¿Alguna duda?

Por Mario Morales
Usted como yo, amable lector, habrá vuelto a sentir ese pánico interior que creímos haber superado hace cuatro años. Y no sólo por las actividades, medios y fines del uribismo (porque el zuluaguismo nunca llegó a existir) que revela el video publicado por Semana. Lo visto allí, bastó para desatar el nerviosismo nacional que cundió durante el gobierno pasado. (Publica El Espectador)

Pero, más que eso, el trauma afloró por la respuesta desproporcionada, cínica y agresiva del autodenominado Centro Democrático. Craso error de reacción, a pesar de que, como consta en el video, esperaban algo así. Frente a tal evidencia se desató una cadena de mentiras, contradicciones, balbuceos e incoherencias subidas de tono. Sus propios manuales hubiesen recomendado dar la cara, escoger un solo enemigo y no irse lanza en ristre contra el país entero. Pudo más el talante peleonero.

En otra campaña, sin antecedentes ni pasado, el suceso no hubiera afectado tanto. Aquí, el efecto bola de nieve no se hizo esperar. Eso les pasa a quienes han jugado con la psiquis y dejado tantas heridas en el alma colectiva.

Esa paranoia ha logrado en horas lo que no hubiesen podido la politiquería y el clientelismo: unir partidos, tendencias, sectas e intereses en contra del causante del miedo fantasmal de nuestros desvelos.

Rompió incluso la base inamovible del voto en blanco que, como dice César Caballero, estará debajo del 10% de los votos del domingo, frente al escaso 15% del uribismo fanático que no entiende de razones. ¿Cabe soñar con la utopía de una única vuelta? Lo que nos ahorraríamos…

Quebró también la tendencia del elector consciente que vota en primera vuelta por su partido o candidato y en segunda vuelta piensa en el voto útil. Se comprende; el miedo puede más.

Se despejaron las dudas. Ya no sólo es la supervivencia del proceso de paz, que dejará de pertenecer a Santos para convertirse en mandato popular; se trata también del “nunca más” a esa horrible noche que nos acaban de recordar.

La cascarita del victimismo

Por Mario Morales

Si por algo habría que juzgar el cubrimiento de los medios en esta campaña electoral es por haber caído en la trampa de la retórica demagógica del victimismo que implementó el uribismo incendiario con dos fines: despertar lástima y solidaridad y para no tener que dar explicaciones sobre las múltiples acusaciones pasadas y presentes de un movimiento que le ha apostado a la hecatombe desde que perdió la razón. (Publica El Espectador)

Ha sido tan efectiva la estrategia que hoy, increíblemente, hay quienes piensan que Uribe es el perseguido y Santos el autoritario, que Uribe es el demócrata y Santos el “castro-chavista”.

La génesis del problema mediático y periodístico, como ya se dijo aquí alguna vez, hay que buscarla en el reflejo condicionado que montó el ahora senador de destilar dosis de veneno y odio en cada declaración o consejo comunitario. Pasados los años, los reporteros aún hoy salivan frente al Twitter esperando que Uribe y sus áulicos abran fuego cada día y, más grave aún, les den crédito a sus ideas desquiciadas. El Gobierno ingenuamente ayuda a esa práctica, respondiendo y contraatacando.

Pararles bolas y luego darles prominencia a esas ideas trastornadas se convirtió en una rutina periodística automática generalizada, infectada de morbo y facilismo, que ha sido complementada por el bombardeo perturbado de joseobdulios y londoños buscando a toda costa convertirse a sí mismos o a terceros (como la Fuerza Pública) en chivos expiatorios para lograr entre los muchos despistados ese sentimiento de culpabilidad. Sumen encuestas amañadas y el aura de “intocables” ante la ley, como malosos de esquina, y está listo el coctel explosivo que busca petardear el proceso de paz.

Aciertan los medios al darles más despliegue a hechos delincuenciales, como las chuzadas ilegales contratadas por la ultraderecha, frente a rumores sin pruebas. Ahí fueron precavidos, pero resbalan en la cascarita de cubrir como si fueran noticias lo que no son más que intentonas de generar miedo. La diferencia entre una política mediocre y un régimen de terror.

Primero lo primero

Por Mario Morales

Se entiende que la guerrilla no le quiera dar la manito a Santos en esta instancia electoral con la aprobación del tercer punto de la agenda de La Habana. Aprovecha el momento débil del Gobierno en la mesa, en encuestas, luego de los escándalos mezclados con propaganda negra de la oposición. Un poco de su propia medicina. El objetivo de la presión es lograr que se instale una comisión para que se esclarezca el conflicto y sus responsabilidades desde sus orígenes y no en la última fase. (Publica El Espectador)

Pero esa presión puede devolvérsele a la insurgencia como un bumerang. Si, como se prevé, Santos gana en primera y segunda vueltas, la presión cambiará de sentido con el amplio margen de 4 años.

Pero si no, a la mesa le quedarían dos escenarios: si gana el candidato del mandado, del odio y la venganza, el proceso estallaría en mil pedazos antes de su posesión. Y en la posibilidad de que triunfe Peñalosa, el proceso se desharía en la medida en que aflore el verdadero talante autoritario del exalcalde.

Partiendo del principio de que la paz debe trascender los hombres y ser política de Estado, la guerrilla se equivoca cuando dice que cualquiera puede continuar el proceso.

Por eso, vistas encuestas, tendencias y campañas, llegó la hora de dar el paso a ese 25% de colombianos, según el sondeo de Cifras y Conceptos, que, guarecidos en el voto en blanco, el No sabe aún o el No responde, esperamos hasta última hora para decidir.

Y esa decisión es la opción por la paz. Una tendencia que ya comenzó desde abril en la mencionada encuesta, en la que aumentó en 6 puntos porcentuales la favorabilidad de las negociaciones.

Votaré por que continúe el proceso y luego volvamos a barajar. Eso sí sin perder la perspectiva crítica, proverbial en este espacio ante un mandatario con resultados tan mediocres. Pero primero lo primero…

Pasar la hoja

Por: Mario Morales
Lo que molesta es la falta de ganas, la desidia. En los pobres guarismos de las encuestas está el premio a su desdén.Pero ni así se quejan. Conformes con su suerte, los candidatos presidenciales se fueron por el menor esfuerzo, es decir, maquinarias, clientela y giros.Huérfanos de carisma, no se entiende que no quieran enamorar a sus públicos. Porque no llegar al 30% de favorabilidad a quien marcha acaballado en cuatro años de historia, es vergonzoso. Celebrar porque al cabo de tanto inflamil otros llegan al 15%, es un despropósito. (Publica El Espectador)

Que su imagen no transmita, se les perdona; a veces la naturaleza se ensaña. Quizás sea por eso que las emociones que apenas “despiertan”, según Ipsos Napoleón, sean curiosidad cuando no confusión.

Pero no aprenden. Van de espaldas a la tradición en comunicación política. Tratan a los medios con desprecio. No conocen sus lógicas. No saben de seducción. La truecan por engaños.

Incapaces de hablar sin libreto, creen que comunicar es aparecer o registrar. Echan por la borda ese acervo donde la razón o la emoción levantaron imperios o destruyeron mitos. Confunden propaganda política con publicidad, frases de cajón con ideología y declaraciones con discurso político.

Y sus escasas ideas no saben decirlas hasta los límites del sueño o la utopía. Ignoran que es en el lenguaje, la imagen y el símbolo donde nacen y mueren los grandes proyectos, donde resucitan o se entierran las culturas.

La prueba reina no es que algunos los odien sino que sean más quienes no los conozcan y que sean incapaces de generar opinión, como dice Ipsos Napoleón que les pasa a todos aunque en menor proporción, como es obvio, al binomio Santos-Vargas Lleras.

Que a estas alturas del conocimiento, y con tal grado de infoxicación, haya tanta desconexión con sus gentes, muestra su descomunal ineptitud.

Ni ese desamor quedará para la historia. Sin mensaje y sin afectos, sólo queda el fracaso. Que llegue ya el 2018.

En olor de gratitud

Por Mario Morales

Quizá sólo faltó el Papa a los homenajes póstumos de Gabo.
O quizás sí estuvo (todo es posible, si nos atenemos al carácter clarividente del nobel ya expresado en Los funerales de O tal vez no vino porque no pudo girar la llave como le sucedió con él, a uno de sus antecesores.la mamá grande), aunque esta vez de anónimo en medio de las muchedumbres fervorosas que se empujaron sin pudor para darle el último adiós en Bogotá, México, París o Aracataca un poco después del aguacero. (Publica El Espectador)

Nadie ha querido faltar a la “más espléndida ocasión funeraria que recuerden los anales históricos” para despedir al más grande castellano de los tiempos modernos, si creemos que la patria es la lengua que habitamos, como dijo o citó Gelman, el poeta, para evitarnos el falso dilema de las nacionalidades y de las ideologías que no tocan a los genios.

Para la memoria quedan estos seis días emotivos en los que el planeta en pleno ha rendido homenaje al maestro de la palabra, al re-creador del relato que, parafraseando a Joyce, logró “forjar en la fragua de nuestro espíritu la conciencia increada de esta raza”.

Días en los que Gabo, “demasiado embebido en su eternidad de cenizas para darse cuenta de la magnitud de su grandeza”, pudo recobrar “la momentánea juventud de su fotografía ampliada a cuatro columnas” y dejó a sus congéneres la “lección histórica” de haber hecho bien la tarea: eximio escritor, mejor periodista, padre intachable, esposo entrañable y amigo de sus amigos.

Como la mamá grande de sus creaciones, supo dejar un inconmensurable legado de bienes materiales representados en cada una de sus maravillosas palabras escritas, y la tarea a quienes alguna vez tratamos de seguir sus pasos, de hacer la “enumeración minuciosa de sus bienes morales”.

Nada más, Gabo. Nada menos. Honor al ciudadano del mundo que “vivió en función de dominio durante 87 años y murió en olor de gratitud”. Gracias por siempre, maestro.

Suscribir
Twitter
Visit Us
Follow Me
YOUTUBE
LinkedIn
Instagram