del DIH y del derecho de gentes con los falsos positivos, uso inadecuado de emblemas, seguimientos indebidos e interceptaciones no autorizadas.
Se rompieron las reglas que consagran el derecho a una oposición libre y desprovista de señalamientos y acusaciones, y las del decoro con nombramientos diplomáticos a periodistas piloto como Álvaro García y Rafael Nieto y al mantener en sus cargos a funcionarios en entredicho legal o moral.
Se rompieron los principios humanitarios con la invisibilización de las víctimas y los más de tres millones de desplazados, y hasta las normas del buen trato a quienes osaron preguntar, disentir y contradecir como le consta a Luis Fernando Velasco.
Con el rancho ardiendo, la única ley que parece prevalecer es la de selva y la del sálvese quien pueda.
