Por Omar Rincón
Lo narco triunfa en la vida, la política y la tele. Lo narco es nuestro modo de pensar, nuestra estética y ética nacional. Narco.TV nos gusta porque nos cuenta cómo somos.

La ‘tele’, para gustar, debe generar identificación. Como máquina cultural, legitima discursos morales y rostros nacionales. Y el narcotráfico es nuestra marca. No significa que seamos narcotraficantes sino que hemos adoptado su modo de pensar, actuar y soñar.

Este dice que para salir de pobre y tener poder, todo vale. Sin respetar leyes, reglas, instituciones, valores, cuerpos, éticas, vidas. Dice que «no vale la pena» el esfuerzo ni el camino largo ni la legalidad ni los derechos humanos.

La ‘tele’ cuenta que toda ley se puede torcer a favor de uno. Narco.TV es Pasión de gavilanes, Sin tetas no hay paraíso, El cártel, El capo…

Que lo narco se cuente en televisión y nos fascine, que no nos dé pena moral, quiere decir que estamos aceptando que somos una sociedad de «mente narco» y que ese es nuestro relato. Por eso, ahora los mafiosos son bonitos, se visten a lo Parque de la 93 y salen con chicas bien y de silicona. Así viene la identificación y se produce rating. Narco.TV es buen negocio.

Además estas series/telenovelas están bien hechas, con ritmo, seducción en el lenguaje, exuberantes paisajes, arquitectura extrema. Y no hay que buscar actores extranjeros, sabemos como actuar de mafiosos, reina-silicona, sicario. Somos actores naturales de estos personajes porque los vemos en la calle.

Estas historias muestran cómo somos: mujeres guerreras que hacen de su belleza su éxito y hombres ‘guabalosos’ y barrigones que quieren plata para acostar hembras.

Y en el exterior, donde importa la buena imagen de Colombia, nos va bien, y así, allá gozan y disfrutan de nuestra «pasión Colombia» a «corazón abierto».

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