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Vivir para creerlo

5 Sep , 2017  

No olvidará el presidente Santos ésta, la semana en la que se le alinearon los astros, como no pasaba desde hace casi un año, con motivo del Nobel. El golpe al cartel del Golfo, con la muerte de alias Gavilán y la consecuente intención de entrega de los capos que quedan; el acuerdo de cese del fuego bilateral y temporal con el Eln y la visita del papa son puntos incuestionables a favor de su desangelada imagen. (Publica El Espectador)

Pero no es todo. Esas coyunturas con todo y la esperanza que encierran, le hablan a gritos al país, sobre todo a sus extremas, del período de fatiga de los guerreros de todos los orígenes y de los ciudadanos que los soportaban inermes.

Es, y perdónenme el inusual optimismo, un momento soñado de nuestra historia reciente. Nadie puede decir que esperaba tal confluencia de sucesos afortunados, como ver a la Farc, aun en medio de tumbos y contradicciones, apostarle al debate político con las reglas de la institucionalidad; o al Eln aceptando por primera vez en su historia un cese del fuego, incluyendo secuestro y voladuras, aun en medio de la incertidumbre de los diálogos que se gestan amenazados por la interrupción o el aborto, al socaire del resultado de las elecciones venideras, y cuya única apuesta parece ser dejarlo tan adelantado que nadie se atreva luego a desmontarlo, por sentido común o tacto político.

O a presenciar al hasta hace poco indomable y soberbio cartel del Golfo bajando la guardia y pidiendo negociación. Sí, vivir para creerlo…

Y para redondear la faena, contar con el decidido apoyo a la paz y a la justicia social del más carismático de los líderes globales de la actualidad, el papa Francisco. Si una pizca de su prédica y de su ejemplo cae en buena tierra del crepitante espíritu nacional, esa paz imaginada será de veras irreversible.

Es la otra cara de este país desmesurado que no obstante el momento actual, o precisamente por él, no olvida que es hora de la justicia y, por ende, de enfilarse contra todos los corruptos, origen de todos nuestros males.


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