Por Mario Morales
Dicen en las redes sociales que “Protagonistas de Novela” es una farsa y, contemporicemos, lo es, pero por “razones” distintas a las de los cibernautas. Señalan esos rumores que el programa ya está grabado o que los participantes ya estaban escogidos porque algunos habían aparecido en la “tele”, tienen book en agencias o se han codeado con la “farsándula” criolla. (Publica El Espectador)
No. El canal no arriesgaría su prestigio de esa manera por unos cuantos puntos de rating. El programa sale al aire casi en tiempo real, con desfase de horas para hacer posible la edición. Terminará el 19 de diciembre.
Es cierto que unos participantes han tenido “apariciones”, fueron extras, trabajaron en canales regionales o desfilaron con escaso grado de figuración. Pero también es cierto que no están inhabilitados porque no era prerrequisito ser un perfecto desconocido. Hasta ahí, de acuerdo.
En lo que se equivoca el Canal es en la convocatoria, “vendida” como oportunidad para “cualquiera” (con la obvia ofensa a actores de formación). De ahí la respuesta masiva. Pero la selección demostró que los criterios apuntaron a caribonitos, buenos cuerpos y personalidades conflictivas, todo en uno, con un escaso o nulo porcentaje de talento. Podrán decir que así es la TV mundial, que es sello de la época, que es negocio, etc. Pero no podrán negar que “jugaron” con las ilusiones de quienes, sin caber en el estereotipo, se creyeron el cuento.
Se equivocan en la exhibición de esos finalistas, incurriendo en el miserabilismo al presentar a modelos y bailarines, como en el caso extremo de la “vendedora de cocadas”, como si estuvieran frente a la única oportunidad del destino, pero desde hace tiempo trabajan en el medio.
Se equivocan al privilegiar esa narrativa en horario estelar, a sabiendas de sus efectos en refuerzo de antivalores sociales (oportunismo, todo vale, primero yo, todo tiene precio), en construcción de paradigmas, legitimación de comportamientos antisociales, privilegio de lo emocional y construcción reforzada de verosímiles que el televidente asume y usa como referente real. Una farsa.
El resultado? El efecto boomerang de las audiencias, hijas de ese formato disociador, donde abundan chismes y confabulaciones. Lo que pasa en las redes no es más que la extensión de los imaginarios que el programa ayuda a construir. Víctimas de su propio invento. Podrán reclamar y tener razón en parte de su alegato, pero no pueden negar que tienen responsabilidad en el monstruo que ellos ayudaron a crear.
