Por: Mario Morales
Siempre habrá un pretexto o una disculpa para volver al pasado, incluso contra todo sentido común. Campeones olímpicos en el arte milenario de recular para mordernos la cola. Botones de muestra hay suficientes para llenar todas las vitrinas y todos los catálogos. (Publica el Espectador)
¿O alguien entiende, en plena era de discusiones acerca de “equidad y de justicia”, que se vuelva a imponer el cobro básico de energía eléctrica así no haya consumo?
¿O que, hablando de transparencia y urnas de cristal, hayamos regresado a la revisión tecnomecánica para automóviles en sus primeros seis años de uso?
¿O que, sin superar la polémica y los escándalos por la reforma a la justicia, la solución al hacinamiento carcelario sea dejar libres a sindicados y condenados de delitos menores?
¿O que haya que terminar a como dé lugar, no obstante los riesgos ambientales, hidrológicos y geológicos, el primer tramo de la Ruta del Sol dizque por el invierno y dizque para cumplir cronogramas?
¿O que queramos burocratizar más la dirigencia deportiva por los celebrados triunfos en Londres, fruto, más que de ninguna cosa, del esfuerzo personal y familiar de los consagrados?
Y si eso es en el terreno de los hechos, mejor ni hablar en el de los debates geoestacionarios de, por ejemplo, el control de consumo de drogas, del metro para Bogotá, de la izquierda unida jamás será vencida, del blindaje al café tipo exportación, de la violencia intrafamiliar que tiene una víctima cada 6 minutos en promedio o de la común que se lleva una vida colombiana cada 30 minutos.
Llamémoslo como queramos, complejo de Peter Pan, síndrome del yoyo, tara genética, intereses creados o bazar de los idiotas; lo cierto es que aquí, por sólida que parezca, siempre será difícil decir prueba superada.
