La verdad hemos estado cerquita. No faltó nada, como dicen las señoras para que nos dieran el premio Nobel de Economía. Se nos adelantó el norteamericano Edmund Phelps, con una tesis sobre las tendencias de los salarios y los precios y su dependencia tanto de las expectativas de la inflación como del desempleo. Lo que pocos saben es que entre los finalistas de la academia sueca estaba el Ministro Carrasquilla con un trabajo (inédito para el país) que hace posible que el crecimiento aumente generosamente (5.96% en el segundo trimestre) al mismo tiempo que crece el desempleo (en un 1.6%). El problema radicó en la falta de Lobby por la enfermedad de Ricardo Galán, jefe de prensa de Palacio, que ya tenía su corazoncito puesto en la Comisión de televisión.
Otros a los que se les quemó el pan en la puerta del horno fue al dúo dinámico de Germán Vargas y Juan Manuel Santos. De nada valieron los 32 millones de firmas de compatriotas que certificaban que no hay en el mundo más química que amerite un Nobel que la que tienen ellos. Los majos de la academia prefirieron a Roger D. Kornberg, por sus estudios de la base molecular de la transcripción eucariótica. Es hijo de otro premio Nobel hace 47 años, el doctor Arthur Kornberg que también investigaba el ADN. Lo que prueba que los delfinazgos no son patrimonio de los Name y de los Guerra Tulena.
El Nobel de Medicina fue otorgado a otros dos estadounidenses, Andrew Z. Fire y Craig C. Mello por la Interferencia de ARN o silenciamiento génico por ARN de doble cadena. Díganme si no es injusto haber dejado con el frac puesto a Manuel Elkin Patarroyo que iba a anunciar en Estocolmo el descubrimiento de la vacuna contra el mal de ojo que tuvo el apoyo de las ARP del país.
Como si fuera poco, otros dos gringos nos quitaron de las manos el Nobel de Física. En Suecia prefirieron a John C. Mather y George F. Smoot, por su descubrimiento de la forma de cuerpo negro y la anisotropía de las microondas de la radiación cósmica de fondo. Ignoraron olímpicamente a los insignes prohombres de las Fuerzas armadas colombianas que lograron revertir las cargas eléctricas de las encuestas electorales a punta de positivos en un ambiente enrarecido.
Tan de malas estuvimos, (la falta que comienza a hacer el síquico Martí), que ni siquiera alcanzamos un galardón en los Premios «anti-Nobel», la alternativa irónica a su formal contraparte escandinava, entregados hace unos días por la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachussets.
Esos premios que exaltan los trabajos inútiles (Un repelente de adolescentes, un estudio sobre por qué molesta el sonido de las uñas al arañar un tablero y otro acerca de la interrupción del hipo mediante masaje rectal) ni siquiera tuvieron en cuenta los méritos para tan alta dignidad que ha acumulado en los últimos cincuenta meses el Comisionado Luis Carlos Restrepo, los esfuerzos por posesionarse del Ministro de Protección Social, las bebidas para espantar el sueño del Ministro Holguín, el desodorante para espantar modelos del Minagricultura, el fijador multiusos para cabello y sonrisa, todo en uno, de la Ministra de Cultura, la habilidad repentista de Pacho Santos, las hernias de los técnicos de Santafé, el bachillerato por radio de Carolina Cruz, el trainer personal de Isabel Sofía Cabrales, el genio escatológico de Dago García, y el tristísimo humor de Mesa de Noche y de los nuevos comentadores de opinión.
Menos mal para remediar estos últimos desplantes existe el premio Simón Bolívar, (como le consta al avezado periodista López Michelsen), Los India Catalina, los Grammy Latinos, Los Tv y Novelas y por supuesto, los Étores. Al fin y al cabo Massachussets queda muy lejos y en Estocolmo ya está nevando y de sueco no entiende nadie, ni Holmes Trujillo, embajador nuestro en escandinavia, ah y también candidato en Harvard por sus primeros seis meses de gestión.

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