Por: Mario Morales
«Perfección en los medios y confusión en los fines». Esa frase, atribuida a Einstein, parece guiar al profesor Mockus. Pocos como él se han atrevido a desnudar en público sus dudas, sus vacilaciones y sus dilemas. «Humano, demasiado humano», habría que decirle, con todas las interpretaciones, para citar a Nietzsche. (Publica el Espectador)
Ya despojado de los maquillajes y afeites que los desfiguraron en la pasada contienda electoral, Antanas ha vuelto a hacer gala de su autenticidad, rayana en lo excéntrico que tanto cuestiona a los colombianos en todos los ámbitos.

Es un personaje incómodo para la estética de apariencia que se tomó por asalto la escena política, saturada de libretos, telepronter y frases hechas. Pero también ha tocado la esencia misma del debate público al trasladar las plataformas y las ideas al marco referencial de la ética y la dignidad en la política. Una propuesta tentadora: antes que las ideas, los valores.

En ese terreno, los políticos tradicionales se quedan sin argumentos. Le salen al paso, contraatacando: “¿Acaso él es el único honesto?”. La respuesta la va dando el paso de los días.

Su metamorfosis arrancó desde el día en que amaneció convertido en un insecto (un grillo perspicaz), prosiguió con su eventual rol de Sancho Panza (haciendo ver como burros a sus contradictores), pero sin perder el halo de profesor, mote con el que quiso desprestigiarlo Santos en la campaña electoral.

A diferencia de lo que dice Fajardo, el molino de viento de la elección en Bogotá, ha permitido vislumbrar el más fuerte fenómeno político de los últimos años en esta época de personalismos y populismos, en medio del estruendoso fracaso de los partidos en la construcción del objetivo primordial de la política, al decir de Hannah Arendt: la construcción de lo público.

Yendo contracorriente, vacilando, discutiendo, bajándose los pantalones o haciendo mutis por el foro, la simbología de Mockus no sólo lo ha convertido en conciencia social y marco ético de referencia, sino que viene construyendo un movimiento contestatario sin precedentes que hace soñar que la política sea otra cosa más que ese desprestigio de dos milenios. Así él mismo no sepa cómo.

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