Son dos cosas distintas. Una, que Iván Márquez y el Paisa tienen razón en el fondo, y no tanto en la forma, en el fuerte reclamo al Gobierno por el incumplimiento olímpico de los compromisos que dejó el proceso de paz; y otra, que ellos dos deben cumplir con la JEP no solo para mantenerse en el proceso, sino para que sus exigencias sean legítimas. (Publica E

l Espectador)

Es cierto que la inseguridad jurídica es una espada de Damocles que pende no tanto sobre los excombatientes rasos, pero sí sobre los jefes de la FARC, que perciben que en cualquier momento pueden cambiar sus condiciones de reintegro a la sociedad.

Es verdad que si antes del plebiscito el texto no era digerible, mucho menos después de las cirugías, reformas y maquillajes que ha tenido a lo largo de estos casi dos años.

Pero quizás el problema más grande ha sido el inveterado incumplimiento de las instituciones, en todos los órdenes, del acuerdo firmado, como le consta a cualquiera que haya dejado la comodidad del escritorio y haya palpado el descontento en las regiones. El de las circunscripciones territoriales es la más flagrante de las promesas fallidas.

Que centenares de excombatientes hayan sido forzados a abandonar los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, bien por la falta de oportunidades económicas o por el accionar de grupos armados ilegales, habla de ineptitud, abandono o mala leche del Estado. O las tres juntas.

Por eso resulta risible, si no tocara asuntos tan graves, la respuesta del alto comisionado para la Paz, mientras acusa a la FARC de poner el retrovisor, de que el incumplimiento es del pasado gobierno. Él y el resto del círculo del presidente Duque pretenden ignorar que esa es su responsabilidad desde que ganaron las elecciones.

Tranquiliza que los organismos del Estado digan que saben dónde están Márquez y el Paisa y que no tienen contacto con las mal llamadas disidencias. Pero esos reclamos, independientemente del tonito, no tendrían óbice si los dos líderes que critican el desarrollo del proceso estuvieran al día con él.

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