por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
«Lo importante es sumar», dice. Visto así, Peñalosa parece uno de esos mediocres futbolistas que son capaces de recurrir a la falta táctica, la simulación y el teatro en pos de un resultado. ¿Acaso no fue esa práctica, desleal con el deporte, la que acabó con el espectáculo y dejó en su lugar, a cual más grave, las pasiones y el negocio, o los dos juntos? (Publica el Espectador)
“Porque lo que necesitan los ‘verdes’ es ganar”, repite. Y les abre los abrazos a las alianzas, sin importar de dónde vengan ni adónde los lleven. ¿Acaso no saben que toda alianza en política es un compromiso que se paga tarde o temprano, a las buenas o a las malas?
“Mal creer que somos los únicos buenos y que los demás son los malos”, le acolita Lucho Garzón. Y cierra los ojos y especialmente la nariz (y quizás se persigne), mientras extiende con esa inmodestia moral el brazo impenitente a los publicanos caídos en desgracia.
Talvez allá adentro se justifiquen o crean a pie juntillas, y hasta ensayen el guión de la mascarada del matrimonio con Uribe que llevó al poder a Santos, y que ya hasta tengan listo el puñal.
Pretenden olvidar que los endosos uribistas son casi una capitulación, como lo sabe en ego propio el mismo Peñalosa. Y que hay dos cosas que los electores no perdonan: la ambigüedad y la falta de coherencia, precisamente los dos últimos máster del excalcalde, a quien hoy se pelean uribistas y “verdes”: cada uno dice que es del otro partido.
En Uribe se entiende. Cerca de la hoguera, es capaz de lanzarse para el cuerpo de bomberos. Pero ¿y esa facción del Partido Verde? Ni cuenta se ha dado de la creciente carga negativa, como lo muestra la encuesta de la Universidad de la Sabana: Peñalosa ya tiene el 38% de desfavorabilidad, frente a un escaso 51% de buena imagen para alguien que tiene su recorrido. ¿Fatiga o castigo?
Con el Polo y el uribismo en caída libre, no sería raro que la Alcaldía de Bogotá terminen disputándosela Paulo Laserna y Gustavo Petro. ¿O alguien quiere más de lo mismo?
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
¿Pesimistas, nosotros?
Por: Mario Morales
Quizás hubo llanto en la abueladel niño y unas palmaditas de frágil consuelo entre los vecinos y allegados.Tal vez una misa pobre y una flor entre una paladas de tierra. De pronto aún se escuchen unos suspiros entre las voces entrecortadas que repiten el novenario, o los ecos de conciencias arrepentidas por lo que pudieron haber hecho. (Publica El Espectador)
La historia de Ana Cecilia y Javier no parece en principio distinta a la batalla campal que afrontan para sobrevivir las gentes de este país, cada mañana. Pero lo es porque, no obstante su juventud, terminaron, como lo dicen los primeros indicios, por rendirse, desesperanzados, en su vivienda alquilada y con todo prestado en el noroccidente de Bogotá.
De ella dicen que era empleada de un local; de él, que estaba en el rebusque de las reparaciones locativas, haciendo domicilios, jugando maquinitas, en fin, “gente tranquila”.
Quizá no estaban al tanto del multimillonario robo a la salud, de las entelequias acerca de si aquí hay conflicto armado, de las discusiones eruditas sobre el derecho de gentes en la muerte de Bin Laden o de la rapiña por el poder temporal en esta ciudad de nadie.
Tal vez no contestaron la encuesta bimestral de Gallup que da cuenta de ese 72% de bogotanos pesimistas o de ese 54% de colombianos que cree que las cosas están empeorando por falta de oportunidades. De pronto sólo alcancen a entrar en ese cruel promedio nacional de un suicidio cada cuatro horas, si es que alguien los recuerda calcinados, abrazando a su hijito de 5 años.
Dirán algunos que estaban locos, que cobardes, que inmaduros. Otros, que “de malas”, o que “les tocaba”. Y el resto pasará la página con indolencia en busca de los deportes y “noticias más amables”.
Se fueron sin saber que los causantes directos e indirectos de su trágica decisión, y de las condiciones de quienes les sobreviven, siguen negando responsabilidades, se escudan en la ignorancia, tiran piedras, negocian penas o, peor aún, siguen haciendo de las suyas.
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Como dice el recientemente desaparecido escritor argentino Ernesto Sábato en esa hermosa carta al cierre de Antes del fin, hay que comenzar por reconocer que hemos sido derrotados. Por acción y omisión: los más de 900 mil bogotanos que votamos por Samuel y todos los ciudadanos que permitimos que siga con su desgobierno incluso antes de posesionarse. /Publica El Espectador)
Era una derrota anticipada. ¿O no fue premonitorio ese “sí, no lo dudo” como respuesta del entonces candidato Moreno a la pregunta de Mockus de si compraría “50 votos para salvar la ciudad de alguien que ha comprado 50 mil”?
Y seguimos derrotados cuando ante cualquier perspectiva de cambio creemos que ya no hay caso, que sólo faltan ocho meses, que sería peor una transición, que la estabilidad, la institucionalidad y toda esa sarta de leguleyadas que nos tienen como nos tienen.
No. Ocho meses es mucho tiempo para resignarse a vivir o cambiar un destino. La justicia está haciendo parte de lo que le corresponde: ese largo desfile de investigaciones y carcelazos por corrupción. Le resta terminar el proceso en la misma línea, con castigos ejemplarizantes.
Mientras tanto, cada nueva denuncia despierta más rabia y desazón que la anterior frente a una administración que se especializó, sin ruborizarse, en meternos gato por liebre, como lo denuncia El Tiempo con el escondido recorte de obras en la 26 para maquillar cronogramas hechos a la ligera y que tienen que ver más con la imagen del alcalde que con necesidades de los ciudadanos. Es otra muestra de su indolente improvisación y/o ineptitud, que tiene capítulos recientes como Transmilenio por la séptima o los estudios del metro que investiga la Procuraduría.
Y el alcalde aferrado como un gato en caída a pesar de las encuestas, de peticiones de renuncia de políticos o columnistas como Natalia Springer, y el descontento popular manifiesto en redes sociales.
Pero ¿estamos condenados a esperar lo que no va a suceder? ¿Acaso no existen vías constitucionales como la revocatoria del mandato para quien frustró no sólo el sueño de gran ciudad sino la ruta de una opción política distinta?
En esa carta Sabato era un derrotado, como cosa rara, ligeramente optimista. ¿Nos alcanzará la esperanza?
por Mario Morales | Feb 25, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Es la diferencia entre presente y pasado. Mientras el autodenominado Centro Democrático no da pie con bola, y la izquierda y las cabezas de la Alianza Verde se ahogan entre sí jalándose de los pies, la dupla Santos y Vargas Lleras se está saliendo con la suya. (Publica El Espectador)
Y no precisamente por méritos. No hay que hacer mucho cuando los demás andan empeñados en autodestruirse. Y es que los descaches de los uribistas son de colección. Valga citar esa cuña de imitación que parece pagada por la oposición. La autocaricaturización invalida el mensaje mismo y contradice el sello de firmeza y de adustez que han querido vender durante todo este siglo. Es tal la confusión que uno sabe si reír…
Igual de contradictorio es el mensaje de Pacho Santos como antípoda de Petro. Descartada la figura de Uribe por los descalabros del pasado en Bogotá, generan con Pachito el mismo efecto, el de hacerle bien al contrario y generarle adhesiones por descarte o solidaridad.
Y para colmo, ante el creciente apoyo al proceso de paz, andan embolatados con su posición de crítica feroz a los diálogos que les resta votos y simpatías. Van contra corriente y sin brújula. La izquierda, más obcecada por sobrevivir o por mantener sellos particulares no crece, y difícil que lo haga luego del criminal atentando contra Aída Avella. “Inaceptable” dirá el presidente, como siempre… Y entre los verdes, la disyuntiva del apoyo a Petro y la terquedad de Peñalosa terminaron por desteñirlos.
En coche viajan Santos y su fórmula, Vargas Lleras. Reedición del clientelismo y la politiquería, pero hábiles en su comunicación política. Lo demuestran sus eficientes embelecos distractores como el mensaje presidencial sobre Venezuela que opacó el escándalo de corrupción en el Ejército, la “dura” posición ante las Farc para que no juzguen a militares y esa bandera despistadora y vendedora a la vez, de acabar con reelección y vicepresidencia y ampliar período de alcaldes. Como para que nadie hable de apellidos, centralismo y continuismo. Ganarán en primera vuelta…
por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
¿De verdad alguien esperaba acto de contrición o mea culpa del mindefensa Pinzón luego de los sucesivos escándalos en el Ejército? Una cosa es la exigencia del país por resultados y responsables de esos actos impropios, y otra desconocer el papel de actor de reparto del funcionario. (Publica El Espectador)
Sabido está que su voz, adjetivos y tonos forman parte de un libreto, bien para darles de comer a ciertas jaurías, para recomponer el proverbial doble discurso santista, o como talanquera ante la avalancha de críticas.
Llámese apagaincendios, comodín o fusible, por la reacción airada de colegas y ciudadanos, debe ser que es buen actor y que la estrategia de impostar bravuconadas rinde frutos.
Si él mismo no sabe lo que pasa en las filas, ocioso es pensar que va a ir lanza en ristre contra el encabritado potro de oficiales y suboficiales que históricamente y por cooptación ha ignorado voces distintas. ¿Acaso esa figura de un civil “al frente” de las tropas ha pasado alguna vez la raya de las relaciones públicas y las formas?
Es a ese poder de cuerpo del estamento castrense, incluidos los que están en retiro, al que se debe dirigir hoy el país para reclamar acciones presentes, claro, pero sobre todo actitud para lo que viene. Nuestros soldados tienen derecho, como exigen, al debido proceso (en tribunales civiles) y a no ser estigmatizados con la generalización de las irregularidades. Y a ser respetados por su abnegación y sacrificio…
Pero también deben entender que este país ha cambiado, que ya no se doma con mera altisonancia; que los periodistas tratan, como ellos, de cumplir bien con su oficio, y que “la moral”, esa voluntad interior, es irrenunciable y no sujeta a circunstancias.
Deben entender, más allá de la pose de su ministro, que en la conformación de una fuerza pública transparente y abierta también está la paz de esta generación y de las que vienen. Abstracción hecha del remezón, llegó la hora de cambiar.
por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Los males no vienen solos. Mientras el país se cae a pedazos por el invierno, según la Procuraduría, por ineptitud, negligencia y politiquería de por lo menos 26 alcaldes y 4 gobernadores, amén, claro está, de la paquidermia del Gobierno central para ejecutar ayudas a tres millones de damnificados, la Semana Santa nos deja con la noticia de que el huevito de la seguridad sigue haciendo agua y con el interrogante de si hay efecto directo entre los crecientes indicadores de violencia y las desavenencias del alto mando militar. (Publica el Espectador)
Los dos factores son de vieja data. Desde 2008, como lo documenta Semana, la inseguridad ciudadana y el conflicto han dado señales de estar fuera de control, más allá del fenómeno de las bacrim. Y lo que muestra, durante el primer trimestre de este año, el Observatorio de Derechos Humanos y DIH de la Vicepresidencia es para prender alarmas. Hubo 12 masacres, 3 más que en el mismo período de 2010; hubo 85 secuestros, 15 más que en el mismo lapso del año pasado, y aumentaron homicidios contra representantes de la sociedad civil.
Mientras, ni en Mindefensa ni en las FF. MM. se ponen de acuerdo ni para una foto. Ni Silva ni Rivera pudieron cerrar la brecha (que se ahondó con la separación en ese 2008 de oficiales y suboficiales por las denuncias de falsos positivos) entre el ala del “tapen tapen” y la que pedía investigar a los responsables.
La jugada “maestra” del presidente Santos de nombrar un marino como comandante de las FF. MM., en vez de limar asperezas terminó por afectar la ya alicaída moral de la tropa, que parece no sentirse representada en el mando y que ha reabierto sus heridas con la salida intempestiva del general Matamoros en medio de conjeturas que van desde su presunta incapacidad para trabajar en equipo, hasta su posición crítica, pasando por egos, celos profesionales y rumores acerca de presuntas irregularidades en contratos.
Todo un novelón que el país mira con asombro en medio de la impotencia por la furia de los elementos, el recrudecimiento de la violencia, el oportunismo de ciertos politiqueros nostálgicos y por esa sensación de que o hay “brazos caídos” o al Gobierno le está llegando la noche.