Por: Mario Morales
No debe haber muchas celebraciones por estos días entre los más allegados al presidente Uribe. El 2008, que pintaba como el año de la consagración, termina lánguido y confuso no sólo desde la óptica de la percepción por la crisis económica, las pirámides, los falsos positivos y las deficientes relaciones con los vecinos, sino también por los augurios. (Publica El Espectador)
La polémica aprobación del referendo reeleccionista terminó por aguarles el ajiaco navideño y amenaza con dejar comiendo pavo en el Año nuevo al uribismo (o lo que queda de él), a una parte del gabinete, a algunos de sus allegados y al mismo presidente.
Indigesto está Juan Manuel Santos que se debate, y no sabe qué es peor, entre lanzarse como candidato a disputar con su jefe, quedarse donde está o ir por el ministerio del Interior, en el cual resucitó, contra todos los pronósticos y en 24 horas, Fabio Valencia Cossio.
Indispuesta está Martha Lucía Ramírez ante la falta de claridad de Santos y Uribe que le cierra a ella, y a quienes como ella aspiran a ser candidatos desde lo que sobrevive del uribismo, o desde el uribismo por conveniencia, como pasa con Noemí.
Confundidos andan Andrés Felipe Arias, que soñaba con llegar al Mindefensa e incluso al Mininterior; y el Minhacienda, Óscar Iván Zuluaga, a quien le tocó bailar con las más fea, salió regañado y se siente preavisado cada vez que se ventila a Carolina Rentería como su reemplazo.
Y qué decir del Minprotección, Diego Palacio, que sigue envainado con las múltiples críticas por su opaca gestión y con la yidispolítica, que lo acompaña como una sombra; o del Mintransporte que se quedó en el trancón o el Canciller Bermúdez que, como Samuel, el alcalde, aún no han terminado de posesionarse.
Pocos motivos para brindar; a diferencia de Germán Vargas y Sergio Fajardo que supieron desmarcarse a tiempo, que tienen agenda propia y unos kilómetros de ventaja.
Ejemplo que no han seguido los liberales y el Polo, enredados en disputas, vanidades y formalismos egoístas que los pueden dejar, como en estas festividades, de extras para aplaudir o rechiflar en la campaña electoral que ya arrancó.
