por Mario Morales | Oct 14, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Si algo en común tienen la percepción popular, la opinión de los líderes y las últimas encuestas, es la caída en picada de la favorabilidad de Enrique Peñalosa, cuyo timing de campaña alcanzó el punto de inflexión en septiembre con las adhesiones de Cambio Radical y los conservadores. (Publica El Espectador)
Ese fenómeno fue un bumerán. Lo catapultó en la creencia de reunir mayorías y, pasada la emoción, lo hala hacia abajo por cargas negativas de avales polémicos en otras regiones y porque terminó de correr al candidato hacia la derecha en el imaginario ciudadano, que lo creía un poco más hacia el centro.
Los puntos que pierde Peñalosa los ganan Pardo y Clara, que también le muerden adeptos a Pacho Santos. ¿Por qué?
Primero, porque “el cambio” prometido no se ve. La estrategia peñalosista de realpolitik (entendida como acomodo a intereses inmediatos en campaña) de desdibujarse en temas espinosos, terminó por hacerlo ver parecido a los otros y contradictorio consigo mismo.
Si va a seguir con el metro, pico y placa, algunos programas sociales por voluntad y otros porque le toca, su distanciamiento radical de los gobiernos de izquierda no es perceptible.
Segundo: obligado como está a asistir a los debates, a riesgo de perder más puntos, demuestra en escena por qué ha sido eterno perdedor en instancias finales: divaga, se dispersa, generaliza, se caricaturiza, no despierta emociones y, en definitiva, no se sabe narrar.
Y tercero, porque, como suele suceder en Bogotá, quienes han ido definiendo su voto en las últimas horas van detrás de relatos verosímiles, coherentes, pero también rompedores, y sus propuestas son planas como la Sabana de Bogotá.
Y, de ñapa, esa frase —eje de su publicidad— de “recuperar a Bogotá” se entiende en varios sentidos, entre los que prima la malicia indígena.
Como están las cosas, vamos para voto-finish; mientras los bogotanos deshojan margaritas entre el despecho por 12 años mediocres de la izquierda y la duda recurrente de estar andando en círculo.
por Mario Morales | Oct 7, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
El ciclo se repite con monotonía en las elecciones de Bogotá. Va a ser difícil que candidatos y campañas reconozcan errores en esta recta final. Por eso un día es cabeza de turco quien lidera preferencias; otro, los encuestadores; y al siguiente, medios u organizadores de debates. Como siempre… (Publica El Espectador)
Monotonía que refrenda la escasa iniciativa de los candidatos, que no quieren arriesgar, y la abulia de los ciudadanos. No será la agenda la que defina el nuevo alcalde mientras los favoritos sigan en sus zonas seguras.
En medio de esa modorra juegan otros factores, como la imagen, el cansancio por la sectarización, rechazo a endosos clientelistas y el sancocho tradicional, compuesto de encuestas, debates, publicidad y encuadres de líderes de opinión.
Con respecto a la imagen, los cuatro desangelados favoritos no son el mejor ejemplo de carisma y empatía con los votantes. Por eso aquí aparece el subfactor de la imagen negativa, en la que Peñalosa es campeón inobjetable, seguido de Clara López y Pacho Santos. Pardo pasa de agache.
En el segundo ámbito, el período de fatiga por la polarización extrema cocinó en el ambiente el leitmotiv de “No más Uribe y no más Petro”. Aquí nuevamente Pardo sale mejor librado.
En el tercer aspecto, Clara se retrasa por su perspectiva continuista, Pacho se percibe como muñeco de ventrílocuo del furibismo y Peñalosa es leído como caballo de Troya ora de Uribe, ora de las huestes clientelistas del vargasllerismo y otras derechas. Si Pardo se desmarca de ciertas máculas, paradójicamente quedaría como el menos dependiente.
Eso no sólo explica el repunte de Pardo, el único que crece sostenidamente, sino que lo ubica como favorito a recibir de ese 49 % de bogotanos que aún no se decide, según Cifras y Conceptos, el voto desencantado de las extremas.
Queda el sancocho de cierre, mencionado arriba, y la eventualidad de algún guardado. Por ahora, y como no pasaba hace mucho, se impone el bajo perfil.
por Mario Morales | Sep 30, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Y nada que aprende. Ese es el problema del carácter compulsivo de este Gobierno. A un acierto innegable, como fue la firma del cuarto punto de la agenda (quinto en el orden establecido) en la mesa de La Habana, le sucedieron cinco errores flagrantes. (Publica El Espectador)
El primero, como hemos insistido aquí, fue caer en la tentación de fijar fecha y hora para el fin de la guerra con las Farc, y además alardear de ello. Poner acentos en ese punto neurálgico es entregar el comodín a la guerrilla y oposición. Era esperable el riposte de Timochenko, que ya dijo que el plazo puede quedar corto. Advierte a Santos y mete presión al proceso.
El segundo fue lanzarse a esa suerte de celebración anticipada, con “repique de campanas” incluido. Se entiende que Santos quiera impresionar a la Asamblea de la ONU, pero su tono dista de la prudencia necesaria. Oh vanidad, cuántos extravíos se cometen en tu nombre.
El tercero, y en eso tienen razón guerrilla y conservadores, fue no publicar el acuerdo completo. Los 75 puntos los debe conocer la opinión pública, afrontar de una vez el chaparrón de críticas y aprovecharlo para hacer pedagogía. No de sopetón, sino explicado para evitar el matoneo uribista.
El cuarto fue ir más allá de la descripción de lo acordado a riesgo de indisponer el ambiente de la mesa, todo con el fin de apaciguar la oposición hambrienta.
Y el quinto es no apoyarse en las derechas civilizadas para entrarle a este sector que hace péndulo entre escepticismo y rechazo. Porque, como dice Serpa, y parafraseando a Neruda, no nos gusta que Vargas Lleras calle y esté como ausente, preocupado como está de apoyar a Peñalosa y ganarse a Bogotá para 2018.
El Gobierno debe retomar el bajo perfil, contar hasta tres antes de caer en triunfalismos, no demostrar emociones y aplicar lo de la urna de cristal a lo que está firmado y es inamovible en el acuerdo. Sólo así garantiza apoyo para la refrendación si es que quiere cumplirle esa promesa al país.
por Mario Morales | Sep 23, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Es el manido dilema de la cobija chica. Nos tapamos la cabeza pero descubrimos los pies. Que el país esté viviendo los más bajos niveles de confrontación armada en las últimas cuatro décadas, como documenta el Cerac, deja ver la foto de lo que sería el país sin conflicto: Menos combates, menos atentados y menos muertos; pero en acción un ejército de corruptos “civilizados” pero dispuestos a tomarse los poderes locales a como dé lugar. (Publica El Espectador)
El informe de la Procuraduría sobre riesgos en las elecciones locales reactiva la alarma que prendió la MOE hace una semana. Que en 877 municipios haya quejas de trashumancia (esa palabra desescalada para describir el fraude electoral) debería servir, por lo menos, para unir los gritos destemplados de las jaurías que hoy se desgañitan contra el oxígeno, soberanía y demás ‘riquezas’ que se llevaron los aviones venezolanos que violaron la frontera…
O para aunar los lamentos de plañideras de quienes esperaban puños y arañazos de la muy “normal” reunión de Santos y Maduro, para “normalizar” las relaciones binacionales…
Y es que más que una profecía parece una condena; en los tres de cada cuatro municipios del país donde se denuncian inscripciones ilegales de cédulas, inevitablemente habrá fraude, así el Consejo Nacional Electoral alcance a anular, como anunció, el 50% de esas inscripciones en 350 municipios, si tenemos en cuenta que sólo hasta esta semana se puede depurar el censo electoral.
Ese es el mal mayor, pero no viene solo. También hay denuncias de participación en política en Santander, Quindío, Guajira, Cundinamarca y Boyacá.
En varios municipios de Huila, Cauca, Arauca, Antioquia y Nariño, ilegales varipintos no han permitido candidatos en plaza pública y constriñen la decisión ciudadana.
Es un fogonazo de lo que nos espera a corto plazo, que a su vez es la raíz de los conflictos de los próximos lustros. Una serpiente que se muerde la cola y que se tapa con una cobija chica que no alcanza a cubrir todos sus males.
por Mario Morales | Sep 23, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
A casi un mes de las elecciones está claro que plataformas y programas no marcarán la diferencia en la favorabilidad de los tres candidatos a la Alcaldía de Bogotá que quedan en liza. Tampoco va a ser decisivo el cauto y similar discurso pro-paz de los tres. (Publica El Espectador)
En cambio, otros factores que pueden desequilibrar la balanza ya están en juego: propaganda sucia, adhesiones que embozan el clientelismo de los interesados de siempre y, por supuesto, el billete que ingrese para saturar cerebros a punta de publicidad.
Esa propaganda descalificadora, que mezcla, por ejemplo, engaño y temor acerca de la presunta reedición de Petro, explica la caída de la imagen favorable de Clara, como muestra la Polimétrica de Cifras y Conceptos. En ese ítem Peñalosa se mantiene, pero quien escala es Rafael Pardo, que astutamente trata de distanciarse para correrse hacia un centro imaginario.
Como el milagro de la resurrección de Pacho Santos no se dio, su campaña se disuelve mientras deshoja margaritas de si adherir desde ya a Peñalosa, el candidato del uribismo, o hacerlo al final para tratar de causarle el menor daño posible.
Los dos, Pacho y Peñalosa, en ese orden, encabezan la lista de imagen desfavorable entre los bogotanos que los conocen bien. Ese 59 y 56 % en contra, según la encuesta, son elocuentes. Y si se unen…
Habrá que analizar el impacto de las adhesiones de conservadores y Cambio Radical a Peñalosa con las que se asume, sin ambages, como la opción de las derechas de la ciudad. El efecto reactivo de las izquierdas no se hará esperar en torno a Clara López. En río revuelto, aumentan las opciones de Pardo.
Contará, y de qué manera, el músculo económico visible, pero sobre todo el invisible, en el bombardeo publicitario que se viene, ataviado con los otros dos aspectos mencionados.
Prueba de fuego para la independencia de la franja de opinión bogotana que sabe que con el embeleco del cacareado cambio, algunos quieren que todo siga igual.
por Mario Morales | Sep 13, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Es quizás el único premio donde uno quisiera que cada año hubiese menos postulaciones. Porque ahí, entre esas dolorosas historias de 20 finalistas y medio centenar de nominados, está el país que queremos dejar atrás, el país que mira con esperanza a la mesa de negociaciones de La Habana, y el país que a través de sus luchas clama por el cese de todas sus violencias. (Publica el Espectador)
Quienes aspiran al Premio Nacional de la Defensa de Derechos Humanos que se entrega hoy no van en busca de fama ni celebraciones. Detrás de cada postulación hay un drama que busca ser reconocido y un trabajo que necesita ser visibilizado.
Acercarse a cada uno de los perfiles es concientizarse de que la situación de derechos humanos aquí sigue siendo grave en los territorios a donde no llegan el Estado, ni cámaras, ni soluciones.
Preocupante lo que pasa en Cauca y todo el Pacífico. Doloroso lo que pasa con las organizaciones afros sumidas en el conflicto, el abandono y la doble estigmatización: por raza y oficio de ser defensores. Delicado lo que ocurre en Antioquia, Casanare, Tolima y tantas otras partes en las que comunidades y defensores tienen restricciones de movilidad, poca o ninguna difusión de sus procesos en medio de amenazas, desplazamientos y acoso de armados.
Elocuente de lo que aún somos es que haya personas que le hayan dedicado toda una vida a la defensa de los DD.HH., como Fabiola Lalinde, que ha batallado tres décadas contra la desaparición forzada, como la que sufrió su hijo. O los años que lleva Venus Quiroga en el Tolima en defensa de las tierras y de las víctimas, o Benjamín Cárdenas en Antioquia, por razones parecidas.
Serán cinco premios los que entregue Diakonía en tres categorías, pero detrás de ellos está el país que sufre en las fronteras, más de 7.000 víctimas de minas antipersonal, quienes no tienen agua, casi cuatro millones de desplazados, miles de víctimas de reclutamiento forzado y de otras infamias sin nombre que requieren ya punto final. Ese es el premio que necesitamos.