Por: Mario Morales
Como un mar de leva, se dejó ver ese otro país. Ese que se presiente, que corre entre la niebla de los acontecimientos por culpa de la luz dura de los medios puesta en otras partes. Bastaron unas horas, como con las sacudidas del mar Caribe, para tener atisbos de ese país hecho de retazos, de dolores y de olvidos. (Publica El Espectador)
Un país, -estupefacto como la cara del MinInterior, Germán Vargas,- en el que, según la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos aún campean las ejecuciones extrajudiciales en Bogotá, Arauca, Cauca y Cesar, y se ahogan las investigaciones de los falsos positivos pasados.
Un país que no termina de pasar la página oscura del pasado reciente y se entera, por la misma fuente, que siguen las interceptaciones ilegales.
Ese país que, con el anuncio de la liberación de 10 uniformados en poder de las Farc, tiene un número indeterminado de sus hijos civiles, secuestrados por la guerrilla y por delincuentes comunes. Pueden ser 378 en manos de las Farc, en los últimos 4 años, dice País Libre; pueden ser 97, de los cuales 35 realizados por las Farc, dice Fondelibertad; pueden ser más y no lo sabremos nunca, si se habla de más 600 desaparecidos en los últimos 10 años.
Ese país bajo el fuego intenso del conflicto desde 2008, como lo saben quienes alguna vez vivieron en el norte del Cauca, en el norte de Nariño, en Arauca, y en los 347 municipios en los que cabalgan impunemente las mal llamadas bacrim…
Ese país en el que, según Santos, el 12% de la niñez está desnutrida y hay un millón 200 mil infantes vulnerables, y en el que uno de cada tres habitantes vive en tugurios, según el reciente informe de Unicef sellado con esta sentencia: “Cada niño desfavorecido es el testimonio de una afrenta moral…representa una oportunidad perdida”.
Ese país de peatones atrancados, de vehículos atorados, de aviones retrasados en medio de la impotencia generalizada.
Ese país apenas vislumbrado por aventuras cinematográficas que la mayoría nunca conocerá: “Chocó”, “Porfirio”, “Apaporis”, plenas de historias cruzadas.
Ese país que busca regreso, de esa diáspora triplemente desilusionada, primero acá, luego en el primer mundo ahora en crisis, y de nuevo en este aquí sin oportunidades.
Ese país del rebusque que sale todos los días a las calles, a los semáforos, en la televisión para mostrar por todo talento sus hambres, sus cucarachas….
Ese país, que sale a la superficie de vez en cuando y llega abruptamente hasta las cómodas playas de sus congéneres, y alcanza, si acaso, a desanimar a algunos turistas.
Ese otro país unido apenas por un nombre en los libros de geografía, por un gentilicio y por un destino del que apenas conocemos por temporadas, cuando nos arroja sus miserias, como un mar de leva.
