por Mario Morales | Dic 12, 2025 | Actualidad, Análisis, Com. Política, Opinión, Uncategorized
Por Mario Morales
No se ve cómodo Sergio Fajardo en estas instancias políticas. Actitudes, respuestas e indecisiones muestran que, a pesar de la experiencia que invoca, aún no encuentra su lugar. O es el hartazgo de la época que se ha tomado por saturación el estado de ánimo nacional. O insatisfacción con sus dinámicas políticas. O un matiz de soberbia o terquedad, que él confunde con coherencia, como si el aprendizaje del ejercicio político se hubiese congelado.
La displicencia frente a preguntas cruciales como la financiación de su campaña, su comunicación no verbal que muestra impaciencia en escenarios de evaluación y largos silencios frente a posiciones urgentes son decisivos para construir percepciones, que son filtros que permiten la conexión y que definen respuestas en encuestas como si se “conoce” al candidato.
Percepciones que contribuyen, según Van Dijk, a formar modelos mentales estables para evaluar al candidato. El grado de compromiso de Fajardo frente a dilemas es uno de ellos.
Definen, siguiendo a Lakoff, el discurso que construye el político, con marcos inconscientes y metáforas familiares, en relación con el que le creen sus audiencias. Persiste en el imaginario la metáfora de irse a ver ballenas.
¿Qué tienen que ver esas percepciones con el mediocre 8.5% de Fajardo en la encuesta Invamer donde solo lo conocen 2 de cada 3 colombianos y uno de cada cinco tiene una imagen desfavorable?
Por eso resulta inexplicable su negativa a participar en las consultas de marzo, que no solo le permitirían construir una candidatura sólida y con apoyos más decentes que los de la derecha que lo tiene como candidato conquistable, desplazable o derrotable.
Calcula el matemático que no cerrarse sobre micropartidos o campañas improvisadas le permitirá crecer para dejar de ser un comodín. Al ir solo cierra paso a la sorpresa, útil para cambiar corrientes de opinión, niega la posibilidad de maniobrar en tiempo real y de poner en práctica su relato de concertación que sigue sin ser probado.
Ese plante es un riesgo si su marketing sigue confundiendo consistencia con inmovilidad
por Mario Morales | Nov 28, 2025 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
De algo habría de servir el escandaloso espaldarazo que la derecha extrema y la derecha disfrazada de centro le dieron a Rodolfo Hernández en las pasadas elecciones presidenciales. Una victoria suya hubiese sido una hecatombe mayor a la de Duque, y ya es mucho decir, con el consiguiente traslado de responsabilidades y perjuicios a cargo.
Por eso ahora, aunque no se sabe si a tiempo, esos mismos sectores políticos enterrados en los prejuicios del siglo pasado han comenzado a advertir, muy a su manera, con la discreción propia de la hipocresía interesada, del peligro que significa seguir aireando una eventual candidatura de un outsider díscolo, inexperto y capaz de cualquier cosa con tal de realizar su sueño de petrimetre perfumado, como si se tratara de un reto entre influenciadores en redes sociales.
Una cosa era utilizarlo como ariete para confrontar y desgastar al gobierno desde el kitsch, merced a su evidente postureo, y otra que llegara a duplicar o triplicar en las encuestas a los llamados a recibir la posta después del supuesto desgaste. Con los espejos puestos en otras latitudes del continente, saben que no habría nada peor que un nuevo rico, sin Dios ni ley, ensoberbecido de poder y sin programas o partidos a quienes rendirle cuentas.
Pero, siguen sin entender que hoy las dos opciones supérstites no tienen que ver con las extremas, sino entre quienes rompieron con el pasado e hicieron toldo aparte y “los mismos de siempre”, como quedó expresado en la voz de orden que acuñaron y les sirvió para avanzar a los dos candidatos de segunda vuelta en 2022.
Ese es el punto de quiebre de las recientes mediciones y favorabilidades que evidencian un país que cambió y se divorció de creencias retorcidas, mojones de esclavitudes y oscurantismos, como esa de que es mejor malo conocido que bueno por conocer.
Esas élites añosas, que, con tono falso, imploran unidad, comienzan a lamentar haber confundido mañosamente la preparación de cuadros para el futuro con la cooptación amañada de cargos y prebendas y ya viven su propio laberinto
por Mario Morales | Nov 21, 2025 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
¿Qué tienen en común la operación trumpista Lanza del sur sobre Venezuela y la insistencia en una presurosa encuesta, en apenas 3 semanas, del controvertido, camaleónico e intimidante Abelardo de la Espriella?
Se trata, mutatis mutandis, de la puesta en escena de una estrategia de propaganda política implementada en 1932 por Goebbels, cuando el partido Nazi estaba de capa caída, que documentó el teórico Jean M Domenach y que relata cómo el ministro de propaganda, ante la desbandada de prosélitos enfocó líderes y esfuerzos en unas elecciones parciales de un pequeño distrito, donde triunfaron e hicieron creer al resto de la nación que Hitler, a pesar del descrédito e incredulidad, estaba de vuelta.
En la idea de construcción de su propio mito nada será convincente si Trump no recupera influencia en su patio trasero, con el bonus track de una de las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo. Acudiendo al reflejo y a la inhibición condicionadas de Pavlov, mediante la amenaza de la fuerza aeronaval más poderosa del planeta y la zanahoria de la negociación en pos de una claudicación, así sea parcial, el presidente busca sentar precedentes para Colombia, México y otros países del área sin disparar un solo misil.
De la misma manera, el autodenominado tigre colombiano, aspira, montado en las liebres ilusorias de un evento minúsculo y unas presuntas encuestas mezcladas con apuestas, a aprovechar sus 15 minutos de fama y, pasando por encima de sus colegas de derechas, a convertirse inopinadamente en candidato de una pretendida coalición, en la que no cree ni él, antes que se le aparezca, como es previsible, un contendor que lo ponga en su lugar. Él y sus asesores saben que la visibilidad sin sustento es efímera.
Son, como lo denominan los cánones, estrategias piloto fundamentadas en el rumor político, aupadas por dinámicas digitales y el culiprontismo de medios y analistas que dan por sentadas especulaciones tendientes a crear fenómenos políticos con ayuda del inflamil, ya que nadie, por culpa de la ley y de la estigmatización de la oposición, le puede echar la culpa a las encuestas.
Por Mario Morales
¿Qué tienen en común la operación trumpista Lanza del sur sobre Venezuela y la insistencia en una presurosa encuesta, en apenas 3 semanas, del controvertido, camaleónico e intimidante Abelardo de la Espriella?
Se trata, mutatis mutandis, de la puesta en escena de una estrategia de propaganda política implementada en 1932 por Goebbels, cuando el partido Nazi estaba de capa caída, que documentó el teórico Jean M Domenach y que relata cómo el ministro de propaganda, ante la desbandada de prosélitos enfocó líderes y esfuerzos en unas elecciones parciales de un pequeño distrito, donde triunfaron e hicieron creer al resto de la nación que Hitler, a pesar del descrédito e incredulidad, estaba de vuelta.
En la idea de construcción de su propio mito nada será convincente si Trump no recupera influencia en su patio trasero, con el bonus track de una de las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo. Acudiendo al reflejo y a la inhibición condicionadas de Pavlov, mediante la amenaza de la fuerza aeronaval más poderosa del planeta y la zanahoria de la negociación en pos de una claudicación, así sea parcial, el presidente busca sentar precedentes para Colombia, México y otros países del área sin disparar un solo misil.
De la misma manera, el autodenominado tigre colombiano, aspira, montado en las liebres ilusorias de un evento minúsculo y unas presuntas encuestas mezcladas con apuestas, a aprovechar sus 15 minutos de fama y, pasando por encima de sus colegas de derechas, a convertirse inopinadamente en candidato de una pretendida coalición, en la que no cree ni él, antes que se le aparezca, como es previsible, un contendor que lo ponga en su lugar. Él y sus asesores saben que la visibilidad sin sustento es efímera.
Son, como lo denominan los cánones, estrategias piloto fundamentadas en el rumor político, aupadas por dinámicas digitales y el culiprontismo de medios y analistas que dan por sentadas especulaciones tendientes a crear fenómenos políticos con ayuda del inflamil, ya que nadie, por culpa de la ley y de la estigmatización de la oposición, le puede echar la culpa a las encuestas.
por Mario Morales | Oct 1, 2025 | Actualidad, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
A Oswald Spengler, autor de La Decadencia de occidente, que anticipó el declive la cultura y su reemplazo por una civilización decrépita como antesala del cesarismo o poder ejecutivo autoritario, solo le faltó predecir su carácter tragicómico, eso sí, sin final feliz.
Por culpa de las utopías no anticipó que las estrategias, desplazando a la política o en su nombre, para decepción de Clausewitz, iban a ser la verdadera guerra por otros medios. Ni que iban a degenerar en “stand up” transnacionales, pero no por ello menos plebeyos que vemos en redes sociales y, revestidos de falsa solemnidad, en medios tradicionales.
Sirva como ejemplo lo que no iba a ser más que una caricatura, ideada por un estratega recién llegado, en la que un presidente arenga, como en la saga de Marvel, a formar el ejército de salvación del mundo, y que, respondida por asesores caricaturescos, caídos en provocación, potenciaron una proclama particular como relato global, el clásico efecto Streissand de perifonear lo que se quiere acallar.
Es el resultado de otros malos estrategas que enviaron a alcaldes y legisladores arrodillados a planear con homólogos gringos la manera de encuellar a un presidente sin tocar la economía, no solo por razones propagandísticas sino por los efectos futuros en el país que aspiran a refundar. Les salió mal: con sanciones pierden ellos porque construyen la figura de un perseguido; sin sanciones aúpan la voz del agitador.
No son los únicos rehenes de los “gurúes del marketing”; ahí tienen a una candidata dándose tiros cada que habla o grita, a un exacalde cultivando su fama de lamesuelas, a un eterno candidato simulando discursos de mano dura, a un excorista tratando de saltar del cartón de la impostura; a unos viejitos gagás repitiendo tácticas del pasado condenadas al fracaso y a un redil de ingenuos cometiendo excentricidades sin pudor.
El resultado es esta oclocracia, al decir de Rousseau, o democracia desnaturalizada por culpa de estrategias en buscade clics y likes que usurpan la voluntad general, con pretendido tono tragicómico… si al menos fueran ingeniosas.
por Mario Morales | Ago 21, 2025 | Actualidad, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Sería exageración decir que comenzó la campaña electoral en serio. Antes que programas y propuestas han comenzado a aparecer actos y performances para deleite de redes, desprograme de medios y ocasión para que casi todos los (pre) candidatos que no tienen nada que hacer en las (in)justas electorales gocen de sus quince minutos de mala fama y, como en realities de canto, confirmen nuestra inveterada vocación para el ridículo.
Sin sonrojo, los estrategas, expertos en inflar figuras como si estuviéramos en una feria de tube men, echan mano de puestas en escena imposibles para llamar la atención en esta sociedad sesgada y fraccionada en burbujas y clubes selectos como lo vino a comprobar, sin gracia, Daniel Quintero en el conciliábulo de la Andi.
O como lo vino a saber esa suerte de sky dancer en que se ha convertido Abelardo de la Espriella tocando a las puertas del pandemonium del Centro Democrático, al que no llegó a clasificar a pesar de su histrionismo corroncho, trasvestismo político, cosmética conversión religiosa y toda la silicona dialéctica para engatusar ingenuos.
O como lo dejan ver las muchas y repetidas bumper balls, esos otros inflables con que se revisten para chocar quienes crecieron creyendo que la vida es un ring y los demás, sparrings para poder hacer parte del club de la pelea que, como se sabe, se reservan tanto el derecho de agresión como de admisión.
O como quienes, expertos en micos, presentan proyectos electoreros, como ese del referendo para tumbar el proceso de paz con las Farc, con el que uno diría que sueña Uribe, si sus ojos brotados, tics y gestos no demostraran el insomnio, la peste que parece aquejarlo y cuyos dos síntomas protuberantes, según Gabo, son ausencia de sueño y pérdida de la memoria de lo que fueron sus oscuros gobiernos.
Eso sí, ellos parecen cumplir las reglas de entrada, presentes o en cuerpo ajeno, a ese otro selecto club de aspirantes a estar en el tarjetón, y que se resumen en perderle el miedo a la vergüenza, estar vacunado contra el ridículo o poseídos por el cinismo.
por Mario Morales | Ago 21, 2025 | Actualidad, Blog, Com. Política
Por Mario Morales
Sería exageración decir que comenzó la campaña electoral en serio. Antes que programas y propuestas han comenzado a aparecer actos y performances para deleite de redes, desprograme de medios y ocasión para que casi todos los (pre) candidatos que no tienen nada que hacer en las (in)justas electorales gocen de sus quince minutos de mala fama y, como en realities de canto, confirmen nuestra inveterada vocación para el ridículo.
Sin sonrojo, los estrategas, expertos en inflar figuras como si estuviéramos en una feria de tube men, echan mano de puestas en escena imposibles para llamar la atención en esta sociedad sesgada y fraccionada en burbujas y clubes selectos como lo vino a comprobar, sin gracia, Daniel Quintero en el conciliábulo de la Andi.
O como lo vino a saber esa suerte de sky dancer en que se ha convertido Abelardo de la Espriella tocando a las puertas del pandemonium del Centro Democrático, al que no llegó a clasificar a pesar de su histrionismo corroncho, trasvestismo político, cosmética conversión religiosa y toda la silicona dialéctica para engatusar ingenuos.
O como lo dejan ver las muchas y repetidas bumper balls, esos otros inflables con que se revisten para chocar quienes crecieron creyendo que la vida es un ring y los demás, sparrings para poder hacer parte del club de la pelea que, como se sabe, se reservan tanto el derecho de agresión como de admisión.
O como quienes, expertos en micos, presentan proyectos electoreros, como ese del referendo para tumbar el proceso de paz con las Farc, con el que uno diría que sueña Uribe, si sus ojos brotados, tics y gestos no demostraran el insomnio, la peste que parece aquejarlo y cuyos dos síntomas protuberantes, según Gabo, son ausencia de sueño y pérdida de la memoria de lo que fueron sus oscuros gobiernos.
Eso sí, ellos parecen cumplir las reglas de entrada, presentes o en cuerpo ajeno, a ese otro selecto club de aspirantes a estar en el tarjetón, y que se resumen en perderle el miedo a la vergüenza, estar vacunado contra el ridículo o poseídos por el cinismo