Eric Schmidt, director ejecutivo de Google (una compañía que ha ganado millones en publicidad por contenido generado por otros) le sugiere a los periódicos que averiguen qué quiere el cliente y se lo dé, remarca el Miami Herald. Algunos le han hecho caso.

Por ejemplo, el Chicago Tribune —periódico que está endeudado, en bancarrota y en crisis de lectoría— hace algunas semanas decidió preguntarle a sus lectores qué tipo de notas quisieran leer en el diario. El cuestionario fue enviado a 9 mil personas, y preguntaba cuál de 10 posibles notas le gustaba más al lector. Pero más que hipotéticas, éstas eran notas que los periodistas estaban realizando de verdad. Ante la protesta de más de 50 empleados de la redacción, Gerould Kern, editor del Tribune, abandonó el proyecto: «Diseminar información sobre notas en progreso compromete el reportaje», dijo Kern.

El asunto quedó como una anécdota más sobre gente de marketing tratando de influenciar las decisiones editoriales. Sin embargo, para Ed Wasserman, del Miami Herald el problema es más complejo: ¿Deberían los periodistas simplemente averiguar qué es lo que la gente quiere y darles eso?

Wasserman responde: «para los periodistas, el problema siempre ha sido que las noticias, si se desarrollan de manera honesta, son rutinariamente mal recibidas. Pero la noticia no es un producto de consumo. Es un bien cívico».

En el actual contexto de crisis de los medios, el debate sobre el rol del periodismo toma nueva importancia. Si antes la ambición comercial llevaba a muchos medios a convertir las noticias en un producto de consumo, ¿cómo podrá sobrevivir la noticia como bien cívico? ¿Cuán diferente es lo que el lector quiere a lo que necesita? Y bueno, ¿qué es lo que el lector necesita y quién decide eso?

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