Por: Mario Morales
Aterra la frescura con la que el Gobierno se está tomando la crisis económica. Mientras que todo el orbe, ante el fracaso de las teorías, le apuesta incluso al ensayo y el error para hacerle frente a la recesión, aquí funcionarios del más alto nivel la niegan, como la presidenta de Asobancaria, María Mercedes Cuéllar; parten del presupuesto gratuito de que estamos blindados como el Minhacienda o creen que la solución está en la actitud mental positiva.
El presidente Obama, que cree que cualquier medida es escasa, lo viene intentando todo: paquetes de ayuda a la banca y a la industria y ahora, en contravía de los teóricos, disminuye los impuestos a cerca del 90 por ciento de estadounidenses. Sabe que a menor carga tributaria, mayor capacidad de consumo, y que, como lo sabe el más lego, es el motor de los mercados.
Justo lo contrario de lo que pasa aquí, donde asesores y funcionarios hacen todo lo posible por restarle poder adquisitivo a la población. Su aporte a la solución se limita a proponer nuevos impuestos para los automóviles, a defender el piso artificial del valor de la gasolina (que está casi dos mil pesos por encima de lo que debiera) o a aconsejar que no se bajen las tasas de interés no vaya y sea que la gente pueda comprar. Es decir, siguen a pie juntillas las “recomendaciones” del FMI de hace un año cuando la crisis no se evidenciaba y el indicador a controlar era la inflación.
Pero las cosas han cambiado como lo dicen a gritos la Andi, los constructores, el comercio y aun los que viven de las remesas. El resultado son 600 mil desempleados el año pasado, que el Minprotección niega exhibiendo sus mediciones construidas con base en esos embelecos del empleo y el subempleo subjetivos y de que está ocupado quien trabaja una hora a la semana. Con razón según él, en 2008 se crearon mil empleos diarios en promedio. ¡Increíble!
Puede que bajar los impuestos, el precio de la gasolina y las tasas de interés no sean la panacea, pero son la base, con el incremento del gasto en obras públicas, para dinamizar los mercados, la producción y el empleo . Lástima que el presidente Uribe y sus ministros estén tan ocupados pensando en las próximas elecciones. Tenía razón el escritor Augusto Monterroso, en América Latina no hay economía, sólo bajas pasiones.
