La hora de los camaleones

Por: Mario Morales
Sufren del mismo síndrome. El Polo, Los Verdes y el Partido de la U, más allá de su ideología asociada a la izquierda, centro y derecha, respectivamente, se les olvidó que los matrimonios por conveniencia son uniones a término fijo y que tienen los días contados. (Publica El Espectador)

Conformados al calor de la coyuntura de elecciones y reelecciones, les bastó el preámbulo de una nueva contienda electoral para que estallaran en los mismos pedazos que les sirvieron de simiente.

Terminada la tregua de finales de 2010, han comenzado el año con feroces guerras intestinas, no tanto para saber quién defiende ideas sino para decidir quién se va a quedar con los puestos sujetos a elección en octubre próximo. No piensan en política sino en supervivencia.

Por eso hoy Juan Lozano no parece tan uribista, ni Peñalosa tan verde, ni Petro tan izquierdista. No es extraño pues el debate sobre el tutor de los talleres democráticos, o los cabezas de lista o a las alianzas regionales.

Vale todo: buscar o aceptar el refugio del uribismo como quizá pasa con Peñalosa en Bogotá y Fajardo en Medellín, a riesgo de sacrificar la confianza de los millones de votantes que creyeron en ellos, y que tratan de distraer con presuntas diferencias regionales. O separarse del uribismo como buscan sectores del Partido de la U que ahora parecen ver en Santos el árbol que más sombra les prodiga.

Normal, dirán ellos que no conocen el significado de la coherencia ni el sentido de tener y defender principios. Y después le echan la culpa del desinterés del electorado a la falta de garantías o a la ausencia de cultura política nacional.

Quizá por eso ha tenido que saltar a la arena Mockus para evitar que la capital de la república termine, o siga, en manos de quienes combatieron febrilmente.

A menos que ya esté haciendo carrera la táctica santista de parecer una cosa mientras los comicios y luego resultar con otra, para despecho de unos pocos huérfanos resentidos del poder.

Ya lo decía Konrad Adenauer, en política hay adversarios y correligionarios, y estos últimos son los más peligrosos.

No mejoramos

Por: Mario Morales
como en el mundo, la situación de periodistas y libertad de expresión en Colombia durante el año pasado fue de contrastes. (Publica el Espectador)

Si bien las cifras que entregan Reporteros sin Fronteras y la Sociedad Interamericana de Prensa parecen alentadoras, muy otra es la realidad que viven reporteros y medios, especialmente en las regiones.

Dichas entidades acogen como oficial la muerte, en 2010, de un periodista por razones de su oficio. No obstante, quedan por aclarar por lo menos cuatro muertes según balance de Fecolper, entidad que contabilizaba 98 agresiones sólo en el primer semestre.

Esas agresiones van desde limitación al acceso a la información o chantaje publicitario, que la Flip ayuda a documentar en su informe sobre censura indirecta en la radio comercial, hasta amenazas directas o agresiones físicas.

Pero las cifras pierden contundencia frente al trabajo de campo, más aún lejos de Bogotá. Es la desazón que deja leer ‘País lejano y silenciado: Autocensura y prácticas periodísticas en el periodismo regional’, documento de Flip y Medios Para la Paz que evidencia la autocensura de reporteros que callan por seguridad acerca de la cruda realidad en sus zonas infestadas de bandas criminales, neoparamilitares, narcotráfico, corrupción y desplazamiento por culpa de todas las formas de violencia.

Como dijo la SIP, campean las campañas de desprestigio y propaganda negra. El twitter del ex presidente Uribe y su círculo íntimo no es más que una deplorable muestra de ello. Con razón RSF le pidió a Santos que rompiera con las prácticas de su antecesor.

Las cifras son la punta de un iceberg que gobierno y gremios no han dimensionado en la afectación humana a reporteros ni en la calidad periodística de sus relatos, afectados por prácticas pervertidas, a la fuerza, que impiden que las audiencias conozcan lo que está sucediendo. ¿Cómo discutir ese deshonroso puesto 145 entre 170 naciones en el ranking de libertad de prensa?

Que haya aumentado a 30 años la prescripción de penas para crímenes de periodistas es un paso, pero mucho tiene por hacer el Estado para que Colombia también pueda celebrar este 2011, según propone la SIP, como el de “la libertad de expresión”.

Un país roto

Por: Mario Morales
Pasó la Navidad casi inadvertida. No era para menos. La foto aérea de nuestra geografía por estos días, no es más que una cruel metáfora de lo que realmente somos en todos los sentidos posibles: un país roto, como diría el maestro Jesús Martín-Barbero.(publica El Espectador)

Tanto o más que las carreteras, el país político y el país real terminan este decenio fracturados, (y ese es innegable legado uribista) llenos de odios y divisiones en lo ideológico y en lo conversacional, como si no tuviéramos ya suficiente con el abismo social, la brecha económica y la división cultural.

Las aguas subvertidas, la corrupción con sus mafias incrustadas y cooptadas hasta en los más altos niveles, y esa maldita violencia reciclada terminaron por borrar el maquillaje y desdibujar la sonrisa que esbozamos cuando incautos nos creímos el embeleco de que estábamos en la senda de los países recuperados.

¿Acaso es posible creer que somos un país viable con doscientas mil muertes violentas en lo que va corrido de centuria? Para no hablar de desplazados, indigentes y damnificados, problemas frente a los cuales el Estado ha dejado ver su protuberante impotencia, subsidiada por la solidaridad de los colombianos, conmovidos porque pareciera, parafraseando a Neruda, que las desgracias fueran una semilla y esta patria, el único surco de la tierra.

Ni el año, ni estos dos lustros dejan un buen balance. El invierno, con toda su gravedad, es sólo uno de los factores incidentes. Digan lo que digan los optimistas de oficio y los vendedores de esperanzas vacías, la década que termina será recordada, si llega a serlo, como perdida, al cabo de la cual fuimos arrojados, de nuevo y sin compasión, al siglo pasado.

Se entiende entonces por qué escasearon “el espíritu” navideño, las fiestas y celebraciones, mencionadas apenas en las canciones de tradición.

Por eso, el país hecho pedazos hace coro con los millones de víctimas de todas las causas en esta época de propósitos: “Tocará volver a comenzar”. Ni modo.

No cambia

Por: Mario Morales
Gracias a Wikileaks, el fenómeno mundial de estos 12 meses, entenderemos por qué Juan Manuel Santos es el personaje del año en Colombia. (Publica El Espectador)
Los cables de la “wiki de las fugas”, publicados el sábado, permiten la disección y toma de otra radiografía (la función clave del portal antes que dar chivas) del Presidente colombiano. No ofrecen ninguna revelación acerca de su talante y, no obstante, ese es su mejor descubrimiento: Que no ha cambiado; lo que quiere decir que cambia todo el tiempo: camaleón de la política, con olfato para leer coyunturas y readaptarse.

Cuando Wikileaks cuenta, en El País de España, que siendo presidente Santos se desmontó de lo que tanto buscó como Mindefensa (presencia de EU en bases militares nuestras o que prefirió el abrazo tropical de Chávez a la fría mano del país del norte), confirma lo sabido desde siempre: que es el mejor nadador en mares de la ambigüedad; que sabe jugar duro, aun contra sus principios; que sabe rotar a amigos y enemigos con amaño a su conveniencia; y que su único leitmotiv, así sea paradójico, es que sólo los estúpidos no cambian de opinión.

A diferencia de los demás, incluido Uribe, que no tienen remilgos de soberanía y no entienden de autodeterminación, plegados a intereses de EU antes de expresados, hay que reconocer que Santos sabe alternar eso de poner una vela a Dios y otra al diablo, sin que sea claro quién es quién, para él, en cada momento. Sin sentirlas sabe repartir simpatías y trastocar posiciones y programas. No es sino preguntarles a los “verdes” y a Petro, reinterpretados en cuerpo ajeno.

Hasta aquí quizás algunos lo encuentren prometedor, como el 82% de encuestados por Gallup que aprueba su manejo de relaciones internacionales. Pero no sobra decir que hasta ahora todo ha sido propicio para Santos. Por eso en opinión favorable alcanza 72% (baja 4%, pero supera el mejor momento de Uribe, 70% , después de la Operación Jaque).

Veremos si su imagen sigue bajando con los efectos del invierno, desempleo y corrupción reinante, pero sobre todo a la hora de la rendición de cuentas. Y sabremos si sus proverbiales saltos de trampolín le alcanzan para mantener el teflón, único legado que parece querer de su antecesor.

Uribe, al desnudo

Por: Mario Morales
Expuesto. Así ha quedado el ex presidente Uribe luego de los cables de Wikileaks, las «filtraciones» del libro de Yidis Medina y las declaraciones de funcionarios como el ex embajador estadounidense Myles Frechette, que publicó ayer este diario. (Publica El Espectador)

No sale bien librado el ex mandatario. Sin proponérselo, esas tres fuentes ayudan a construir el perfil de un hombre obsesionado con el poder hasta el punto, según el libro de Yidis, de hincarse de rodillas en el baño presidencial para ganarse ese voto en su propósito reeleccionista, mientras invocaba la salvación de la patria.

Perfil que refuerza, sin ambages, conforme a su estilo, Myles Frechette cuando confiesa que Uribe “despertó muchas preocupaciones en Washington”, que en ese momento “la figura de la democracia estaba muy maltrecha” y que “parecía que el Presidente se estaba alejando de los principios democráticos”.

Y es que debía parecer dispuesto a todo, con base en esos cables de Wikileaks: a contrarrestar a Chávez mediante la acción, incluyendo la militar; a llevar la iniciativa de ofrecer bases como la de Palenquero para disuadir a los vecinos; a permitir un esfuerzo militar unilateral de Estados Unidos para rescatar a sus tres secuestrados; a intentar una negociación con la guerrilla o, aún más allá, a autorizar que fuerzas colombianas cruzaran a Venezuela para capturar a líderes de las Farc y traerlos a nuestro país.

Mientras, su ministerio de mostrar, el de Defensa, en crisis por falta de comunicación entre oficiales superiores, por la desconfianza del ministro Silva con el general Padilla, por la desconfianza de Washington con la secretaria privada de Silva, por la desconfianza del general Suárez, inspector del Ejército, porque Uribe seguía “viendo el éxito militar en términos de bajas”. Amén de la desconfianza de su Vicepresidente por su real comprensión de la gravedad del tema de las ‘chuzadas’.

Si algo hay que reconocer es el carácter predictor del entorno uribista. Ya sus asesores vaticinan nuevas revelaciones que tal vez permitan el cabal cumplimiento de la profecía de la hecatombe si fracasaba la reelección; al fin y al cabo ellos no aclararon que sería de carácter personal.

Estupefactos

Por: Mario Morales

De estupor en estupor. Así, sin respiro y sin digestión, estamos viviendo la increíble realidad nacional empeñada en ocultarse a sí misma.
Cuando se había encendido una lucecita para comenzar a esclarecer algunos de los hechos que a manera de esqueletos siguen guardados en el armario de nuestra desmemoria, renace nuestra estirpe macondiana. (Publica el Espectador)

El recientemente capturado exsargento Bernardo Garzón, calificado pomposamente como el eslabón perdido, toda vez que había sido testigo en investigaciones sobre presuntos graves delitos de la fuerza pública hace cinco lustros, dejó boquiabierto al país al decir que nada sabía sobre esos hechos, incluido lo que sucedió en la retoma del Palacio de Justicia, y más sorprendente aún, que había sido suplantado en esas declaraciones.

Como sorpresivo fue que la Justicia Penal Militar hubiera cerrado, así de golpe, la investigación por la filtración de coordenadas del desplazamiento de voceros de la guerrilla a La Habana y que hizo pública en Twitter el expresidente Uribe. Preocupa la premura de la decisión y que alardeemos al tiempo con tener inteligencia militar de avanzada y no haya posibilidad de establecer el origen de un correo electrónico.

Menos intempestivo (ya nos estamos acostumbrando) ha sido que las pesquisas por las interceptaciones en Galerías se vayan diluyendo en la ambivalencia sin rubor del presidente, el mindefensa y sus allegados. La lentitud de la Fiscalía y el presunto proceso de borrado de discos duros dejan una estela de frustración asociada a la resignación.

Esos hechos forman parte del halo de misterio y ocultamiento que acompaña la historia nacional y que sólo sale a la luz pública a manera de chismes, como si fueran asuntos de poca monta, en medio de las histerias electorales de los expresidentes, o en los libros de historia no oficial que no alcanzan el mismo cubrimiento.

Y pensar que hay quien, desde altas dignidades, repite que el país no aguanta ciertas verdades. A ver si soportamos tantos estupores juntos…

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