Para los periodistas que desean leer sobre temáticas de conflicto y guerra, podrán material de información en la Enciclopedia de Paz y de Conflictos, y que ahora se encuentra en internet.

El desarrollo del siglo XX y las innumerables guerras, son temas indispensables dentro de las consultas informativas que, a diario, miles de periodistas y académicos del mundo abordan, cuando se trata de contextualizar un hecho o de analizar a fondo un capítulo de cualquier sociedad actual.

Dada la importancia y las repercusiones de los conflictos en el Tercer Mundo, la ONU, lideró la creación de una enciclopedia especializada en Paz y Conflictos, documento digital que busca convertirse en fuente obligatoria y confiable para los medios y la sociedad en general. La Alianza Educación para la Construcción de Culturas de Paz presentó la decimosexta versión de la Enciclopedia de Paz y Conflictos en su presentación digital virtual. La Universidad de Granada, España, elaboró la versión impresa.
Vía IJnet

La versión impresa fue elaborada por el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, bajo la dirección del Doctor Mario López Martínez

El desafío de un número creciente de conflictos y guerras civiles, particularmente largas y violentas, que se extendieron por el denominado Tercero Mundo durante la década de los 90, exigió el empeño de la comunidad internacional y fomentó la emergencia de un modelo de respuesta que tuviese en cuenta las fuentes, actores, dinámicas, así como las consecuencias de los nuevos patrones de conflicto desde el fin de la Guerra Fría.

Las Naciones Unidas percibieron claramente, en este nuevo contexto internacional, una oportunidad de expansión de su papel como garante de la paz y la seguridad internacionales. Así, asumiendo expectativas generalizadas, con el final de la confrontación bipolar y del renacimiento de la Organización, su Secretario general Boutros-Ghali elaboró un nuevo marco conceptual de respuesta a los conflictos contemporáneos, avanzando con cuatro estrategias de acción muy ambiciosas en su Agenda para la Paz: diplomacia preventiva (preventive diplomacy), mantenimiento de la paz (peacekeeping), restablecimiento de la paz (peacemaking), y consolidación de la paz (peacebuilding). Este famoso documento de las Naciones Unidas de 1992 presentó, por vez primera, el concepto de «consolidación de la paz postconflicto» como la nueva prioridad de la Organización, definida como:

«acciones para identificar y apoyar estructuras que fortalezcan y solidifiquen la paz, de forma que eviten un retorno al conflicto».

Este concepto engloba, así, dos tareas distintas pero simultáneamente complementarias: de un lado, la tarea negativa de evitar un retorno a la guerra; y, de otro, la tarea positiva de tratar las causas profundas del conflicto. La primera tarea trata, por lo tanto, con los imperativos de corto plazo que se siguen inmediatamente al acuerdo; mientras la segunda intenta atender el objetivo del largo plazo de transformación estructural de sociedades destruidas por conflictos violentos. Sin esta segunda tarea el fin de la violencia no sería más que algo efímero.

De esta forma, el papel de las Naciones Unidas y de sus operaciones de paz consisten en asistir en la rehabilitación de las crisis internas complejas, ayudando, de este modo, a edificar y fundamentar una paz auto-sustentada, o sea, una paz que perdure después de que los garantes de la paz -los actores externos- se retiren. Mientras apoyan la implementación de los acuerdos entre los beligerantes, las Naciones Unidas esperan, así, ayudar a superar el impacto de la guerra y crear el cimiento para la paz.

Así la experiencia de las Naciones Unidas en Namibia, en 1989, representa el nacimiento del nuevo modelo de consolidación de la paz. El éxito de esta misión saturó la propia capacidad de la Organización para realizar sucesivas operaciones de paz a gran escala, en una gran variedad de países que salían de conflictos bélicos en Asia, África, Europa y América Central en la década de los 90 y que seguían el modelo experimentado en Namibia, variando únicamente en ciertos pormenores.

Esta respuesta estandarizada al nuevo tipo de conflictos post Guerra Fría, que ambicionaba apoyar la transición de la guerra a la paz en países económicamente debilitados y política y socialmente polarizados, envolvió una multiplicidad de actores internacionales que llevaron a cabo un extenso número de tareas. Para mejor entender en qué consistió este modelo de consolidación de la paz pos-conflicto, responsable de la expansión dramática del papel de las Naciones Unidas en esta área, podemos analizarlo en cuatro dimensiones: a) militar y de seguridad, b) política y constitucional, c) económica y social, y d) psicosocial.

a) La dimensión militar y de seguridad. Esta dimensión es un aspecto particularmente importancia en este modelo, dado que se asume que los soldados son factores especiales de riesgo en circunstancias volátiles del pos-conflicto, en la medida en que pueden perjudicar la estabilidad precaria de los acuerdos y provocar un retorno al conflicto abierto. En efecto, varios casos han probado que la suspensión o colapso del proceso de desmovilización de los combatientes da como resultado el regreso a la guerra cuando las partes no están satisfechas con el proceso político.

Así, para restringir la capacidad de los soldados para perturbar el proceso de paz, Naciones Unidas ha elaborado un programa especialmente destinado a ex-combatientes, que pasa por varias fases estandarizadas. Primero, el acantonamiento y registro de las tropas: los soldados son agrupados en campos donde se quedan durante el proceso de des-movilización recibiendo abrigo, comida, ropa y tratamiento médico. A ello sigue el desarme de las tropas: cuya preocupación en particular se centra en las armas ligeras, responsables del 90 por ciento de las víctimas de guerra, dado que ellas perjudican todo proceso de paz, impiden el desarrollo económico y social, mantienen la cultura de la violencia en el país y aún, incluso, pueden desestabilizar a países vecinos y hasta regiones enteras. Segundo, el paso siguiente de los soldados acantonados es su reintegración en la vida civil o su integración en el ejército nacional. Consecuentemente, los que optan por ser reintegrados en la vida civil se benefician de un apoyo o preferencia a largo plazo que se traduce, además, traslado para la reinserción, incentivos financieros, apoyo educacional y profesional durante algunos meses, para que los ex combatientes tengan una especie de espacio de maniobra y de preparación para poder contribuir para la vida productiva del país, etc. Por fin, la creación o reestructuración del ejército nacional, incorpora tropas de las partes beligerantes con vistas a la formación de una fuerza militar unificada.

b) La dimensión política y constitucional. Podemos decir que existen tres desafíos a los cuales la reconstrucción política y constitucional debe dar respuesta: la legitimación de los órganos de poder; la reforma de la administración del Estado que ha sido vaciada durante el conflicto; y la transferencia de las tensiones entre los grupos beligerantes al plano institucional, o sea, la transición del conflicto del plano violento al plano político.

El régimen político que subyace a estas transformaciones es la democracia. Considerada más propensa a la paz tanto en el nivel interno como internacional, la democracia se tornó, por eso, la filosofía política dominante de la comunidad internacional y ha sido sucesivamente incentivada, o forzada a ser el camino a todos los gobiernos que emergen de guerras civiles.

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