Por: Mario Morales
Desde afuera debemos parecer un país emprendedor, pujante, generoso y solidario. Sólo basta que hayan visto las cifras del DANE sobre participación, ocupación y empleo, que no son lo mismo, así lo parezca. (Publica El Espectador)
Según la encuesta, los trabajadores por cuenta propia representan el 43,4% de la población económicamente activa, por encima de los empleados formales que alcanzan el 33,8%. Una prueba más de lo echados pa’lante que somos. Pocos dejan la seguridad social por el emocionante albur del día a día. Caben aquí, como los llaman los pesimistas, los del rebusque. Independencia grita el pueblo soberano.
Pero ese espíritu aventurero lo opaca un indicador que mueve, tanto o más que Wikileaks, las entrañas del planeta. Un millón cien mil de conciudadanos, en un asomo de corporativismo y desapego, trabaja sin ninguna remuneración, sólo por el prurito de empujar empresas familiares, las locomotoras de Santos, y de paso, las cifras del DANE. El buen ejemplo cunde. Entre agosto y octubre creció en 132.000 el número de estos neopatriotas. Algo así como 1.467 cada día, 61 cada hora, uno cada minuto, en promedio. Y aún no se incluyen socorristas, artistas y vecinos que ayudan de manera desinteresada a víctimas del invierno.
El logro del 10,2% de desempleo (1,3% menos que un año atrás) es el presente de bienvenida de o para el flamante director de esa entidad, Jorge Bustamante, y una alerta para que se decida a exportar la muy creativa metodología que pronto alcanzará la prometida cifra de un dígito.
Es que, aquí, no valoramos lo que tenemos. No hubo carro de bomberos para los dos mejores policías del mundo. Ya somos potencia. Otros dan los mejores futbolistas. Tampoco ha habido medallas para los abnegados organismos de prevención y socorro por la emergencia que han afrontado en el “peor invierno de toda nuestra historia”. ¿Quién podía preverlo?
Eso sí, no le podemos quedar mal al presidente Santos. Mínimo habrá desfile luego de que, como dice El Tiempo, la ONU nos entronice como ejemplo mundial en el trato a víctimas y victimarios, y, a pesar de lo que diga la oposición, seamos admirados por los alcances en verdad, justicia y reparación. Ni desagradecidos que fuéramos.
