Por: Mario Morales
Según el presidente Uribe, Doña Lina, en la encrucijada de los adioses, sólo autorizó empacar la maleta de las cosas gratas, pero la de las cosas difíciles ella no la va a empacar. Se entiende. Es su esposa. Como se entiende que el mandatario saliente y sus colaboradores hincados adhieran al “cuento del equipaje” relatado en el último consejo comunal. (Publica El Espectador)
Es comprensible que a mudas de ropa y recuerdos de estos largos ocho de gobierno les añadan, como lo han hecho, lágrimas, aplausos, adjetivos y homenajes que darían para escribir la historia nacional del lamboneo.
Pero al resto de quienes nos quedamos a vivir en el país que deja Uribe no nos pueden ocultar la otra maleta, como está pasando con balances, rendiciones de cuentas, separatas y análisis, impulsados por intereses publicitarios, políticos o personales, bajo la dudosa conclusión de que, y para bien, “este país es otro”.
No se puede confundir la imagen de un presidente “trabajador, madrugador y frentero” como lo definen los furibistas (que todavía los hay), con los resultados de su administración; o el power point de sus técnicos con estándares internacionales.
Bástenos re-citar el Índice Global de Paz que da cuenta de 23 indicadores directos sobre seguridad y conflicto armado, comparados con otros 32 socioeconómicos y políticos. Su dictamen es fulminante: en 2007 ocupábamos el puesto 130 y tras tres mediciones, cada vez más cualificadas, descendimos al puesto 138, a once del último puesto.
O el lamentable 12,1% de desempleo (y eso que lo dice el DANE) con el que deja a este pobre país agobiado y doliente. O la larga y no suficientemente repetida lista de falsos positivos, chuzadas, fosas comunes, errores diplomáticos y escándalos de politiquería y clientelismo.
Nadie le niega el derecho al gobierno a defenderse, aun con sofismas como ese de que elevó el nivel del discurso, cuando no superó la estatura de José Obdulio; o que fomentó el diálogo, cuando sólo se escuchó una voz que confundió firmeza con autoritarismo.
Nadie sabe tampoco cuánto costará ese empeño. La campaña del balance de Pastrana nos costó $3.400 millones.
Pero que nos cuenten la verdad completa que “con seguridad” necesita más de dos maletas.
