por Mario Morales | Ago 17, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales.
Sí, hay que afrontarlo. El problema no es decirle al país que votar negativamente el plebiscito es la puerta de regreso directo a la guerra (como efectivamente lo es), sino saberlo a decir para que no suene a amenaza en las mentes más susceptibles y en las mentiras estrambóticas del uribismo.
Pero esa prudencia, de modo y lugar, no puede afectar la claridad. Lo que no puede hacer el gobierno es callarlo ni entrar en el terreno fangoso de los eufemismos. Es más, hay que repetirlo hasta el cansancio, para que nadie se llame a engaños. (publica El Espectador)
Por eso es preferible la franqueza del expresidente Gaviria cuando dice que “la consecuencia de rechazar los acuerdos va a ser la guerra, así no la quieran”, al espíritu componedor de De la Calle, que hablaba, antes de volver a Cuba, de que “renegociar los puntos del acuerdo con las Farc, sería un error. Es mucho más que eso, es un imposible procedimental, es una patada al virtual acuerdo y es, para quienes lo invocan, un llamado a la guerra miserable tal y como la hemos conocido en estos 60 años.
En la mesa, tal como está planteado, no hay lugar para ese tipo de revisionismos. Y los voceros de las partes deberían ser enfáticos en recalcarlo. Como se ha dicho desde varios sectores, es preferible una paz imperfecta a una guerra estúpida y a la extensión de la violencia, responsables las dos de esta sociedad cultivada en el odio, en el egoísmo y en el encierro por culpa del miedo que nos ha obligado a desconfiar del otro, a pasar por encima de los demás, a legitimar las seguridades privadas, al uso indiscriminado de las armas, el justicierismo, la venganza y la devaluación del valor fundamental de la vida.
Es momento de las verdades por dolorosas que suenen. Eso sí, verdades sustentadas y comprobadas en este pasado cruel y real que sigue al acecho. No podrá ser amenaza lo que finalmente son profecías, dichas no como hechos ineludibles, sino para que no se cumplan.
por Mario Morales | Ago 11, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Ya estuvo bien de ruedas de prensa y comunicados. Estamos saturados de alocuciones y mensajitos de doble sentido en redes sociales para hablar del proceso de paz. El gobierno, voceros de la mesa y la guerrilla han de saber que la etapa discursiva ya está quemada y que es hora de pasar del verbo en estado de procuración, del “cada vez más cerca” (como repetía Santos antenoche), a relatos presenciales y audiovisuales del acuerdo. (Publica El Espectador).
No se va a poder socializar la agenda de la mesa a punta de correos electrónicos y planos repetitivos de TV, como ese de del comisionado Jaramillo y de De la Calle llegando con sus maletincitos a la sede de los diálogos.
No hay nada de pedagogía en ese desgastante plano medio de voceros hablando al otro lado de una mesa, allende los mares, fuera de nuestras fronteras.
Ver es comprender, decía Ramonet, y lo confirman las narrativas web. Y el gobierno está desaprovechando la posibilidad de involucrar a audiencias televisivas y digitales que, sumadas, cubren más del 95% de la población.
Pero que no sean narrativas a punta de discursitos mandados a hacer o de reacciones. Que los plenipotenciarios de la mesa se salgan de “los cinco estrellas” y vayan a mostrarles a las poblaciones, con las cámaras de testigos, las bondades de la paz, como debió suceder esta semana con la visita de las seis comisiones en sitios escogidos para la concentración de la guerrilla.
El régimen confidencial de comunicación de la mesa también ya cumplió su ciclo. Hay que abrir compuertas a los medios para que narren sin cortapisas lo que pasa en Cuba, las regiones y los campamentos guerrilleros, como sí lo ha hecho El País de España.
Déjennos ver lo que es ahora la vida en las antiguas zonas rojas, las carreteras apartadas sin retenes ilegales. Que no nos pidan imaginar más la paz, ¡muéstrenla hasta el cansancio! Ojalá guiados por un presidente en mangas de camisa, allá donde terminan los lujos y comienza el país que quiere reconciliarse.
por Mario Morales | Jun 7, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión, Uncategorized
Por Mario Morales. Si algo queda claro en estos 70 meses de gobierno de Santos es que ser hábil en política no es sinónimo de ser eficiente negociador. Contrasta la aplanadora de la Unidad Nacional, a la hora de los tejemanejes y aprobaciones, con la ya probada ineptitud —a veces fruto del desgreño o la soberbia— del Gobierno cuando se trata de procesos de toma de decisiones como los que están en el origen de los paros que se vinieron encima. (Publica El Espectador)
Hemos dicho hasta el cansancio que el talón de Aquiles de Santos es la comunicación y toda negociación es antes que nada un proceso de comunicación. A cambio de planeación estratégica lo que se percibe es displicencia, tardanza e improvisación en los asuntos que tienen que ver con la población.
Que una de las causas de la protesta de campesinos, indígenas y transportadores, más los que vienen, sea el incumplimiento, habla de carencias en seguimiento, ejecución, rendición de cuentas e interacción con las comunidades en crisis.
Cierto es que a la paquidermia institucional se suma un Gobierno rehén de sus apuestas y tiempos. Como también lo es que conocida su debilidad en el margen de maniobra, ha habido quienes quieren aprovecharse con fines desestabilizadores o con presiones rayanas en el chantaje.
Pero es un contrasentido por donde se mire. Ad portas de recurrir a las gentes para validar lo acordado en La Habana, el esfuerzo del Gobierno debería estar centrado en negociar sus solicitudes y en sintonizarse con sus anhelos, y no embarcado en peleas mediáticas para deslegitimar los movimientos sociales; peleas perdidas de antemano, sobre todo cuando se incremente el desabastecimiento de alimentos y vengan las alzas.
Eso sí, que no nos vengan después con el cuentazo de que la inflación, la disminución en el crecimiento económico y el desempleo son culpa de los fenómeno del Niño o la Niña.
Moraleja: Si algo ha logrado el uribismo es desconcentrar al Gobierno, desgastarlo y forzarlo a esos errores recurrentes.
por Mario Morales | Mar 2, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Desafortunada, por decir lo menos, fue la salida del MinVivienda para explicar el incremento de desempleo, poniendo, como ya es costumbre, el espejo retrovisor marca Petro. (Publica El Espectador)
Mientras economistas serios buscan las causas reales en la inflación, precio del dólar o fenómeno del niño, esa declaración oportunista de Henao muestra dos fenómenos muy en boga: Abortar toda competencia para las presidenciales de 2018 y buscar, como prescribe el canon de la propaganda política, un enemigo único.
Esa estrategia desde los tiempos del nacionalsocialismo, y retomada por el ya añorado Umberto Eco, acude a la simplificación mediante la individualización de aquello que se quiere presentar, desfigurado, como una amenaza latente, como un peligro del que nos tiene que librar un héroe o un líder.
Pues bien, sin a quien atacar, pues nadie se ha lanzado al agua, los miembros de Cambio Radical, apoyados por el alcalde Peñalosa -que bien endeudado se debe sentir con ellos-, se han encargado de resucitar a Petro para volver a lapidarlo.
Pero no son los únicos que andan escasos de contraparte. La ultraderecha percibe con pavor cómo se les deshace la guerrilla entre las manos, no obstante exabruptos como el de Conejo, Guajira, y no tienen más remedio que replicar como loros sin convicción el relato de un tal presidente Santos traidor. Si el gobierno no revira y Maduro sigue como va, se van a quedar hablando solos…
Lo mismo pasa con Donald Trump, empecinado en construir, a punta de miedo y zozobras, un adversario temible que le sirva como trampolín para proyectarse como salvador. Su narrativa ha funcionado en el subconsciente estadounidense y todavía tiene mucho que decir.
Más que a la polarización, esas tendencias de frenar rivales y fabricar enemigos están llevando al país a la sectarización fragmentada, que se profundizará si se firma la paz, pues sin guerrilla a quien echarle la culpa de todo, cualquiera puede llegar a ser cabeza de turco.
por Mario Morales | Feb 26, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por: Mario Morales
Dice el Gobierno que no hay crisis económica, y sí que la hay con riesgo de efecto dominó, y que hay crisis en la mesa de La Habana y no parece.Para hablar de los nubarrones económicos utiliza un tonito dulzarrón y recorta, como quien no quiere la cosa, $6 billones del presupuesto, prometiendo lo que no va a cumplir, que no habrá masacre laboral ni afectación de lo social. (Por Mario Morales)
Pues la tal crisis ya se siente en los bolsillos del ciudadano, en las plazas de mercado, en los supermercados y en los salarios de los pobres empleados que no han visto aumento este año a pesar de la inflación y la escalada alcista.
En cambio para referirse a La Habana el presidente habla durito para hacer creer que tiene la sartén por el mango aunque todos sepan que no es así, sobre todo ahora que falta un mes para cumplir el tan mentado plazo que el Gobierno utilizó para meter presión, pero que ahora se le devuelve como un bumerán.
El Gobierno habla de cuatro temas cruciales faltantes, amén de los 42 pendientes que recuerda la insurgencia, que no se pueden despachar así, tan alegremente y en tan corto plazo, sin mirar todos los alcances y entrever todas las implicaciones como acaba de pasar en La Guajira con la pedagogía de la guerrilla a sus tropas.
Mientras tanto el Gobierno comenzó flojo su labor comunicativa a favor del plebiscito; critica las conversaciones polarizadas de los medios, pero se contradice cazando peleas o ripostando a los opositores.
Parece más preocupado por las etiquetas y los poderes milagrosos de las redes sociales para su “conversación más grande del mundo”, que por diseñar una estrategia que le permita, como con el storytelling, construir relatos duraderos e historias convincentes.
Por eso, se percibe más como politiquería tanto su eventual nuevo gabinete como la alianza por la paz de los partidos que le apuestan, sin sonrojarse y en medios de peleas intestinas, tanto a formar parte de este Gobierno como del próximo. Aprendieron la lección.
por Mario Morales | Feb 10, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Se puede entender que las Farc insistan en la constituyente que refrende lo que se pacte en La Habana como una línea argumental potente para poner en tensión lo acordado hasta ahora con el Gobierno. Pero sería incomprensible que lo convirtieran en inamovible. Tercas son, pero no tontas. Saben que los modos y tiempos no dan, y aplazar la refrendación pone en riesgo todo el libreto. (Publica El Espectador)
¿Qué buscan? O tener margen en la negociación de los muchos pendientes, o inducir una constituyente a posteriori, entendiendo que, como se propuso aquí hace dos semanas y se discute en diversos ámbitos, plebiscito y constituyente no son incompatibles sino complementarios.
En todo caso, el presidente Santos debe saber, con su proverbial cálculo, que ganar el plebiscito le daría la llave del Nobel, pero el reacomodo institucional con un nuevo pacto social le abre las puertas de la historia.
Si Santos mira más allá de junio en Colombia y de octubre en Oslo, entenderá que actualizar (que no refundar) y reestructurar (que no demoler) los ya vetustos acuerdos constitucionales vigentes le permitiría al país soñar con solidez política, dignidad judicial, eficiencia en control estatal, pero, sobre todo, con disminuir la desigualdad que está en la genealogía de todos nuestros males…
Y cimentar los acuerdos de La Habana para que no se queden en disminución transitoria de acciones visibles de guerra. Porque no faltan los miopes que quieran enarbolar banderas desuetas, como el Eln, convertido de súbito en machito de esquina, desconociendo que ahora el país, que ha probado las mieles de la tregua, es más sensible y menos tolerante a actos violentos.
La obcecación de las Farc con el referendo —a menos que sea jugada táctica— y del Eln con sus ínfulas tardías —así sean fuegos de artificio como en Casanare— dejarían a todos haciendo cuentas como la lechera.
No es hora de bravuconadas de ninguna de las partes. Y que el Gobierno, con mano firme, no pierda la compostura con trinitos pendencieros. Templanza…