Por: Mario Morales
Toma aire el alcalde Petro.En uno de los momentos más críticos de su administración, las encuestas no sólo comienzan a ceder en su curva negativa, sino que dejan ver una franca recuperación en la aprobación que le dan los bogotanos a su gestión, como lo muestra el sondeo del Centro Nacional de Consultoría. (Publica El Espectador)
De abril a mayo subió 7 puntos y ya alcanza el 45%. Ese indicador arrastra también la imagen positiva del alcalde, que subió 4 puntos y hoy se sitúa en el 44%. Con base en las encuestas de los últimos meses ya se puede hablar de una tendencia en la percepción ciudadana, que ha comenzado a entender y a ver mejorías.
En abstracto, se acerca Petro al promedio histórico de favorabilidad de nuestros burgomaestres, que en las dos últimas décadas ha sido polarizado; pero más que eso, se comienza a percibir la pertinencia de políticas de movilidad (el pico y placa incidió para bajar compra de automóviles), de tratamiento a problemas mito como la calle del Bronx (y sin represión), en asuntos de interés social para los menos favorecidos, así como las políticas para el trato de animales.
La ciudad respira tranquila en relación con la honestidad, como lo expresa el 55% de aprobación en este ítem, uno de los más altos junto con educación.
No hay lugar, sin embargo, para campanas al vuelo. El alcalde va aprendiendo, pero le falta ejecución en todos los órdenes, pero sobre todo pedagogía, como en el caso polémico del POT. El error ha sido dejar la iniciativa del debate a la oposición y salir luego a dar explicaciones. Tarde.
No sería justo con la ciudad que cuando las cosas comienzan a funcionar, cayéramos en el pantano de una destitución por asuntos menores o en el abismo de una revocatoria.
Intereses, cuando no venganzas, emergen por doquier. Hay que ver no más a ciertos delfines o líderes de opinión y de medios… No más río revuelto. Hay que dejarlo terminar.
