No se amargue, lo malo ya pasó. Según el horóscopo chino entramos por fin en el Año del Cerdo, pleno de fertilidad y buena fortuna. Atrás quedaron la polarización y la peleadera insulsa.

Mire, no más: si cree que somos muchos, vaya a la web del DANE; arriba ofrece una versión con base en el dinámico censo electoral: seremos si acaso 46 millones, contando a quienes no estaban, se hicieron negar o andaban de parranda, que sumados son 1,3 millones. ¡El país se está desocupando!

Si cree que estamos en éxodo, bajó la natalidad y estamos envejeciendo, el mismo DANE, en otra parte, insiste en que somos 49,3 millones, para ser exactos, si ese adjetivo cabe en estas épocas de tolerancia. ¡Crecemos!

Lo mismo pasa con el presupuesto. Si es demasiado exigente, agréguele el adjetivo “faltante”, o reemplácelo por el sustantivo “hueco”; pero si es positivista, haga lo mismo con los vocablos “inversión” y “necesaria”.

Si quiere ser optimista distribuya los $259 billones de presupuesto entre esos 46 millones de habitantes; si es pesimista, haga lo mismo con los impuestos que nos corresponden para poder cubrirlo; pero si no está de acuerdo con nadie, siga la cuenta del ministro Carrasquilla.

El mismo ejercicio aplica para muertes violentas, ya sea según la Policía o Medicina Legal; para los indicadores de violencia contra mujeres y niños según el Gobierno o según veedurías internacionales; para investigaciones de corrupción tipo Odebrecht, según la Fiscalía, los medios o la misma Medicina Legal; o para la expansión o disminución de cultivos ilícitos, desmovilizados o bacrim.

Este año no tenemos que estar de acuerdo, como no lo están Duque, Uribe, el otro yo de Uribe, el Centro Democrático, la oposición del CD o a la oposición a la oposición del CD.

Dice el horóscopo chino que tenderemos a ser más felices y honrados. ¿Se imaginan? ¡Más honrados! No todo tenía que ser una marranada. Los buenos volveremos a ser más. O menos… dese gusto.

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