Por: Mario Morales
Coincido con quienes creen que el personaje de este año, aquí y en el planeta, es la gente en la calle. Sí, ese ciudadano que es parte del simbólico «99%», como se le conoce en el mundo, víctima de las avaricias, abusos y olvidos de los poderes financiero y político en sus diversas expresiones.
Ya en 2006 la revista Time había destacado al ciudadano, a la gente, como su personaje. Pero la elección tenía como escenario la web y sus perspectivas de participación y acción colectivas.
No es gratuito que ahora los lectores de la revista ya hayan puesto en tercer lugar de votación a ese 99%, aunque la decisión la tomen los editores.
Si bien las crisis política y económica que han tocado las fibras de Wall Street y ahora hacen tambalear a toda Europa, y la madre naturaleza que cobra por ventanilla la sevicia humana con los recursos naturales, han copado buena parte de la agenda mediática y de la influencia en el rumbo del planeta, la movilización ciudadana global, porque todo tiene un límite, depara un panorama menos desalentador para evitar que unos pocos tomen las decisiones cruciales y en provecho propio.
Aquí, los estudiantes, como ya se ha dicho, salvaron, para el resto de la sociedad adormilada y doliente, la asignatura de activismo y participación legítima en la conversa pública sobre su futuro. Aportaron otras miles de marchas con objetivos específicos.
Pero la manifestación de este martes nos permitirá saber qué tanto aprendimos de las víctimas de los países del primer mundo y de regímenes totalitarios en países asiáticos y africanos, si sus convocantes no se dejan seducir por cantos de sirena de sectores con claros visos revanchistas, o en busca de inestabilidad, como lo expresó el editorial de este diario ayer.
Más allá de la emoción, habitual en este tipo de actividades, a veces llevada al patrioterismo, mañana tenemos la oportunidad de levantar la voz sin que nadie nos asigne el permiso o nos indique el tono o enfoque de la justa protesta contra todas las violencias, todos los terrores y todos los crímenes de todos los armados ilegales.
Y para confirmar que la calle y su influencia son nuestras, al fin y al cabo somos “el 99%”.
