por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
No terminamos de entender el cartel de la tributación en la DIAN y ya apareció otro foco de corrupción, esta vez en el sector educativo. (Publica El Espectador)
El efecto dominó por escándalos en cerca de dos docenas de entidades no sólo habla del pantanal en la cosa pública, sino de la insensibilidad y desmemoria en que vamos cayendo por saturación.
Tuvo que venir la eurodiputada Isabelle Durant a recordarnos la gravedad de lo ocurrido con el DAS en el anterior gobierno y no reaccionamos. Pero es que aún lo de “anterior” está en entredicho. Dijo la vicepresidenta del Parlamento Europeo que si este gobierno quería diferenciarse de ese pasado no podía mantener “a funcionarios de la anterior administración como su director Felipe Muñoz”.
¿Por qué Santos no se ha manifestado con tanto vigor en torno a esos años aciagos de escuchas ilegales y persecución a civiles y periodistas? No es buena señal para las víctimas ni para el mundo que ve hechos y acciones prontas de justicia en casos similares de chuzadas como en News of the World, el medio sensacionalista inglés, que pagó con su cierre, renuncia y ahora judicialización de intocables como Rebekah Brooks.
Pero no sólo es la respuesta tibia de gobernantes, también de los ciudadanos que no despertamos ni con evidencias de que nos están metiendo las manos a la billetera y violando derechos. A diferencia de los lectores del periódico inglés que presionaron a anunciantes y dueños a tomar acciones definitivas.
Hasta en el discurso fuimos superados. No salimos de frases de cajón como “ahora sí tocamos fondo”. Descartada la genética, siguiendo a Emilio Yunis, como explicación de por qué somos así, quedaba la geografía (origen de regionalismos e individualismos), pero ahora que la corrupción invadió todas las latitudes queda la sensación de que con tanto bandido no tenemos respeto por nosotros mismos. ¿O todos tenemos rabo de paja?
Perdida la autoestima, no queda casi nada. Sobre todo en este país, donde el amor propio comienza o termina en el bolsillo.
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Algo en el sistema judicial no debe andar bien. Esa carencia la delatan la secreta simpatía o la apatía frente al show semanal de escándalos y judicializaciones, y la corrupción rampante y desbordada. (Publica El Espectador)
Un código de penas y sanciones eficiente debería comenzar por desestimular a los delincuentes y combatir el imaginario de quienes no lo son pero se dejan tentar.
El descreimiento arranca, como se ha dicho inveteradamente, por la impunidad generalizada. Pero se arraiga cuando hay reo y las penas o delitos imputados producen risa.
Tratar de eximir a responsables dizque porque “no hay evidencias de que se han robado un peso” ( es patentar que en este suelo se dan silvestres mutaciones de Robin Hood o kamikazes que delinquen para otros; ¡y gratis!
Y peor aún, establecer rebajas y negociaciones de penas tan generosas termina por aupar lo que se combate. Es el caso de la, hasta ahora, cabecilla de la defraudación billonaria a la DIAN, con siete delitos imputados, pero que puede terminar pagando unos pocos años efectivos de cárcel por confesión y otros beneficios. O de los cerebros de las pirámides, algunos de los cuales ya comenzaron a recobrar la libertad. O el de los auspiciadores, financiadores o ideólogos de los paramilitares que ya “saldaron su deuda con la sociedad”. Y así…
¿Qué lectura puede tener eso en esta sociedad escasa de oportunidades y viciada por el exitoso ejemplo del camino fácil, que a veces se pone el variopinto vestido de la corrupción? ¿Vale la pena pagar, como se leía en mensajes de los implicados en el caso DIAN, un tiempito de cárcel y salir a disfrutar su vida de nuevos ricos?
¿Acaso eso no es más tentador que las condenas autoinfligidas, con trabajos humillantes e inhumanos, de emigrantes en busca del sueño americano? ¿O que la cruel batalla de desempleados y subempleados por sobrevivir sin esperanzas de una pensión?
El show sigue, pero deja sus efectos: en unos, que ya perdieron la ingenuidad y saben que hay mucho toque-toque y de aquello nada; y en otros, que se frotan las manos mientras piensan que la ley es blanda pero… es la ley.
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
A diferncia de otros asuntos, el presidente Santos no ha sabido comunicar en materia de seguridad. Carga el fantasma de su buena imagen en el gobierno pasado. Y le hace daño: es su referente inmediato y le impide desmontar ese imaginario reciente de seguridad, a todas luces sobredimensionado. (Publica El Espectador)
Mirado en conjunto, el panorama en ese ámbito no ha cambiado en los últimos seis años aparte de las fluctuaciones propias de coyunturas y regiones. Lo cual no quiere decir que esté bien. Está igual de grave aunque se ve más en este año electoral.
Pero Santos se durmió en los laureles. Dejó de enamorar, olvidó que la comunicación con la gente se mantiene a fuego lento, como dicen los manuales. Su guerra se quedó sin relato. Y el relato es la llave de todo, según expertos como Greenberg o McKinnon. El leit motiv del cuidado “de los huevitos” cumplió su ciclo en la campaña. Esa metáfora es ahora contraproducente, no sólo por lo antinatural de huevitos que nunca empollan, sino por su carácter bucólico, casi ingenuo y desgastado.
Sin protagonistas dejó de emocionar. La falta de carácter de Riverita en la construcción de su rol y unos enemigos invisibles, representados en campamentos vacíos, diluyó la pugna entre héroes y villanos. La ausencia de narraciones enfrió la trama que fue reemplazada por un conflicto oral, a base de declaraciones en las que no hay conflicto. Esa “limpieza” en el lenguaje busca evitar malos entendidos que malogren el sueño de Santos por ser el presidente que alcanzó la paz. Por desgracia, pervive en el alma colectiva la figura redentora del camorrero y picapleitos que insulta y desafía al enemigo a veces sobreconstruido.
Hoy se realimenta la figura de “señoritos burócratas” que exhiben cifras frías y que toman decisiones desde gélidas oficinas, que los llevan a osos monumentales como la cacareada “cuasi captura” de Alfonso Cano o “históricos” decomisos de droga. O a lo cursi, como salir a pie a comer hamburguesas en la calle.
Nadie pide el reencauche de la oscura estrategia uribista, pero se ve a Santos atado al pasado, y negado a construir, como en otros aspectos, su propio destino, que es el del país, en materia de seguridad.
@marioemorales
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Fue un acto desesperado. La reunión de Peñalosa con Uribe tuvo más de simbólico que de contenido. La precipitó el resultado del “Panel de Votantes”, de la firma Cifras y Conceptos, en el que Gustavo Petro pasó a encabezar la intención de voto para la alcaldía de Bogotá. (Publica El Espectador)
La extraña relación entre el expresidente y Peñalosa, que según ellos no se hablaban hacía meses, se consolidó a la fuerza. Con el espaldarazo Uribe cerró puertas a su aspiración personal y Peñalosa adoptó el sanbenito del uribismo como tabla de salvación ante el naufragio de su estrategia que sobrevivía con el escaso oxígeno de la pasada campaña presidencial y de su proverbial ambigüedad.
Es cierto que la duda sobre la pretendida candidatura de Uribe le hacía sombra a Peñalosa. También lo es que ese “estrechón de manos” terminará por espantar a ‘los verdes’ raizales y a nostálgicos de su mandato del siglo pasado, que confiaban en una plataforma moderada. Eso, sin contar la contrapropaganda espontánea de 20 mil losas dañadas con sus costos en dinero y trancones, la paternidad del pico y placa que duplicó el parque automotor, y la mal escondida negativa al Metro como solución de movilidad.
Por eso el resultado del Panel no es sorpresivo. Bogotá tiene memoria, es coherente y a veces rebelde en sus decisiones más allá de partidismos, endosos o presiones.
Los encuestados valoran la verticalidad de Petro, la valentía de sus denuncias y su honestidad sin tacha. Aquí tuvo como congresista las más altas votaciones. Además es hábil en presentarse como independiente, progresista y conectado con redes sociales en las que llama a evitar triunfalismos y polarizaciones. Sabe bien que quien puntea es el blanco de ataques de adversarios o manos negras que querrán perfilarlo con las sombras del temor. Astuto como es, ha comenzado a coquetearle en Twitter a Carlos F. Galán, que crece en la medida en que la ciudad lo conoce.
Recuperada del mazazo de Samuel, Bogotá sabe lo que está en juego. La llegada de Mockus conviene a todos porque alienta el debate de ideas. Hay para escoger. ¿Se hará el milagro de votar esta vez a favor de un programa y no en contra de un pasado nefasto?
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Decía el pensador Manuel Castells que las emociones en juego en la lucha política son el miedo y la esperanza. Así ha sido siempre aquí pero de manera doblemente enfermiza. Primero por lo repetitiva y segundo por lo extrema. (Publica El Espectador)
Esos son los apellidos de lo que somos, de lo que hemos querido ser. Sentados en la esperanza, ese optimismo insuflado, exacerbado y casi siempre injustificado, del que hablan Santos, los economistas y los negociantes de toda pelambre, creemos que hemos sobrevivido a todas nuestras desgracias. Y no es así.
De rodillas ante el temor hemos sucumbido en lo jurídico, en lo político y especialmente en lo ético.
Ser político ha significado inscribirse en una de esas dos esquizofrenias: la esperanza de dar el salto económico con Gaviria, o alcanzar la paz con Pastrana que terminaron en sendas frustraciones. O el miedo a perder la institucionalidad en el caso Samper.
Sólo los totalitarismos logran alternarse entre las dos vertientes para recrear reflejos condicionados. Es el caso de Uribe, que aprendió a narrarse (porque emociones sin narración son histerias) en ese péndulo persuasivo que dio paso, siguiendo a Castells, a este voluble estado de ansiedad.
Estigmatizando, amenazando, construyendo falacias a manera de sindicaciones (lo saben Vargas Lleras, jueces, periodistas y la sociedad civil que lo controvierte), el expresidente da en la cara para no dar la cara, monta comparsas seudoperiodísticas, desinforma (hasta Mancuso lo desmiente) y se pasea orondo por medios que le sirven de caja de resonancia.
Lo más grave es que aún tiene poder, si éste se basa, como dice Castells, en el control de la comunicación e información, sobre las cuales emocionaliza a las audiencias: ora esperanza, ora temor. Los únicos antídotos son la razón y hechos, como lo han demostrado magistrados, antagonistas, como Petro, Mockus, Robledo; o periodistas como Coronell, Reyes, Morris o Duque. Esa es la deuda que tiene el Mininterior al poner el retrovisor. ¿Tenemos esperanzas?
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Así como está, la ‘Ley Lleras’, que pretende regular derechos de autor en internet, parece más un troyano, ese seudovirus que deja abierta la puerta trasera de un sistema para que entre el diablo y escoja. (Publica El Espectador).
Alrededor de las bondades del acto legislativo, que pasó el primero de cuatro debates, se ha creado un falso consenso, pero ha esquivado reparos de usuarios y proveedores: el país que de veras usa la red.
La eficiencia legislativa, de la que alardea el Gobierno, tiene más de ligereza en este proyecto, señalado como ‘prerrequisito’ para el avance del TLC, porque ha tenido pocos debates cerrados y cada vez más contradictores como lo documentan La Silla Vacía y redpatodos.co.
Es irónico que mientras democracias como Holanda y Chile avanzan hacia la neutralidad en la red, esto es, garantías de acceso total a internet, la ‘Ley Lleras’ allana el camino para cortapisas en aspectos como la libertad de expresión, un peligro creciente en el mundo, como lo señalan en reciente comunicado conjunto relatores y representantes en este ámbito de ONU, OEA, OSCE y CDAHP.
Hay que escuchar a los actores del sector que vienen advirtiendo desde la industria, academia y uso diario sobre peligros como trasladar la responsabilidad de jueces a proveedores de servicios, sobre contenidos en entredicho, para lo cual no están preparados ni deben estarlo; de los riesgos de censura, de la violación del debido proceso y la presunción de inocencia o de utilizar marcos legales obsoletos o inadecuados para la red. Tanto que, como señala Julián Casasbuenas, de Colnodo, hasta contradicen el artículo 51 del Plan de Desarrollo que señala que las entidades del Estado “se abstendrán de establecer barreras, prohibiciones y restricciones que impidan dicho acceso (a internet)”.
Nadie niega la necesidad de una ley de derechos de autor, pero no hay que meter en el mismo archivo a usuarios y piratas. El Estado debe hacer presencia primero en lo social y en lo educativo antes que en lo punitivo. Restringir acceso, circulación y uso de contenidos como está planteado agrava la enfermedad, viola derechos y abre puertas para males mayores. Aún hay tiempo de blindarlas.