Por Mario Morales

Hasta el momento, el gobierno Duque la había tenido relativamente fácil a la hora de tomar decisiones. Anunciar medidas a manera de globo de ensayo y luego echarse para atrás como sucedió con la reforma tributaria o el plan de Desarrollo, ha tenido un costo en favorabilidad que luego pudo corregir. O reaccionar como lo hizo frente al criminal atentado de la Escuela General Santander o anta la dictadura en Venezuela, en lo atinente a su cacareado “cerco diplomático”, recogía el sentir mayoritario de la opinión pública y del país político. (Publica el Espectador)

En ambos casos le ayuda la falta de un plazo perentorio frente a eventualidades que se juegan en la amenaza verbal, antes que en acciones inminentes, como desconocer los protocolos con el ELN o jugar a la ambigüedad sobre la venida de cinco mil soldados estadounidenses, como quedó expuesto en la entrevista (o perfil) con la Voz de América.

Dilatar o esquivar sirven para bajar la temperatura a la agenda, alinearse con las corrientes de opinión o para navegar en las aguas de la incertidumbre.

Pero la urgencia de la sanción presidencial de la ley estatuaria de la JEP, cuyos plazos corren, lo tienen contra las cuerdas, azuzado por voces estridentes o marrullerías del Centro Democrático, el tonito mandón de los trinos de Uribe y los comunicados a tres bandas del Fiscal General. Ya no podrá seguir jugando al gato y al ratón.

Pero más allá de si, como se ha dicho, seguirá siendo obediente frente al furibismo, la respuesta de Duque lo pone de frente con la historia.

No se trata de una decisión para ambientar la galería; es la diferencia entre el pasado y el futuro del país. Entre el pantano de las componendas y las conveniencias de quienes se alimentan de la confrontación y la incertidumbre, y una normativa que cobija a quince mil colombianos, entre exintegrantes de las Farc, agentes del Estado y civiles, pero que se extiende a la convivencia del resto de connacionales.

Se trata de doblar la página o regodearnos en el odio y la venganza del siglo pasado.

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