por Mario Morales | Feb 18, 2026 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
A este paso los seguidores de Abelardo de la Espriella van a necesitar casi que una consulta interna para definir cuál de las versiones que hoy circulan del candidato, se acomoda más con sus expectativas.
Han sido tantas y tan diversas las transformaciones del personaje que casi hay que leerlo con pie de página. Y son tanto los condicionantes que él mismo pone para interpretar lo que ha dicho o hecho que su campaña está signada por el efecto cebolla, si se tienen en cuenta cada una de las capas de significados, que algunos ven como insignificantes y que no hablan de habilidad camaleónica, sino de las múltiples contradicciones que tienen en ascuas a sus prosélitos que ya no sabe qué creer.
Parte de sus antecedentes han sido contados con weasel words o palabras comadreja, asociadas a la ambigüedad, la vaguedad o estrategias evasivas que, no obstante, no logran llenar los numerosos vacíos entre su concepción de la ética, su apropiación de la estética y sus redundantes aseveraciones políticas que, y no precisamente por concretas, cabrían en un tuit.
Muestra de su escasa acrobacia, además poco original, ha sido la manera como se acomodó sin ruborizarse al incremento del salario mínimo con la misma promesa golondrina de sus colegas a rebajar impuestos. Un globo que no pudo afinar con su melodiosa voz en medio de su desconcierto.
Esos movimientos de cintura que le aplauden sus áulicos son, a esta altura, la mayor flaqueza de su plataforma estilizada. Y la soberbia construida a coro con el inflamil de encuestas polémicas, casas de apuestas y frases relamidas es talvez el mayor factor de desconfianza entre la derecha, el uribismo, los cristianos de veras, los animalistas de conciencia y los cultores de la ética que comenzaron creyendo que estaban frente a un candidato de personalidad múltiple y hoy, sin más poder que el que dice tener, lo ven inubicable en el espectro, hasta el punto que ya cerca de la primera vuelta, y a falta de señas particulares concretas, es posible dudar de su existencia real.
por Mario Morales | Feb 11, 2026 | Actualidad, Blog, Opinión
Por Mario Morales
Nada que hacer. Se cumplió la profecía. Sin darnos cuenta pasamos de la tal polarización a la sectarización, ese fanatismo del cual ya no hay regreso, no solo ya desde la perspectiva política, sino hasta en aquello que teníamos como más noble y más nuestro.
El resultado es esta sociedad, si aún se puede llamar así, dividida y enfrentada hasta el delirio, en la que ya no es posible compartir un chat, un credo, un programa de humor o una transmisión deportiva.
Ya la alarma la había dado los grupos de conversación digital de amigos, e incluso de familias, en los que la política es un tema vedado. Se había extendido a programas y medios periodísticos que se siguen construyendo sobre nichos y preferencias empresariales y no para audiencias abiertas.
El virus de la ideologización se extendió de tal manera que ya no es posible reírnos todos del mismo chiste si el humorista deja ver, y menos si instrumentaliza su actividad para hacer proselitismo, su preferencia política, hasta llegar a los terrenos de la cancelación. Se confunden el rol social con inclinación política entre algunos de quienes proveían el sagrado derecho al entretenimiento, pero también entre audiencias que los siguen por afinidad en las ideas antes que por carisma o idoneidad.
La peste toca ahora transmisiones y programas deportivos cuyos seguidores comienzan a filtrar antes que experiencia o conocimiento en la materia, coincidencia ideológica para aprobar o descalificar proyectos mediáticos como el cubrimiento del Mundial de Fútbol.
Protagonistas y audiencias no hemos sabido separar la función social y preferencias políticas en la medida en que todos nos sentimos influenciadores, pero además policías del pensamiento ajeno sin mirar la viga en el ojo propio.
Y si algunas iglesias insisten en vincular creencias, fe y dogmatismos terrenales con alianzas e incluso intereses particulares de algunos de sus líderes, pocos rescoldos le quedarán al ser humano para compartir con su especie. Se nos fue la mano en la reinvención. Nos dijeron que volvíamos a la aldea, pero estamos próximos a habitar las cavernas
por Mario Morales | Feb 4, 2026 | Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
No hemos entendido que el mundo cambió si seguimos pensando que la forma está supeditada al fondo o, aún peor, que este último es más importante. Fallar en la forma no solo desvirtúa el “qué”, sino que suscita emociones que, a su vez, moldean imaginarios. De ahí a los mitos sociales hay un solo paso, como decía Barthes.
Por eso en el periodismo y en la política es inexcusable perder las formas en aras de privilegiar el fondo. En el primero se traduce en pérdida de la neutralidad emocional, leída como parcialidad o agresividad, como viene sucediendo en el maltratado género de la entrevista, sobre todo en espacios radiales.
En la política el uso inadecuado o descuidado de la forma construye representaciones difíciles de revertir, más aún si el primer argumento es descalificarla como banal. Ese fantasma lo enfrenta la campaña de De la Espriella por el tono cínico, displicente, contradictorio o vindicativo de su candidato cuando se refirió a animales, creencias religiosas o investigaciones periodísticas sobre su pasado laboral o comercial.
Vargas Lleras no se recuperará del coscorrón; tampoco lo harán la Cabal, Paloma y Holguín de su gritería, así fuera estratégica, más cercana en la percepción a la neurosis que a la firmeza. Imposible disociar la imagen de Vicky insultando a un colega.
Peñalosa no se pudo bajar de sus formas de decir soberbias ni Roy de la sinuosidad de sus expresiones que lo han dibujado en su devenir político.
La falta de energía y la sensación de cansancio de la acción política no abandonan a Fajardo, a pesar de sus recientes esfuerzos, justo es reconocerlo.
Un breve repaso sobre la percepción de Cepeda, aún a disgusto entre sus contradictores, lo define en sus formas como vertical, transparente, ponderado o reflexivo.
Se equivoca la comunicación política si no está alineada con lo formal que también produce significado. En esta feria de disfraces, performances y expresiones religiosas desangeladas se evidencia no solo la incoherencia de los candidatos sino la desconexión de los estrategas con el contexto y su electorado. Esa platica también se perdió.
por Mario Morales | Ene 28, 2026 | Actualidad, Análisis, Blog, Opinión
No es suficiente con que transija y finalmente vaya a una consulta. Ese es un imperativo categórico en estas dinámicas del deterioro del ejercicio político. Pero es que se trata precisamente de comenzar por eso: de que el candidato Fajardo se reconozca con humildad, de la cual carece, pero que le enrostran las encuestas, los sondeos y la opinión pública.
No va a ser posible, por lo menos no en su caso, que, parafraseando a John F. Kennedy, crezca y se haga presidente sin convertirse mientras tanto en político. No puede insistir en saltarse ese paso de ser o comportarse como candidato, como una pretendida muestra de profilaxis. No puede seguir esperando que el mundo se adapte a él con esa aureola de cientificidad que para el ciudadano no pasa de dispersión y ausencia de compromiso.
Ya lo sabe. Hay que marcar límites, líneas rojas. Todos contaban con él y él no contaba con ninguno. No todo suma. El silencio y los sobreentendidos son arma de doble filo. Esa no es una estrategia. Aunque parece que lo suyo es no tener estrategia con la narrativa repetida de orbitar en torno a otros y no arriesgarse a construir su propio campo gravitacional.
Es el mismo de hace dos derrotas. No innovó. No se reconfiguró escondido tras esa asepsia que tanto tiene que ver con la brecha entre conocimiento y realidad. No ha cambiado su mirada sobre los electores que esperan ser seducidos y convencidos, de manera coherente, y tratados como copartidarios o incluso como alumnos, en el sentido literal de la expresión, es decir, como personas que necesitan alimento y no, en el sentido tergiversado del término, como individuos faltos de luz.
Quizás ya sea tarde, pero probadas, y ya fallidas, las tácticas del distanciamiento, le llegó la hora de hacer política, con el pretexto de no polarizar. Si quiere probar que puede cambiar el entorno que demuestre que se puede cambiar a sí mismo. El momento político requiere otro Fajardo o, por lo menos, otro centro, recio, definido y fortalecido, aún sin Fajardo
por Mario Morales | Ene 20, 2026 | Análisis, Blog, Lib. expresión, Libertad de Prensa, Opinión
A la preocupación de los periodistas por la estigmatización, violencia y censura –tres indicadores que se repiten año tras año–, en 2025, la prensa en Colombia y la de, por lo menos, la mitad de los países del mundo, vio sumarse el crecimiento desmesurado de otra amenaza que permanecía latente: la de la crisis de sostenibilidad de los medios. Esta ha puesto en vilo la independencia, como lo documenta el reciente informe de Reporteros sin Fronteras.
La situación económica de los medios –sujetos a cierre, fusiones, despidos masivos y disminución en la inversión en cubrimientos de calidad– tiene otros efectos como la presión de la pauta y la pauperización del oficio aún en países del primer mundo que han visto impactados el nivel salarial y las garantías laborales de los reporteros.
Es una nube más para el ejercicio de un oficio que aumenta en las calificaciones de riesgo y en los escalafones domésticos e internacionales en los que la mayoría retrocede o se mantiene igual, como Colombia que apenas mejoró 4 puestos y solo subió unas décimas en la puntuación de RSF del año pasado.
Horroriza lo que pasó con la prensa en Gaza que puso la mitad de los reporteros asesinados el año pasado. Y es más que grave la situación en México que contabiliza once crímenes desde la llegada del nuevo gobierno.
Se profundiza la crisis en Perú, con 4 periodistas muertos, y en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. El crimen organizado se pasea por todo el continente con su estela de luto, censura y miedo y, por supuesto, en Colombia, donde es el primer victimario, obligando al desplazamiento forzado o autocensura de los periodistas en las regiones y privando a la ciudadanía de oportuna información local y de proximidad. En por lo menos 260 municipios bajo el control de estos grupos es imposible adelantar labores periodísticas.
Según la Flip y la Ami, el cuadro dramático lo complementan la violencia digital, campañas de desprestigio y el acoso judicial, mordaza que pretender imponer un candidato presidencial que quiere cambiar su penumbroso pasado a punta de demandas. Se sigue abriendo la Caja de Pandora.
por Mario Morales | Ene 8, 2026 | Actualidad, Análisis, Blog, Opinión
Por Mario Morales
Perdimos. Con la intervención militar estadounidense fracasamos todos. De un solo manotazo se fue al piso la idea de civilización que habíamos cultivado como especie, especialmente la de los pueblos pobres de América Latina. En su lugar hoy se erige como norte y como método la barbarie en su más cruda representación, la peor de todas, la que no tiene límites, frenos ni prevenciones, ni siquiera del lenguaje, la diplomacia o las instancias que alguna vez prometían mediar en los conflictos y que ahora forman parte de la hojarasca que acompaña su desaparición.
Quizás haya sido mejor así, de manera chapucera, sin falsas retóricas, sin hipocresía en los relatos de poder más interesados en esconder que en mostrar, a ver si de una vez entendemos de qué estamos hechos, como en las increíbles manifestaciones de apoyo a esta implosión de la raza humana. ¡Celebramos nuestra desaparición!
“La desilusión -decía Walter Lippman hace seis décadas- es que todas las guerras que luchamos son para acabar la guerra”. La frustración es que todas las guerras de hoy son para mantener la misma guerra, el patrón de comportamiento que nos expone como animales salvajes, si somos, como parece, capaces de aceptarla y hasta celebrarla.
Talvez parezca excesivo el precio de este colapso de la civilización por la captura de una pareja caricaturesca de dictadores plataneros, por unos miles más de barriles de petróleo o por satisfacer vanidades enfermizas de quien están ebrios de poder, pero si aceptamos este suicidio cultural, va a ser difícil volver a hablar de tratados, convenios y organismos multilaterales, si no es como parte de la farsa.
Pobre Venezuela y pobre América latina, las mismas de siglo diecinueve que describió Rómulo Gallegos, escritor y presidente depuesto en medio de las mismas ambiciones que hoy afloran, en las que los pueblos, en cuyo nombre se comenten tantos crímenes no aparecen más que como pretexto o complemento indirecto. Debe haberse incrementado el canto de los chaures, esa suerte de lechuza en las llanuras venezolanas que anuncia cuando algo va morir. Morimos un poco todos.