Por: Mario Morales
Nada que hacer. Es la entronización del principio de mercado sobre cualquier otra consideración política o humana. (Publica el Espectador)
En lo local queda reflejado en esa suerte de subasta que define la licitación de cerca de medio millón de refrigerios para colegios públicos, no obstante advertencias de diversos sectores por riesgos de detrimento en calidad y condiciones sanitarias.

Plausible la búsqueda de transparencia, pero ¿no es curioso que en el gobierno de la Bogotá Humana, su subsecretario de Permanencia y acceso le diga a El Tiempo que no puede haber visitas previas a oferentes para no “vulnerar el principio de mercado”?

Y en lo global quedó retratado en múltiples acuerdos entre empresarios, esos sí verdaderos ganadores de la Cumbre de las Américas, sin tanto show ni polémica.

Pero el moño lo pone el arranque del TLC con Estados Unidos, narrado en los medios como el premio a una gesta deportiva. Sólo faltaron desfiles de gratitud.

Esa vocinglería no dejó oír las preocupaciones de agricultores, ganaderos y voceros del sector salud, entre otros, que denunciaron improvisación porque, no obstante el lustro que hace que se iniciaron negociaciones, no vamos a estar preparados para exportar a EE.UU., y aún falta cumplir condiciones sanitarias y protocolos para alcanzar los estándares que exige ese país. En cambio, de allá nos llegarán, a más tardar a mediados de agosto, carne de res, pollo, lácteos y huevos a precios con los que no podrán competir nuestros productores, especialmente minoristas.

Lo mismo sucederá con productos farmacéuticos y agrícolas que en primera instancia podrían favorecer a consumidores, pero que tendrán incidencia en empresas, industrias, agroproductores y empleados; todo en nombre del principio de mercado.

No deja de ser una contradicción que a la par con la restitución de tierras comience así un TLC que deja a sus eventuales beneficiarios fuera de competencia antes de tiempo.

Como se ve, es un despropósito hablar en cumbres de inequidad, pobreza e injusticia social, a sabiendas de que desde el principio estaba el mercado, que a su vez parece ser el único principio que no se puede vulnerar.

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