por Mario Morales | May 13, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Si por algo habría que juzgar el cubrimiento de los medios en esta campaña electoral es por haber caído en la trampa de la retórica demagógica del victimismo que implementó el uribismo incendiario con dos fines: despertar lástima y solidaridad y para no tener que dar explicaciones sobre las múltiples acusaciones pasadas y presentes de un movimiento que le ha apostado a la hecatombe desde que perdió la razón. (Publica El Espectador)
Ha sido tan efectiva la estrategia que hoy, increíblemente, hay quienes piensan que Uribe es el perseguido y Santos el autoritario, que Uribe es el demócrata y Santos el “castro-chavista”.
La génesis del problema mediático y periodístico, como ya se dijo aquí alguna vez, hay que buscarla en el reflejo condicionado que montó el ahora senador de destilar dosis de veneno y odio en cada declaración o consejo comunitario. Pasados los años, los reporteros aún hoy salivan frente al Twitter esperando que Uribe y sus áulicos abran fuego cada día y, más grave aún, les den crédito a sus ideas desquiciadas. El Gobierno ingenuamente ayuda a esa práctica, respondiendo y contraatacando.
Pararles bolas y luego darles prominencia a esas ideas trastornadas se convirtió en una rutina periodística automática generalizada, infectada de morbo y facilismo, que ha sido complementada por el bombardeo perturbado de joseobdulios y londoños buscando a toda costa convertirse a sí mismos o a terceros (como la Fuerza Pública) en chivos expiatorios para lograr entre los muchos despistados ese sentimiento de culpabilidad. Sumen encuestas amañadas y el aura de “intocables” ante la ley, como malosos de esquina, y está listo el coctel explosivo que busca petardear el proceso de paz.
Aciertan los medios al darles más despliegue a hechos delincuenciales, como las chuzadas ilegales contratadas por la ultraderecha, frente a rumores sin pruebas. Ahí fueron precavidos, pero resbalan en la cascarita de cubrir como si fueran noticias lo que no son más que intentonas de generar miedo. La diferencia entre una política mediocre y un régimen de terror.
por Mario Morales | May 6, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Se entiende que la guerrilla no le quiera dar la manito a Santos en esta instancia electoral con la aprobación del tercer punto de la agenda de La Habana. Aprovecha el momento débil del Gobierno en la mesa, en encuestas, luego de los escándalos mezclados con propaganda negra de la oposición. Un poco de su propia medicina. El objetivo de la presión es lograr que se instale una comisión para que se esclarezca el conflicto y sus responsabilidades desde sus orígenes y no en la última fase. (Publica El Espectador)
Pero esa presión puede devolvérsele a la insurgencia como un bumerang. Si, como se prevé, Santos gana en primera y segunda vueltas, la presión cambiará de sentido con el amplio margen de 4 años.
Pero si no, a la mesa le quedarían dos escenarios: si gana el candidato del mandado, del odio y la venganza, el proceso estallaría en mil pedazos antes de su posesión. Y en la posibilidad de que triunfe Peñalosa, el proceso se desharía en la medida en que aflore el verdadero talante autoritario del exalcalde.
Partiendo del principio de que la paz debe trascender los hombres y ser política de Estado, la guerrilla se equivoca cuando dice que cualquiera puede continuar el proceso.
Por eso, vistas encuestas, tendencias y campañas, llegó la hora de dar el paso a ese 25% de colombianos, según el sondeo de Cifras y Conceptos, que, guarecidos en el voto en blanco, el No sabe aún o el No responde, esperamos hasta última hora para decidir.
Y esa decisión es la opción por la paz. Una tendencia que ya comenzó desde abril en la mencionada encuesta, en la que aumentó en 6 puntos porcentuales la favorabilidad de las negociaciones.
Votaré por que continúe el proceso y luego volvamos a barajar. Eso sí sin perder la perspectiva crítica, proverbial en este espacio ante un mandatario con resultados tan mediocres. Pero primero lo primero…
por Mario Morales | Abr 29, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Lo que molesta es la falta de ganas, la desidia. En los pobres guarismos de las encuestas está el premio a su desdén.Pero ni así se quejan. Conformes con su suerte, los candidatos presidenciales se fueron por el menor esfuerzo, es decir, maquinarias, clientela y giros.Huérfanos de carisma, no se entiende que no quieran enamorar a sus públicos. Porque no llegar al 30% de favorabilidad a quien marcha acaballado en cuatro años de historia, es vergonzoso. Celebrar porque al cabo de tanto inflamil otros llegan al 15%, es un despropósito. (Publica El Espectador)
Que su imagen no transmita, se les perdona; a veces la naturaleza se ensaña. Quizás sea por eso que las emociones que apenas “despiertan”, según Ipsos Napoleón, sean curiosidad cuando no confusión.
Pero no aprenden. Van de espaldas a la tradición en comunicación política. Tratan a los medios con desprecio. No conocen sus lógicas. No saben de seducción. La truecan por engaños.
Incapaces de hablar sin libreto, creen que comunicar es aparecer o registrar. Echan por la borda ese acervo donde la razón o la emoción levantaron imperios o destruyeron mitos. Confunden propaganda política con publicidad, frases de cajón con ideología y declaraciones con discurso político.
Y sus escasas ideas no saben decirlas hasta los límites del sueño o la utopía. Ignoran que es en el lenguaje, la imagen y el símbolo donde nacen y mueren los grandes proyectos, donde resucitan o se entierran las culturas.
La prueba reina no es que algunos los odien sino que sean más quienes no los conozcan y que sean incapaces de generar opinión, como dice Ipsos Napoleón que les pasa a todos aunque en menor proporción, como es obvio, al binomio Santos-Vargas Lleras.
Que a estas alturas del conocimiento, y con tal grado de infoxicación, haya tanta desconexión con sus gentes, muestra su descomunal ineptitud.
Ni ese desamor quedará para la historia. Sin mensaje y sin afectos, sólo queda el fracaso. Que llegue ya el 2018.
por Mario Morales | Abr 25, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Quizá sólo faltó el Papa a los homenajes póstumos de Gabo.
O quizás sí estuvo (todo es posible, si nos atenemos al carácter clarividente del nobel ya expresado en Los funerales de O tal vez no vino porque no pudo girar la llave como le sucedió con él, a uno de sus antecesores.la mamá grande), aunque esta vez de anónimo en medio de las muchedumbres fervorosas que se empujaron sin pudor para darle el último adiós en Bogotá, México, París o Aracataca un poco después del aguacero. (Publica El Espectador)
Nadie ha querido faltar a la “más espléndida ocasión funeraria que recuerden los anales históricos” para despedir al más grande castellano de los tiempos modernos, si creemos que la patria es la lengua que habitamos, como dijo o citó Gelman, el poeta, para evitarnos el falso dilema de las nacionalidades y de las ideologías que no tocan a los genios.
Para la memoria quedan estos seis días emotivos en los que el planeta en pleno ha rendido homenaje al maestro de la palabra, al re-creador del relato que, parafraseando a Joyce, logró “forjar en la fragua de nuestro espíritu la conciencia increada de esta raza”.
Días en los que Gabo, “demasiado embebido en su eternidad de cenizas para darse cuenta de la magnitud de su grandeza”, pudo recobrar “la momentánea juventud de su fotografía ampliada a cuatro columnas” y dejó a sus congéneres la “lección histórica” de haber hecho bien la tarea: eximio escritor, mejor periodista, padre intachable, esposo entrañable y amigo de sus amigos.
Como la mamá grande de sus creaciones, supo dejar un inconmensurable legado de bienes materiales representados en cada una de sus maravillosas palabras escritas, y la tarea a quienes alguna vez tratamos de seguir sus pasos, de hacer la “enumeración minuciosa de sus bienes morales”.
Nada más, Gabo. Nada menos. Honor al ciudadano del mundo que “vivió en función de dominio durante 87 años y murió en olor de gratitud”. Gracias por siempre, maestro.
por Mario Morales | Abr 25, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Si todo sigue como va, cuatro factores pueden cambiar el rumbo electoral de nuestro país en las próximas semanas. No serán por supuesto los pájaros variopintos de JJ Rendón, ni las propuestas “novedosas” de la oposición en empleo y disminución de pobreza, ni la bilis del uribismo que lo está llevando a consumirse a sí mismo.Sin cabida para las ideas, serán factores “externos” los que terminen de forjar la percepción de los votantes en el trecho hasta la primera vuelta. (Publica El Espectador)
El primero de ellos, sin duda, es la resolución del tercer punto en la agenda de La Habana. Estratégica y cronológicamente (uno cada seis meses) todo está dado para que se chulee el punto de las drogas ilícitas antes de la primera semana de mayo.
Al tiempo o como continuidad, un eventual acuerdo humanitario (que no tregua bilateral) podría levantar el estado de ánimo electoral. El desminado y noticias sobre los desaparecidos, como propone el CICR, beneficiarían a todos sin sacrificar posiciones de fuerza en Cuba. Así tendrían algo nuevo que mostrar en la gira nacional de los negociadores que ahora se propone.
El segundo punto tiene que ver con el pretendido paro agrario, hoy más politizado que nunca, habida cuenta de los intereses uribistas, con el presunto liderazgo de Fedegán que encontraría así un doble motivo, el electorero y el de desviar la atención sobre exigencias de democratización del gremio y claridad sobre tierras baldías. Si fragua o no fragua el paro, he ahí el dilema.
Un tercer factor de influencia puede derivarse de las marchas de los trabajadores que si, como propone Piedad Córdoba para el 1º de mayo, se “encaminan” a apoyar la paz, revertirían en espaldarazo al proceso y por ende a Santos.
Y si los astros se le alinean al presidente y hay que asumir medidas cautelares de Petro, más allá de su regreso a la Alcaldía, recuperaría parte del enorme terreno que perdió cuando le dio la espalda a la CIDH.
Así paga la soberbia: ahora dependiendo de otros resultados. Eso pasa cuando hay candidatos tan opacos.
por Mario Morales | Abr 14, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
El escenario no podía ser más pobre. Candidatos negados al debate de ideas (en caso de tenerlas) y audiencias ofendidas que buscan el escape por la vía del abucheo, el tomate o el voto en blanco. (Publica El Espectador)
No es por generación espontánea que los públicos abuchearon a Rafael Pardo, fletado para dilatar las elecciones atípicas en Bogotá para que no entorpezcan la reelección; como tampoco lo fue la rechifla contra Óscar Iván Zuluaga (y su ventrílocuo) en la Universidad de Cartagena, o contra Vargas Lleras y Martín Santos (el hijo de “Juan Manuel”) en Rionegro, Antioquia, o contra Uribe Vélez (quien más ha empobrecido el discurso político) en Soacha, Tunja, Palmira, Neiva, Cúcuta, Bucaramanga e intermedias, para citar sólo lo ocurrido en lo que va de año.
No han faltado a estas citas los tomates ni los huevos ni las pancartas ni los coritos que el país ya se sabe de memoria.
A eso nos ha llevado la pauperización del discurso político, acentuado este siglo, por soberbia de los pretendidos “iluminados”, odios heredados o discriminación de las élites a las masas “no pensantes”, hasta llegar a esta etapa inaudita de la no argumentación, del silencio político negativo, de la precariedad en el decir que anula la acción política.
Hoy, sólo a expensas de la engañosa publicidad política pagada, de la edición no pocas veces interesada en las declaraciones mediatizadas o de la propaganda sucia o degenerada, los electores se han quedado sin insumos para ejercer como tales.
De ahí la indignación por el constante insulto a la inteligencia ciudadana escondido tras las negativas “estratégicas” a comparar propuestas, proponer plataformas y exponerse al escrutinio de preguntas e interpelaciones.
Es el peor de los mundos, porque los silencios y la falta de ideas son materia prima de “los de siempre”. Pero, comprendida la inutilidad del voto en blanco y siguiendo el mal ejemplo de sus pseudodirigentes, las masas excluidas del diálogo expresan así su sagrado derecho a no seguir siendo idiotas útiles.