Por: Mario Morales
Son dos lecciones que deberían aprender algunos ministros, embajadores, promotores del referendo reeleccionista y otros funcionarios más. (Publica El Espectador)
En Estados Unidos, donde las instituciones son tan sólidas que permiten que hasta personas de dudosa capacidad para el cargo lleguen a la Presidencia, hay cero tolerancia con dudas en la conducta o falta de transparencia de los empleados del Gobierno.
Lo sabe el Departamento de Estado, el cual “recordó” que los regalos y joyas que recibieron Condoleezza Rice, secretaria de Estado, avaluados en varios cientos de miles de dólares, y Bush, con un valor de cien mil dólares, no los pueden conservar y deben pasar a los archivos del Gobierno. Ojalá aquí pasara lo mismo.
Y lo saben el presidente Obama y su recién nombrado secretario de Comercio, Bill Richardson, quien rechazó el cargo por una investigación a una compañía que lo ayudó en sus actividades políticas y que recibió un contrato de mil millones de dólares en el estado donde es aún gobernador. Sencillo, ¿no?
Por eso no se entiende la terquedad del Minprotección en quedarse, incluso violando la reserva del sumario, como lo acaba de denunciar la Procuraduría, en el caso de la yidispolítica. Él, Pretelt, el secretario jurídico de Presidencia y Daniel García, director de Invías, tienen derecho a la legítima defensa pero eso no significa que el país deba pagar los platos rotos por los traumas y retrasos que ello origina.
La sola duda y la inminencia de los fallos claman a gritos que dejen su cargos. Lo mismo deberían hacer los comisionados de la CNTV para permitir las investigaciones a que haya lugar por la falta de claridad que denunció la Procuraduría en la prórroga de los canales privados y la llegada de un tercero. Al igual que el Mintransporte mientras se investiga su eventual responsabilidad por el estado de las vías en la racha de accidentes al comenzar el año.
Y eso que no tocamos el tema de la probidad e idoneidad. En cualquier caso y como lo dijo Obama sin ambages: se trata de anteponer los intereses de la nación. Ni más ni menos.
