¿Hay esperanzas, ministro?

Por: Mario Morales
Decía el pensador Manuel Castells que las emociones en juego en la lucha política son el miedo y la esperanza. Así ha sido siempre aquí pero de manera doblemente enfermiza. Primero por lo repetitiva y segundo por lo extrema. (Publica El Espectador)

Esos son los apellidos de lo que somos, de lo que hemos querido ser. Sentados en la esperanza, ese optimismo insuflado, exacerbado y casi siempre injustificado, del que hablan Santos, los economistas y los negociantes de toda pelambre, creemos que hemos sobrevivido a todas nuestras desgracias. Y no es así.

De rodillas ante el temor hemos sucumbido en lo jurídico, en lo político y especialmente en lo ético.

Ser político ha significado inscribirse en una de esas dos esquizofrenias: la esperanza de dar el salto económico con Gaviria, o alcanzar la paz con Pastrana que terminaron en sendas frustraciones. O el miedo a perder la institucionalidad en el caso Samper.

Sólo los totalitarismos logran alternarse entre las dos vertientes para recrear reflejos condicionados. Es el caso de Uribe, que aprendió a narrarse (porque emociones sin narración son histerias) en ese péndulo persuasivo que dio paso, siguiendo a Castells, a este voluble estado de ansiedad.

Estigmatizando, amenazando, construyendo falacias a manera de sindicaciones (lo saben Vargas Lleras, jueces, periodistas y la sociedad civil que lo controvierte), el expresidente da en la cara para no dar la cara, monta comparsas seudoperiodísticas, desinforma (hasta Mancuso lo desmiente) y se pasea orondo por medios que le sirven de caja de resonancia.

Lo más grave es que aún tiene poder, si éste se basa, como dice Castells, en el control de la comunicación e información, sobre las cuales emocionaliza a las audiencias: ora esperanza, ora temor. Los únicos antídotos son la razón y hechos, como lo han demostrado magistrados, antagonistas, como Petro, Mockus, Robledo; o periodistas como Coronell, Reyes, Morris o Duque. Esa es la deuda que tiene el Mininterior al poner el retrovisor. ¿Tenemos esperanzas?

Abriendo puertas

Por: Mario Morales
Así como está, la ‘Ley Lleras’, que pretende regular derechos de autor en internet, parece más un troyano, ese seudovirus que deja abierta la puerta trasera de un sistema para que entre el diablo y escoja. (Publica El Espectador).

Alrededor de las bondades del acto legislativo, que pasó el primero de cuatro debates, se ha creado un falso consenso, pero ha esquivado reparos de usuarios y proveedores: el país que de veras usa la red.

La eficiencia legislativa, de la que alardea el Gobierno, tiene más de ligereza en este proyecto, señalado como ‘prerrequisito’ para el avance del TLC, porque ha tenido pocos debates cerrados y cada vez más contradictores como lo documentan La Silla Vacía y redpatodos.co.

Es irónico que mientras democracias como Holanda y Chile avanzan hacia la neutralidad en la red, esto es, garantías de acceso total a internet, la ‘Ley Lleras’ allana el camino para cortapisas en aspectos como la libertad de expresión, un peligro creciente en el mundo, como lo señalan en reciente comunicado conjunto relatores y representantes en este ámbito de ONU, OEA, OSCE y CDAHP.

Hay que escuchar a los actores del sector que vienen advirtiendo desde la industria, academia y uso diario sobre peligros como trasladar la responsabilidad de jueces a proveedores de servicios, sobre contenidos en entredicho, para lo cual no están preparados ni deben estarlo; de los riesgos de censura, de la violación del debido proceso y la presunción de inocencia o de utilizar marcos legales obsoletos o inadecuados para la red. Tanto que, como señala Julián Casasbuenas, de Colnodo, hasta contradicen el artículo 51 del Plan de Desarrollo que señala que las entidades del Estado “se abstendrán de establecer barreras, prohibiciones y restricciones que impidan dicho acceso (a internet)”.

Nadie niega la necesidad de una ley de derechos de autor, pero no hay que meter en el mismo archivo a usuarios y piratas. El Estado debe hacer presencia primero en lo social y en lo educativo antes que en lo punitivo. Restringir acceso, circulación y uso de contenidos como está planteado agrava la enfermedad, viola derechos y abre puertas para males mayores. Aún hay tiempo de blindarlas.

Demasiado humano

Por: Mario Morales
«Perfección en los medios y confusión en los fines». Esa frase, atribuida a Einstein, parece guiar al profesor Mockus. Pocos como él se han atrevido a desnudar en público sus dudas, sus vacilaciones y sus dilemas. «Humano, demasiado humano», habría que decirle, con todas las interpretaciones, para citar a Nietzsche. (Publica el Espectador)
Ya despojado de los maquillajes y afeites que los desfiguraron en la pasada contienda electoral, Antanas ha vuelto a hacer gala de su autenticidad, rayana en lo excéntrico que tanto cuestiona a los colombianos en todos los ámbitos.

Es un personaje incómodo para la estética de apariencia que se tomó por asalto la escena política, saturada de libretos, telepronter y frases hechas. Pero también ha tocado la esencia misma del debate público al trasladar las plataformas y las ideas al marco referencial de la ética y la dignidad en la política. Una propuesta tentadora: antes que las ideas, los valores.

En ese terreno, los políticos tradicionales se quedan sin argumentos. Le salen al paso, contraatacando: “¿Acaso él es el único honesto?”. La respuesta la va dando el paso de los días.

Su metamorfosis arrancó desde el día en que amaneció convertido en un insecto (un grillo perspicaz), prosiguió con su eventual rol de Sancho Panza (haciendo ver como burros a sus contradictores), pero sin perder el halo de profesor, mote con el que quiso desprestigiarlo Santos en la campaña electoral.

A diferencia de lo que dice Fajardo, el molino de viento de la elección en Bogotá, ha permitido vislumbrar el más fuerte fenómeno político de los últimos años en esta época de personalismos y populismos, en medio del estruendoso fracaso de los partidos en la construcción del objetivo primordial de la política, al decir de Hannah Arendt: la construcción de lo público.

Yendo contracorriente, vacilando, discutiendo, bajándose los pantalones o haciendo mutis por el foro, la simbología de Mockus no sólo lo ha convertido en conciencia social y marco ético de referencia, sino que viene construyendo un movimiento contestatario sin precedentes que hace soñar que la política sea otra cosa más que ese desprestigio de dos milenios. Así él mismo no sepa cómo.

¿Ponderación o contentillo?

Por: Mario Morales
Eso fue. Discurso para la galería. Creer que el presidente Santos estaba confrontando a las altas cortes por sus recientes y, valga decirlo de una vez, acertadas decisiones judiciales, es desconocer sus formas comunicativas para generar tempestades en vasos sin agua. (Publica el Espectador)
Las muy “ecuánimes” invitaciones a la “ponderación” que hizo Santos a las cortes, a diferencia de otras directivas que tienen connotación de órdenes o notificaciones, no son más que contentillo para ese sector más reacio de las Fuerzas Armadas que sigue divorciado del presidente y para esa legión (y ya es pleonasmo) sectaria uribista.

Y lo son por la ausencia de fuerza discursiva y porque son insulsas toda vez que dichas decisiones son irreversibles. Atendiendo al presidente lo de “tener en cuenta el contexto”, digamos que esas referencias fueron hechas en su condición de jefe supremo de las Fuerzas Militares en un acto y auditorios castrenses. Les dijo lo que querían oír.

No fue la decisión de las cortes, sino la manipulación política, segmentada y propagandista la que terminó por dilapidar el componente judicial que tenían los archivos de Reyes, hoy conminados a inteligencia estatal. Y eso, toda vez que son públicos.

En serio, ¿a alguien le cabe duda sobre la responsabilidad del Estado (por omisión, incapacidad logística, ineptitud o negligencia) en la toma de Las Delicias y en docenas de actos de terrorismo de la guerrilla, responsable en primer grado por sus acciones? No es sino preguntarles a los exsecuestrados, civiles o uniformados y especialmente a miembros de la Policía, entonces abandonados a su suerte.

Sólo quedan dos inquietudes para el presidente: Si cuando habla de “esa visión común” que debemos tener se refiere a la Constitución y a la ley, que son el soporte de las actuaciones de las cortes; y si cuando enfatiza en su condición de jefe de Estado, se lo imagina como un Estado de derecho. Eso nos ahorraría estas discusiones.

Y la ciudad, ahí

Por: Mario Morales
No la tiene fácil Antanas. Sabe que su decisión es una suerte de phármakon, en el sentido griego de ora remedio, ora veneno para el momento actual de la política nacional. (Publica El Espectador)

Si se lanza, con un Peñalosa renuente a abandonar tanto a los verdes como sus pretendidas alianzas “secretas” con los uribistas del Partido de la U, haría explotar su partido y allanaría la opción que más temen los bogotanos, que Uribe declare la hecatombe, más ahora que Petro está en el ruedo, y se declare candidato .

Y no la tiene nada fácil, si aplicados a la praxis política, considera al mismo Peñalosa, embelesado hoy con esos coqueteos uribistas, como una especie de último jarillón para contener la ambición del expresidente, quien, es bueno recordarlo, sólo cree en lealtades ad hoc.

No la tiene fácil por la ausencia de interlocución con Peñalosa, estratégicamente declarado en vacaciones para no “contaminarse”, parapetado en un Lucho Garzón desconocido, descreído y desdibujado en declaraciones que hace harto dejaron de ser punzantes. Sabremos si esa desconexión inducida de los exalcaldes suma o resta fidelidades.

No la tiene fácil Mockus si no se lanza (y le deja el camino expedito a ese uribismo rancio y embozado que aprendió a hacer política y contratos en cuerpo ajeno), a pesar del clamor en las redes sociales y de los ciudadanos de a pie, indignados porque los cuadros directivos hicieron oídos sordos para poner en marcha mecanismos de participación, sueño de la Ola Verde y de su movimiento ciudadano.

Y no la tendrá fácil si en la reunión de junio, las mayorías directivas de los verdes avalan la táctica bipolar peñalosista, porque tendrá que tragarse ese sapo ajeno que ha terminado por confundir la flexibilidad en los principios con la flexibilidad programática, cosa bien distinta, como dice la representante Ángela María Robledo.

Y no la tiene fácil si decide seguir en su rol de Pepe Grillo, si hemos de considerar que en esta contienda más que decisiones sobre candidatos, partidos o tendencias, anida el cada vez más grande descontento popular con esas formas camaleónicas de hacer política, del cual ya tuvieron noticias España y los países árabes. Y la ciudad, ahí, sin debate.

Esa cara maravillosa

Por: Mario Morales
En algo que sí tiene razón el presidente Santos es en que necesitamos más de un milagro para mostrar otra cara del país cuando los ojos del orbe estén puestos en nuestra pobre humanidad agobiada y dolida con motivo del Mundial sub-20 de fútbol. (Publica El Espectador).
Pero hará falta más que esa bandera de 240 metros cuadrados para tapar las cañerías nacionales que se subvierten cada día contra ese estereotipo, seña de nuestra identidad, que Santos vuelve a marcar: Que somos un “país de maravilla”.

Quizás a la distancia la estrategia publicitaria funcione, pero la metástasis es inocultable para quienes pisen suelo patrio. Ya veremos con qué ingenio explicará a los visitantes un colombiano promedio (ahora elevado a categoría de guía turístico) que el boicot informático a la Registraduría Nacional en las pasadas elecciones parlamentarias tendría origen, según la firma Adalid –certificada por la Unión Europea-, en las direcciones IP que presuntamente corresponden a Mindefensa, Policía y Das, como informó ayer este diario. O cómo analizará la hipótesis de que sería revancha del anterior gobierno contra el registrador por su supuesta oposición al referendo reeleccionista.

Hábiles, haremos chistes distractores acerca de las supuestas pruebas en los correos de Raúl Reyes, que no son correos sino archivos, que no son válidas porque fueron logradas de manera indebida según la Corte, y que, como publicó El Espectador con base en cables de Wikileaks, formaron parte de una estrategia propagandística, judicial y “política” contra opositores y países vecinos.

Solidarios, cambiaremos el tema cuando nos hablen de las rapiñas de políticos a la DNE, la salud, el erario y a la inagotable y maravillosa ingenuidad nacional. O improvisaremos acerca de la maravillosa versatilidad de nuestra moral, normas y estándares sobre medidas, según el momento, enemigo, botín o cargo a conseguir. De exportación.

¡O no es una maravilla pensar que en unos días invierno, corrupción y cinismo serán tiempo pasado, cubierto por esa inmensa bandera que nos hará sentir no sólo como hermanos y artífices del milagro sino maestros de la actuación y la impostura a la hora de mostrar otra cara del país!

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