por Mario Morales | Ago 21, 2011 | Blog
Por: Mario Morales
Ese estilo ya lo puede patentar el gobierno Santos. Es lo que en gastronomía se conoce como cuisine impromptue. A partir de una idea básica, sobre la marcha y a puerta cerrada, se van cocinando los ingredientes que algunos proponen para sorprender a la selecta concurrencia.(Publica El Espectador)
En la mesa puede ser hasta divertido, pero en el proceso de refundación en que anda el país las experiencias no han sido saludables. Baste citar las polémicas reformas a la educación, salud, justicia, política, y la denominada Ley Lleras que se gestaron de espaldas al país para su discusión legislativa en busca del pupitrazo de la aplastante Unidad Nacional.
Es lo que está sucediendo con el proyecto de ley de televisión con el que el Gobierno ha de cubrir el salto al vacío que dejó la eliminación de la CNTV. A menos de 120 días de su obligatoria aprobación, poco o nada se sabe al respecto. Sólo puntadas que da el MinTics. No se entiende, si ya existe, por qué no se discute abiertamente, si de enriquecerlo se trata. Y si no está listo, peor.
El futuro de la TV pública, comunitaria y universitaria no es para discutirlo en un break de comerciales. Lo mismo pasa con el desmembramiento y dispersión de funciones, marco jurídico y políticas del sector, presupuesto y futuro del Fondo para el Desarrollo de la TV, o lo concerniente a contenidos, como lo ventiló en este diario el experto Germán Rey.
Está claro que la televisión es un negocio, pero circunscribirse a diálogos cerrados con base en el factor industrial, tecnológico o tarifario privaría al país del debate esencial sobre la TV como servicio público y como factor determinante en el derecho de las comunicaciones, principios en los que ha insistido el excomisionado Eduardo Noriega, como garantía de pluralismo, participación ciudadana e independencia.
Es menester discutir ese proyecto, antes de su radicación para confrontarlo con los que ya corren en el Congreso por iniciativas del senador Jorge Guevara o de su colega Édgar Espíndola. Y qué mejor que hacerlo a través del medio de mayor influencia y penetración en la actualidad. Así se construye democracia y transparencia. ¿O vamos a seguir jugando al impromptu y a la sorpresa?
por Mario Morales | Dic 18, 2010 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Como suel suceder, el año que se fue se llevó una larga serie de secretos, que quizá ni los libros de autores en la sombra, filtraciones de wikileaks globales o domésticas, unidades investigativas o trinos de chismes van a poder esclarecer. (Publica el Espectador)
Hasta el mismo cierre de 2010 hubo casos que quedaron en el misterio, propio de nuestro realismo mágico. Por ejemplo, la causa de muerte de alias Cuchillo se la disputaban con igual incredulidad, el ahogamiento, un infarto, un enredo o la ebriedad en medio de su increíble soledad.
Se fue el año y no supimos con exactitud el día y hora de muerte del Mono Jojoy, cuyo cadáver fue traído a Bogotá en avanzado estado de descomposición. El anuncio “coincidió” con el discurso de Santos a la ONU. Y a propósito, nos quedamos con las ganas de saber qué tanta veracidad tuvieron en ese y otros golpes a la guerrilla, los socorridos chips instalados en botas de dotación de los insurgentes.
Tampoco supimos qué pasó con Fabián Márquez, cuya muerte fue anunciada por Santos en un consejo por la prosperidad, pero su cadáver no apareció.
No se entendió por qué no hubo el mismo tratamiento para los Nule que para los Moreno y los Garzón en medio del escándalo de las contrataciones en Bogotá. O qué tanto sigue haciendo J.J. Rendón en el país, o quién es el Número Uno en el caso de las chuzadas del DAS. O por qué el ex presidente Uribe no entra en tratamiento si hasta la embajada estadounidense, según Wikileaks, suponía que tenía temperamento paranoide.
Por ahora un misterio, el presente del Partido Verde, del Polo, de Petro y de Peñalosa, todos ellos empeñados en extender el suspenso mientras les apuestan al equilibrismo y a la apertura ideológica.
Son incógnitas también, a quién le asignarán el tercer canal de TV, quiénes son los dueños de Santa Fe, qué tanta participación tiene ahora el Chiqui en Millos, y por qué la gente va a los estadios pero insiste en que nuestro fútbol es mediocre y el torneo es peor.
La lista es, decíamos, larga y deja pocas esperanzas, como no sea la de engrosar esa cadena de misterios irresueltos desde que nos quedamos sin saber quién mató a Mamatoco, Gaitán, Galán y hasta Betty, que era tan buen muchacha.