El fenómeno asador

Por Memorin (Publica Semana.com)

Por estos días, nada funciona mejor que voltearse y gritarlo a los cuatro vientos. Es la práctica proverbial de quienes no pueden vivir sin las luces duras de la opinión pública, como las llamó la filósofa Anna Arendt.

De ello pueden dar fe Fabio Valencia, Luis Alberto Moreno y muy especialmente la flamante presidenta del Congreso, Claudia Blum. Todos ellos son «vergonzantes» de su pasado pastranista y hoy no sólo militantes, sino escuderos de la causa uribista.

En medio de sus nombramientos, unos ya oficiales y otros en capilla, ¿a quién se le puede ocurrir traer a colación sus volteadas? Y si así fuere, ¿A quién le importaría?

Eso es lo que no ha entendido el pobre de Horacio Serpa, uno de los candidatos (seguramente tampoco aquí ganará) al Guiness Record en giros de ciento ochenta grados sin presencia de rubor en las mejillas.

Dice el refrán popular que el que no se voltea no se asa. Pero una cosa es voltearse ganando (como lo ha aprendido hacer inveteradamente Noemí Sanín para broncearse y no ampollarse), y otra lejos del poder como les ha pasado a María Emma, a Samper y a la misma Piedad Córdoba, entre otros, hoy miembros de número del pabellón de quemados. Esa es la diferencia entre astucia, traición o falta de principios, como se puede calificar dependiendo en qué lado se esté.

Por eso hoy en la nómina de «astutos» iluminados por las totas televisivas, los flashes fotográficos y los candelabros de las reuniones sociales, aparecen Fernando Londoño (que de demandante pasó a defensor inefable), Turbay Ayala, Sabas Pretelt, Madona, el 69 por ciento del Congreso, la totalidad de los ministeriables, Laissa Reyes, Eduardo Escobar (debe estar muerto de la risa Gonzalo Arango que alguna vez hizo lo propio con Carlos Lleras), en fin.

Y a pesar de que aún la Corte no se pronuncia sobre la reelección, algunos ya tienen quemaduras de primer grado, otros de tercer grado y unos más astutos aún, siguen crudos en el partidor, playeros que son, a la espera del sol que más les alumbre.

Somos ingenuos

Por Memorín/ Publica Semana.com

Para el periodista Mario Morales el delirio generalizado por la elección de Luis Alberto Moreno como presidente del BID es la más reciente prueba de ello.

Sólo pensar que la pobreza en Colombia podría disminuir o acabarse con la llegada de Luis Alberto Moreno a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es la muestra de candidez y delirio propios de las situaciones carentes de solución.

Igual que la utopía de la guerrilla derrotada en dieciocho meses con la Seguridad Democrática. O la generación de empleo con la reforma laboral. O la reactivación de la economía luego de las seis reformas tributarias en treinta y seis meses.

Claro, no faltará el que proponga recibimiento en carro de bomberos, desfile por la 26 y la Séptima y manifestación pública en El Campín.

Promesas veintejulieras similares se escucharon con la llegada de César Gaviria a la OEA. ¿Qué cambió con el colombiano en el organismo multilateral y «multinoperante»? Esta es la hora en que no sabemos cuánto fue el gasto del erario público en los viajecitos proselitistas de Noemí por los Caribes para conseguirle el puesto diplomático el ex presidente.

Tampoco sabremos lo que nos vino a costar el caudal de llamadas presidenciales, los viajes del vicepresidente por Centroamérica, la compañía in situ de Santiago Montenegro y otras minucias para lograr el nombramiento de Moreno, al que ahora presentan como un triunfo de la colombianidad, que envidiarían Juan Pablo Montoya y Catalina Sandino.

El dispositivo diplomático no pasa de ser el obvio agradecimiento a quien le abrió la puerta a los dos últimos presidentes colombianos en las altas esferas del imperio, así fuera apenas en calidad de besamanos.

Claro se ve el aprovechamiento, con fines electorales, del nacionalismo (tan desfasado como en el caso de la venta o fusión de Bavaria, minutos antes de retirarse de la Bolsa de Valores).

Como si no supiéramos que Moreno estará al frente de una entidad financiera y no de una institución de caridad. ¿Qué hizo por su país Enrique Iglesias, el anterior presidente, luego de 17 años en el cargo? Año tras año, hizo lo que hacen todo los bancos, como bien lo señaló Alejandro Dumas, prestar paraguas cuando hace buen tiempo y pedirlos arreglados cuando empieza a llover.

Imagínense aquí, que hace rato no escampa.

Sumo espectáculo

Por Memorin (Publica Semana.com)

No sólo por los anuncios anticipados del deceso pontifical por parte de agencias internacionales (reproducidas por medios nacionales). Un periódico tan prestigioso como el turinés L’Stampa publicó una composición a manera de lápida en su edición del viernes primero de abril.

También es cuestionable la repetición de la imagen angustiada del sumo Pontífice ante la imposibilidad de pronunciar palabra, lo que originó reacciones diversas como la de Vincenzo Marras, director de la revista Jesús, de prestigio en los ámbitos eclesiales italianos: «Siento dos sentimientos fuertes y opuestos: sincera conmoción por Karol Wojtyla (…) y fastidio por la ostentación del dolor.»

O como lo han criticado medios españoles e incluso polacos, por la transmisión casi en vivo y en directo de su agonía y muerte.

Más preocupante ha resultado la presencia permanente de cámaras de televisión, ajenas a todo respeto por la intimidad en lugares impensables como la capilla privada de Juan Pablo II donde yacía su cadáver antes de ser trasladado a la sala Clementina, donde fue expuesto horas más tarde.

El paroxismo luctuoso va más allá de los tres millones de fieles haciendo fila para ver sus despojos, más allá de las 990.000 cadenas en motores de búsqueda en Internet, de los sesenta mil artículos sobre su óbito, y de ser considerado el fenómeno cibernético más seguido después del atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York. Para no hablar de la incesante repetición de los rituales, de las cábalas y de los datos que los portales y periódicos refritan cada día.

¿Qué pensaría de ello Karol Wojtila? El mismo que durante 26 años de pontificado derrochó energía y sabiduría. El mismo que en Semanas Santas precedentes criticó la afluencia de gente en la conmemoración de la pasión y muerte de Jesús y la indiferencia de la feligresía el domingo de resurrección. El mismo que repitió tantas veces, que contadas pasarían a engrosar sus innumerables records, que el Altísimo no es Dios de muertos sino Dios de vivos.

Volvamos al ábaco

Por Memorin/Publica Semana.com

Quizás tienen razón en tratarnos como nos tratan, como nos tratamos. Pocos sabemos de nosotros, ni siquiera cuántos somos.

Aterra saber que nadie sabe cuántos pobres hay, para saber a cuántos pobres asistir. Que más de 24 millones dicen los estudios, que apenas veinte millones insiste Planeación.

Que las cifras que maneja la Cancillería y el Dane sobre los colombianos en el exterior difieran en más de 2.700.000 seres humanos parece un chiste cruel. Y eso que falta ver qué datos tiene la Dian de las remesas que mantienen a un buen número (del cual nadie da razón) de colombianos dentro de nuestras fronteras.

Que inteligencia militar diga que entre abatidos, detenidos y reinsertados sumen algo más de 24 mil guerrilleros en los últimos 29 meses, es una prueba fehaciente de que aquí no hay guerra porque la insurgencia ya no existe y quizás tampoco sus auxiliadores, sobre todo si en algunos anales, la cifra de alzados en armas no superaba los 14 mil miembros.

De los desplazados no se puede hablar, también lo están de las estadísticas. El Dane y Planeación saben que las cifras sobre delitos disminuyeron no por falta de ocurrencia de casos y sino por ausencia de denuncias. Quizás las víctimas o sus familiares sí sabían que la impunidad en el país es del 90% como sostienen los especialistas y no del 50% como alegremente dice la Fiscalía.

Habrá que mencionar también el desconocimiento sobre el número de hectáreas con cultivos ilícitos, la cantidad de dólares vendidos a menos de dos mil pesos, el número de armas entregada por los paramilitares.

Por ahora sólo aparecen ciertas las cifras del bajísimo incremento del salario mínimo para el nuevo año y los 1400 millones de dólares millones que dice Forbes que tiene Luis Carlos Sarmiento Angulo, lo que valió su nominación entre los 406 personajes más ricos del mundo.

Cuando se escriba la historia de Colombia entonces tal vez se diga que el nuestro era un país que tenía entre uno y dos millones de metros cuadrados, que tenía entre 30 y cuarenta millones de habitantes, que tuvo un presidente que gobernó entre cuatro y ocho años y que contra todo lo que se diga, desaparecimos antes de poder dilucidar la diferencia entre censar y empadronar.

Y pensar que todo se hubiera solucionado con un ábaco.

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