Por: Mario Morales
De los tres grandes ases que tenía Santos para buscar su reelección, sólo le queda uno, el más incierto. (Publica El Espectador)
Su primera opción era el apoyo popular, fruto de sus políticas. La rechifla plebiscitaria de la semana pasada, en calles, redes, mentideros y medios, le dejó claro al presidente que perdió el año y que por ese lado, a nueve meses de elecciones y sin equipo humano, se quedó sin tiempo.
La segunda opción era el camino expedito de los diálogos de paz en La Habana. Pero como dijo ayer su negociador, Sergio Jaramillo, las conversaciones viven un momento “crítico”, porque los tiempos no dan ni en lo institucional ni en lo electoral. Y el proceso, en vez de empujar capital político para Santos, se lo sustrae.
Sólo le queda el eventual apoyo de la clase política en torno a su Unidad Nacional, que celebra a rabiar la crisis ministerial, no sólo por la ‘palomita’ en el poder que se podrán dar algunos de ellos, sino porque con la sartén por el mango, entienden que se intensificará la temporada de mermelada.
Y escrito está que es el más incierto, conocida la vocación veleidosa y oportunista de los dirigentes de los partidos que aún pueden respaldar al “buen gobierno” (habría que comenzar por cambiarle el nombre), y que luce como la fachada de su sede, despintada y con goteras, ad portas del invierno.
Le tocará a Santos buscar que lo lleven otra vez en andas, con la mascarada de “darles oportunidad a las regiones”, como dijo ayer el senador Cristo. La diferencia sería que esta vez pagaría por adelantado con carteras y viceministerios. La desconfianza es parte de su legado.
Y si es verdad que ninguno de los candidatos uribistas representa un peligro real (hablando de votos), no es descabellado pensar que emerja una nueva opción para una ciudadanía que ha comenzado a añorar, como hace cuatro años, un candidato distinto.
¿Y quién? Si Peñalosa hace el viraje y Navarro se corre un poco más hacia el centro, podrían acaso catalizar esa “tercera vía” de la que hablaba Santos cuando aún creía en el “buen gobierno”… A tiro de as.
