Por: Mario Morales
No es culpa de la abuela que «tele-vive” todas las noches en su sillón, desde el Minuto de Dios hasta que se despierta (para irse a dormir) con el Boletín del consumidor. (Publica El Espectador)
Sin atisbo de demencia, no es posible convencer a esta matrona venerable de que el presidente Santos no es el nuevo antagonista de la miniserie Confidencial del Canal Caracol o de que Ernesto Benjumea no es ahora oficial de la reserva del Ejército Nacional.
El traslapo entre el cubrimiento de la liberación de seis de los secuestrados en poder de las Farc y la recreación, con óptimo nivel dramatúrgico, de hechos similares del pasado reciente lleva, en continuidad narrativa, a la audiencia a sentirse en una cinta de Moebius, entendida como unión de elementos que en apariencia se excluyen, ficción y realidad, pero dan lugar a un nuevo relato tanto o más verosímil.
Claro, al comparar documentalismo periodístico y dramaturgia, pierde el primero que se quedó en registro y reiteración sin emoción (recepción, sancocho y epítetos de extremistas de derecha). Pero al tele-vivirlas enfranjadas resultan complementarias por el contexto y humanismo que brinda un libreto distanciado de la pornomiseria de algunos seudocronistas.
Son puestas en escena, que el presidente Santos llama show mediático, con actuaciones planeadas (y cínicas) como la de la guerrilla, o subrepticias como las del gobierno, impostando el rol amenazante (que ya es escuela) para construir el verosímil de autoridad. ¿O acaso Santos era el único que no sabía el libreto encasillado de la guerrilla que no encontró otra manera de narrarse? ¿O prende una vela a Dios y otra al diablo para calibrar la opinión pública?
¿O no hay sobreactuación en algunos sectores que se erizan con estas telehistorias sentimentales, prefieren las de acción y piden que no haya liberaciones sino rescates?
¿O no son líneas argumentales secundarias esas del peso o corbata de los liberados?
Cumplen su función en lo mediático y lo político, que subsisten en sus relatos gracias al suspenso, el ocultamiento y la reiteración, sin que las audiencias, incluida la abuela, presientan desenlace a la vista en el mundo real. Cosas del rating.
