por Mario Morales | Oct 2, 2026 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Pedirle coherencia al gobierno es arar en el desierto. Primero por su desconocimiento que lo ha hecho patrasearse sin asomo de vergüenza. Segundo por su impertinencia que lo tiene enfrentado con podercillos económicos o políticos que pasarán factura cuando esté en juego la gobernabilidad. Y tercero, porque sigue experimentando para impactar las emociones ciudadanas.
Por eso la recurrencia en contradicciones y paradojas, una estrategia común entre outsiders, para ocultar improvisación o la falta de una hoja de ruta, barnizar equivocaciones para que parezcan intencionales o para exacerbar la tribuna y tomarse la agenda vía escándalo.
Eso pasa con la pistola al cinto del presidente. Nada más contradictorio que las armas para razonar sobre seguridad. Nada más eficiente que soliviantar el miedo para que el ciudadano se pliegue y deje de tener reparos.
O hablar de transparencia e institucionalidad mientras se ataca a los jueces, se les despoja de competencia para conocer en primera instancia tutelas contra el presidente y entregársela al Consejo de Estado. Se infunde la idea de legítima defensa presidencial, mientras el ciudadano pierde garantías para controlar eventuales desmanes gubernamentales.
O la exigencia de claridad y probidad en las cuentas oficiales, acudiendo sin descanso al “petrovisor”, pero evitar la rendición de cuentas sobre donaciones recibidas, usos del helicóptero, nombramientos de parientes de (ex) familiares o acerca de la idoneidad de funcionarios que no tienen pelo para moño.
O la del tal imperativo de no iniciar negociaciones con personas al margen de la ley, salvo que pudieran ser conocidos o pudieran dar pistas sobre otros delincuentes no tan conocidos.
O la de hablar austeridad para terminar presentando un presupuesto 2027 superior en casi sesenta billones de pesos al del gobierno anterior.
Y así una lista larga que incluye la de despachar desde el Palacio de Nariño y no desde el Palacio de San Carlos, las idas y vueltas con el banco de talentos, las vocerías gubernamentales, el respeto por la libertad de expresión… en fin.
La estrategia es entonces hablar a veces como gobierno, a veces con tono de oposición (a la clase política, por ejemplo) para descolocar a adversarios. Sobredimensionar la inseguridad para que la población sacrifique derechos para recuperar la “calma perdida”. Polarizar a todos los niveles para impedir alianzas entre grupos rivales. Pero sobre todo distraer con globos de ensayo (con el festival de anuncios en trinos y alocuciones) o cortinas de humo, con acciones espectaculares como la de Santa Marta.
A su favor juegan la fractura de la oposición, la creencia de que se trata de efectos aislados, la pérdida de autoestima y la ausencia de una comunicación unificada que dispute el monopolio de la agenda pública. Llegan tarde. Por eso siguen cayendo en la trampa.
por Mario Morales | Sep 25, 2026 | Actualidad, Blog, Lib. expresión, Libertad de Prensa, Opinión, Uncategorized
Por Mario Morales
No es solo la prohibición de acceso a reporteros en la Casa Blanca, ni la estigmatización a periodistas incómodos, ni el privilegio de comunicadores con rodilleras a recibir información relevante. No es únicamente la creación de su propia red social y ahora un canal de tv. Se trata de la guerra total que Trump le declaró al periodismo como lo conocemos y la respuesta que están dando valientes empresas y medios, aún a riesgo de su supervivencia.
Es una guerra irregular y asimétrica en la que el mandatario estadounidense toma decisiones que sobrepasan la ley, acuerdos democráticos y el sentido común. Esa es su vileza y su fortaleza, a sabiendas de que las casas periodísticas no responderán, por impedimento moral y sindéresis con bajas estrategias.
Pero la decisión de no hacer cubrimientos desde allí, iniciada por CNN, Político, MS Now, apoyada por ABC, CBS, Fox News y NBC, y respaldada por el Washington Post y New York Times para no publicar fotografías con origen en la Casa Blanca, es un hito gigante que revive el pulso acaecido con Obama por persecución a las filtraciones y exagerado control a la información, y con Cristina Kirchner por presión del poder, boicot de la pauta y leyes contra la libertad de expresión. Ambos mandatarios tuvieron que ceder.
Pero ahora suma la demanda contra el gobierno de los primeros medios implicados en defensa de la Primera Enmienda, lo que lleva la disputa a terrenos jurídicos y constitucionales, para frenar y sentar precedentes a aventuras antidemocráticas justo en época electoral.
El resultado de esas contiendas determina el presente del periodismo en su lucha permanente por no desaparecer. El resultado del boicot pone en juego la legitimidad del mismo ejercicio periodístico, la confianza en la información de calidad y su rol de pilar de la democracia frente al despotismo.
Además, ese resultado quitará o dará alas a quienes, en el resto del continente, imitan con solaz a Trump en sus aventuras antidemocráticas. Mientras el republicano apuesta al todo o nada, el periodismo sabe que debe sobrevivir para hacer la transición, eso sí, sin perder su inviolable misión de contrapoder.
por Mario Morales | Sep 18, 2026 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión, Uncategorized
Por Mario Morales
Una cosa es hacer política con la rabia, otra dejarse llevar por ella. En el primer caso esa emoción, asociada a indignación, es estrategia para vehicular sensaciones colectivas. El político bebe o hace como si bebiera de ella y la transfunde en pegante social.
En el segundo caso el gobernante es presa de la exaltación, asociada a la ira, a lo visceral, que le hace perder el control y lo arrastra a terrenos de la vindicación, donde se confunde lo personal con la ideología.
La historia recuerda al séptimo presidente estadounidense Andrew Jackson, famoso por sus duelos; al irascible y rencoroso Richard Nixon y, como no, al Trump salido de casillas, especialmente frente a preguntas incómodas. Hay más ejemplos, casi siempre relacionados con autoritarismo.
No son pocas las veces en las que el actual presidente pareciera navegar en las aguas brumosas de esa rabia como se puede deducir de su abrupta decisión de prescindir del director del Dane, cuyo único error fue reconocer que no hubo manipulación de cifras en el pasado gobierno. Un mensaje preocupante que deja ver que no solo van por las imágenes, las palabras sino también por las estadísticas.
Expresión de enfado profundo fue la orden de levantarse de las mesas de empalme que hoy tanta falta hace y que no suple el libro de la Verdad, que ha tenido tan malograda vigencia.
Manifestación de enojo ha sido la actitud frente a Uribe, Paloma y su partido luego de que se negaran a recibirlo como precandidato en épocas de campaña.
Muestras de furia se vieron durante sus entrevistas de radio de entonces o debates como con Ariel Avila. O cuando interrumpió su intervención en Montería porque alguien hablaba por teléfono.
Es el síndrome de Hubris, como se le llama en sicología política a la intolerancia a escuchar, a la crítica o al disenso, como lo sabe el gobernador de Nariño o quienes, sin filiaciones políticas trabajaron en el gobierno pasado.
Y es que en este trastorno explosivo intermitente es un torbellino en el que hay un paso de la rabia al rencor y otro de allí a la venganza que no deja ver que, en estrategia, la rabia es mejor producirla que sentirla.
por Mario Morales | Mar 4, 2026 | Actualidad, Análisis, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Todo lo previsible sucedió. Ante la escasez de espacios mediados masivos, las percepciones y emociones para estas elecciones, como antesala de la primera vuelta, quedaron en manos de las encuestas, algunas más que polémicas, controvertidas; de redes sociales, viciadas con desinformación y efectismo; de relatos periodísticos, algunos contaminados por sesgos imperdonables; y la plaza pública, con relatos no siempre transparentes para quienes no asistieron.
Es decir, es una campaña deficitaria desde la perspectiva ciudadana, sobre todo para ese 40% de indecisos, con poco de donde echar mano, más aún con la oleada frenética de pretendidos influenciadores que creen que pueden inducir con retórica desgastada el voto ajeno.
Pero subyacen otros elementos poderosos en el comportamiento del votante, poco trabajdos pero con enorme incidencia:
1. La perspectiva de futuro, asociada a la esperanza, para cambiar lo que no funcionó, reforzar lo que no estuvo mal, pero pudo ser mejor, o incluso preferir lo conocido frente a la incertidumbre de lo bueno por conocer.
2. La gratitud o el sentimiento de deuda por favores, prebendas, beneficios o resultados recibidos.
3.- La rabia, genuina o insuflada y no siempre confesada, así las experiencias recientes evidencien su inconveniencia.
4.-El reconocimiento, entendido, parafraseando a Martín Barbero cuando hablaba de tv y comunicación, como la identificación hasta el punto de la legitimación de causas sociales o políticas, de sus protagonistas, la emergencia de otros actores, de nuevas culturas populares, o viejas pero invisibilizadas, saberes cotidianos, resistencias y movilizaciones que ciudadanos de a pie transforman en referentes políticos y personales porque por fin se pueden ver representados y pertenecientes a “un algo” que los convoca y conecta, que los hacer ver útiles en algo alcanzable.
Entender esos comportamientos, más allá de maquinarias, tejas y tamales, ayuda a entender las recientes encuestas, pero también a performar la larga campaña presidencial que se avecina y a respetar la inteligencia de los ciudadanos. No todo es show o pura persuasión.
por Mario Morales | Feb 25, 2026 | Actualidad, Análisis, Ética, Lib. expresión, Libertad de Prensa, Opinión
Por Mario Morales
No es suficiente que un medio que incurre en una mentira monumental pretenda lavarse las manos echándole la culpa a su fuente. La pretendida revelación, aberrante de haber sido cierta, de que el gobierno se gastó 23 mil millones de pesos en peluquería para la primera dama es otro síntoma grave del estado de postración del periodismo, de los politiqueros que, a sabiendas, lo han utilizado y de la sociedad conforme o cómplice que lo acepta como pecado venial.
Y tan grave como el bulo es que el medio no dé la cara por su innegable paternidad, culpe al “sofá de la infidelidad” y que hagan lo mismo medios que reprodujeron la especie sin hacer su trabajo, por el cual pagan lectores y anunciantes.
Para un periodista serio esa es una cifra absurda, per se, que obliga a la confirmación de primera mano, a la contrastación con los implicados y a brindar contextos de verosimilitud. Pero nada de eso se hizo.
El resultado es que, en plena campaña electoral, se convirtió en leit motif de debates, discursos e intervenciones como si hubiese sido, y así quedará para la historia, una verdad sobre mármol.
Las vacunas contra bulos son filtros, editores y adecuadas prácticas periodísticas para no convertirse en idiotas útiles, como se sabe desde hace 190 años cuando “la noticia del siglo” fue que un astrónomo había descubierto vida en la luna a través de un telescopio. O como sucedió con el collar de Doña Elvia o la mal llamada mujer “barriga de trapo”, acerca de las cuales no se conocieron rectificaciones o explicaciones suficientes de quienes publicaron y replicaron.
Un caso diferencial y ejemplar, porque nadie está exento, fue la valiente postura del director de este diario con las notas publicadas con fuentes inventadas de un practicante, al separarlo de inmediato de la redacción, poner la cara a sus lectores y emprender acciones internas para que eso no se vuelva a repetir jamás.
Bajarse por las orejas del burro como si nada hubiese pasado le resta confianza al periodismo. Los medios periodísticos, ni privados ni públicos, pueden ser activistas y mucho menos oposición o gobiernistas. Si la sal pierde su esencia…
por Mario Morales | Feb 18, 2026 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
A este paso los seguidores de Abelardo de la Espriella van a necesitar casi que una consulta interna para definir cuál de las versiones que hoy circulan del candidato, se acomoda más con sus expectativas.
Han sido tantas y tan diversas las transformaciones del personaje que casi hay que leerlo con pie de página. Y son tanto los condicionantes que él mismo pone para interpretar lo que ha dicho o hecho que su campaña está signada por el efecto cebolla, si se tienen en cuenta cada una de las capas de significados, que algunos ven como insignificantes y que no hablan de habilidad camaleónica, sino de las múltiples contradicciones que tienen en ascuas a sus prosélitos que ya no sabe qué creer.
Parte de sus antecedentes han sido contados con weasel words o palabras comadreja, asociadas a la ambigüedad, la vaguedad o estrategias evasivas que, no obstante, no logran llenar los numerosos vacíos entre su concepción de la ética, su apropiación de la estética y sus redundantes aseveraciones políticas que, y no precisamente por concretas, cabrían en un tuit.
Muestra de su escasa acrobacia, además poco original, ha sido la manera como se acomodó sin ruborizarse al incremento del salario mínimo con la misma promesa golondrina de sus colegas a rebajar impuestos. Un globo que no pudo afinar con su melodiosa voz en medio de su desconcierto.
Esos movimientos de cintura que le aplauden sus áulicos son, a esta altura, la mayor flaqueza de su plataforma estilizada. Y la soberbia construida a coro con el inflamil de encuestas polémicas, casas de apuestas y frases relamidas es talvez el mayor factor de desconfianza entre la derecha, el uribismo, los cristianos de veras, los animalistas de conciencia y los cultores de la ética que comenzaron creyendo que estaban frente a un candidato de personalidad múltiple y hoy, sin más poder que el que dice tener, lo ven inubicable en el espectro, hasta el punto que ya cerca de la primera vuelta, y a falta de señas particulares concretas, es posible dudar de su existencia real.