Por: Mario Morales
Podremos discutir mil días y procrear otras tantas guerras. Podremos sustentar con pasiones exaltadas lo que son vagos convencimientos. Podremos justificar, pontificar y hacer historia con cada una de nuestras ideologías…
Es lo usual. Esa verborrea insulsa que no oye o ignora a quienes viven el drama y pagan en carne propia las deudas ajenas: las víctimas, que son si acaso un pretexto, tanto los sacrificados, los 4 de este fin de semana y los 30 de antes, sometidos a la vejación del secuestro y al asesinato cruel. Y luego los suyos, en medio del dolor sin nombre, sin razón.
Ahí, aquí, terminan para ellos los debates, mascaradas, promesas y alardes de un país digno. Ni siquiera quisieran ser nombrados porque saben, que ahí, que aquí, las palmaditas en la espalda y las honras fúnebres son epílogo, y luego antesala de lo único que le deben a este país desalmado: el olvido.
Como saben que en esta guerra estúpida no hay destinos. Que todo pudiera haberse evitado, todo: el secuestro, la larga espera, la indiferencia y esa muerte cruel que coronó todas sus desdichas, si alguien hubiera hecho algo en nombre de la vida, no de la guerra elevada a intereses superiores de una patria que hoy sólo ofrece una morada dos metros bajo tierra.
¿Cómo culpar a los familiares de las víctimas cuando hablan de necedad o de incapacidad del gobierno para salvar la vida de los suyos? ¿O cuando dicen que no quieren ser trofeo de nadie? Al daño insondable que les causó la guerrilla con sus acciones criminales, se le sumó el de haber marchitado la última esperanza posible.
Un acuerdo pasajero, un intercambio por una sola vez hubieran bastado. Pero no, la vocinglería, el interés velado, la tozudez sin límite siempre se imponen. Ya se oyen los coros a favor o en contra de sesudos análisis bélicos o de cálculos de cuánto nos distanciamos de la “tan anhelada paz”. Y claro, los golpes de pecho para hacer pública la indignación…
A lo lejos, el eco de trece familias que piden a todos “No más”, antes de que sea tarde. Como lo es ahora para cuatro hogares que saben que esas muertes fueron inútiles como lo son las ideas que no fueron capaces de evitarlas.
