¡Más que suficiente!
Por: Mario Morales
Era de esperarse. Tristemente. Con el ambiente de guerra sicológica reinante la profecía se está cumpliendo. (Publica El Espectador)

De la artillería verbal, descalificadora y violenta a los hechos había un trecho muy pequeño como lo demuestran los asesinatos de periodistas y servidores públicos, los planes para atentar contra la vida de otros y las creciente amenazas de todo tipo.

Era más que suficiente para parar con las dolorosas escenas por el asesinato de la directora del grupo tributario de la Dian en Neiva, Celina Escobar Flórez, por cumplir con su deber. Paradigma de brutalidad contra los que persisten en la lucha anticorrupción.

O bastaba para decir no más con el crimen contra el periodista Alberto Lázaro, del Valle, o el absurdo atentado a Ricardo Calderón de Semana por su eficiente trabajo investigativo, para que bajara el tono y contenido de las expresiones de funcionarios, políticos en campaña, feligreses, periodistas, tuiteros y voceros de sectores civiles presuntamente desarmados.

Pero no… Tercos hasta el abismo los bandos en contienda afinaron puntería. Unos más que otros, me dirán, y quizás sea cierto. Pero seguir aupando posiciones extremas en lo que tiene que ver con opciones sexuales, creencias religiosas, libertades civiles y cumplimiento del trabajo en el servicio público o en el periodismo, es sentar bases para que desadaptados se sientan con derecho a actuar.

Por eso hay que rechazar con vehemencia, sin confundir energía o firmeza con agresividad, que hoy estén en la mira de los sicarios, trabajadores honestos de la investigación social en casos dramáticos de corrupción, como León Valencia y Ariel Avila, o de la opinión y del trabajo periodístico como Gonzalo Guillén. Honor y protección a los valientes reporteros y funcionarios honestos que dan ejemplo de coherencia sin agresión.

No pueden ser disculpas para la artillería verbal ni el necesario debate sobre el proceso de paz ni el inicio de la campaña electoral. No hay que hacerle el juego a los redobles de trompetas de quienes esperan un pretexto para materializar su guerra sucia.

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