Un artículo de opinión publicado por el diario El Colombiano asegura que las acciones del gobierno de Álvaro Uribe de liberar gradualmente a los presos guerrilleros responde a la lógica del marketing político.
“En Colombia no estamos acostumbrados todavía a una asociación metódica de las decisiones de la autoridad estatal, con las fórmulas de simple sentido común, dictadas por el pragmatismo del marketing y la comunicación, que está obrando una suerte de refundación de la política en las democracias contemporáneas”, asegura su autor, Juan José García Posada.

Desde su perspectiva, la decisión de liberar a los guerrilleros favorecerá la imagen del presidente. Información publicada por el diario El Colombiano (Colombia).

La otra lógica del marketing político

Por Juan José García Posada

No sólo muchos ciudadanos se declaran perplejos ante las acciones gubernamentales más recientes, como la liberación gradual de guerrilleros. También algunos hermeneutas de la realidad manifiestan que no atinan a establecer qué está pasando y por qué. Para intentar la comprensión del acontecer político diario y de las decisiones presidenciales y no dejarse asombrar por su presunta impredecibilidad no basta la vieja lógica habitual que se basa en la lectura maliciosa del trasfondo y la letra menuda y en el seguimiento de reglas de suspicacia tales como la de «piensa mal y acertarás», tan común en el análisis de situaciones de la vida nacional y en cierta forma tan útil para captar el curso de los acontecimientos.

En materia de observación y escrutinio de los hechos políticos está poniéndose a la orden del día otro método lógico, el del marketing. Al contrario de lo que advierten varios comentaristas cuando critican confundidos las improvisaciones y los bandazos presidenciales, en realidad sí hay estrategias y tácticas de aceptable coherencia, si en la explicación del discurrir de los sucesos se aplican ciertos criterios y procedimientos recomendados por cultores de esta nueva especialidad de la politología y la comunicación. En Colombia no estamos acostumbrados todavía a una asociación metódica de las decisiones de la autoridad estatal con las fórmulas de simple sentido común dictadas por el pragmatismo del marketing y la comunicación, que está obrando una suerte de refundación de la política en las democracias contemporáneas.

Aunque uno se mantenga a buena distancia de los centros del poder, no es difícil percibir el influjo de avezados asesores de marketing político en gobiernos como el actual. Su carácter mediático, su afán por la difusión constante de planes y programas, su insistencia en una idea primordial, una idea-fuerza (la seguridad democrática) y su simpatía por las apariciones impactantes, así como su acercamiento a la gente (incluso con el riesgo de caer en el populismo) son demostrativos del seguimiento de una estrategia de campaña permanente. Gústenos o no, creo que así es.

Quien quiera conocer los elementos principales del marketing para interpretar el acontecer político actual y admitir que los hechos no son tan absurdos, ni las decisiones son tan precipitadas, ni los actos u omisiones resultan de simples improvisaciones o de golpes de intuición, bien pueda leer Comunicación y Marketing Político, el libro del profesor Carlos Andrés Pérez Múnera, publicado por la fundación Konrad Adenauer con la Corporación Pensamiento Siglo XXI. Frank Priess, Director de Comunicación Política de la reconocida fundación alemana, dice en la introducción de esta obra que puede catalogarse como una de las precursoras de la naciente especialidad en nuestro país: «Lo dicho se basa en la indiscutible verdad de que ganar es una cosa, pero gobernar bien es otra muy distinta. Para el éxito, seguramente no cuenta sólo la comunicación. Pero sin una eficiente y eficaz comunicación, hoy en día ningún gobierno puede mantener alta la popularidad en la opinión pública. Cada día se observa en los medios un plebiscito sobre los gobernantes. Quien ignora esto estará condenado al fracaso seguro».

Los expertos en la novísima disciplina del marketing aconsejan que el buen político no sólo debe alistarse para ganar las elecciones sino, sobre todo, para cuidar y administrar con tino el caudal de respaldo y de aproximación a la voluntad general y velar por que no se sacrifiquen la popularidad y el puntaje que asignan las encuestas. La demoscopia no es, hoy en día, un simple juego de probabilidades, sino una brújula para el buen gobierno. Por tradición, los gobernantes colombianos llegaban al mando con buen apoyo electoral, pero era tal su desgaste (su incompetencia para seguir ganando favorabilidad) que rara vez terminaban el año final del cuatrienio sin padecer los rigores y castigos de andar con el sol a las espaldas. Es probable que el marketing político de algún modo represente una versión corregida y actualizada de los consejos de Maquiavelo al Príncipe: La primera obligación del gobernante consiste en sostenerse en el poder. No basta ganar elecciones si al poco tiempo de gobernar se va perdiendo en el referendo cotidiano de la opinión pública. Hoy podría decirse que, si el éxito electoral se dilapida, ganar es perder.

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