Por: Mario Morales
No es casual la coincidencia del fracaso de la selección Sub-20 en el Mundial y la violencia de género encarnada en ‘Bolillo’ Gómez. (Publica El Espectador)
Corresponden al mismo estilo de patrón de finca, a un estándar moral relativizado como dice Emilio Yunis, y a una estética insulsa en el plano futbolístico con la que nos han ‘cañado’ durante las dos últimas décadas.
Reflejo de un estilo de hacer política, el manejo del fútbol ha adaptado sus estrategias: El chantaje emocional, la victimización general para neutralizar el activismo ciudadano y la táctica de choque de poner la cara.
No se repone el país de la amenaza de hecatombe para eternizar a un gobernante, para que nos arrinconen con el argumento falaz de que si no es con ‘Bolillo’ estamos condenados a la eliminación en el mundial de mayores. Se sustenta con otra estulticia rayana en el cinismo: Que el mal individual, el de la mujer violentada, no debe estar por encima del mal general traducido en una derrota deportiva.
Así de absurda es la descalificación de toda crítica que hace el dirigente Álvaro González, porque, según él, proviene de falsos moralistas que además tienen rabo de paja. Untados todos nadie podría tirar la primera piedra.
Y se pretende cerrar el debate, como en los pasados ocho años, con el argumento pueril, pero funcional, de dar la cara. Como si ese acto de seudovalentía borrara el pecado.
Ya corren los defensores de turno a decir que no hay nada que hacer, que el gobierno no puede intervenir porque la Fifa desafilia a la Fedefútbol, que no se puede abortar el “proceso”. Con ese cuento se quedaron Lara, Maturana y tantos otros, que sin jugar a nada, sólo nos han legado frustraciones.
Hay que vencer el determinismo y aprovechar que el fútbol es la única actividad donde son sensibles y se hacen visibles nuestras desgracias y nuestros horrores para sacudirnos de ese estilo desvergonzado y amenazante. Se puede, si cada una de las instancias interesadas, comenzado por la afición que fue de nuevo traicionada, decide meter baza.
Se puede, claro, si no queremos eternizarnos en el terreno del miedo y la derrota. Que se vayan técnicos y quienes los sostienen. También en el fútbol sobreviviremos.
